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Soledad Morillo Belloso: Adoloridos

  Hay muchas cosas que no sabemos. No porque falte atención, ni porque la mente se…

Soledad Morillo Belloso: La “nueva” Caracas, un cuento que empieza bajito

  La ciudad está cambiando. Puedo sentirlo hasta en la piel. No es un anuncio ni…

Soledad Morillo Belloso: Vuelta a la democracia en venezuela

  Volver a la democracia es como volver a llenar los pulmones después de un buen…

Soledad Morillo Belloso: También hay que escuchar a Ricardo Hausmann

  Un país que busca futuro no puede darse el lujo de ignorar las advertencias que…

Soledad Morillo Belloso: Una foto en la madrugada

  A veces, una foto muestra lo que parece, no lo que es. Es un relámpago…

Soledad Morillo Belloso: Sobre papel mojado

  La política —esa actriz veterana que nunca se jubila, que cambia de máscara pero no…

Soledad Morillo Belloso: Una nueva Asamblea Nacional para Venezuela

  Elegir una nueva Asamblea Nacional no es un trámite ni un gesto simbólico: es el…

Soledad Morillo Belloso: Y las campanas volverán a doblar

  Las campanas en Venezuela dejaron de sonar no por falta de metal, sino por la…

Soledad Morillo Belloso: La Venezuela que podrán vivir los nietos

  La Venezuela que vivirán los nietos —los que ya nacieron y los que están por…

Soledad Morillo Belloso: Irse o quedarse

  No critico a los que se han ido. No puedo. Cada quien carga su propio…

Soledad Morillo Belloso: Lo que no se ha dicho de Brigitte Bardot

  Brigitte Bardot fue, durante un tiempo, el sol que enceguecía a Francia. Una luz tan…

Soledad Morillo Belloso: El Día de los Inocentes

  Aquí el Día de los Inocentes es como anunciar “hoy sí funciona el portón eléctrico”…

Soledad Morillo Belloso: El ADN venezolano

  El ADN venezolano no se descubre en un laboratorio: se oye, se huele, se saborea,…

Soledad Morillo Belloso: Chao 2025, hola 2026

  A veces una despedida no cierra nada, sino que deja la puerta entreabierta, como esas…

Soledad Morillo Belloso: La hallaca, Venezuela envuelta en hojas

  La hallaca no habla: Besa. No articula palabras: exhala. Ese vapor que se escapa cuando…

Soledad Morillo Belloso: María Corina Machado y “Benezuela”

  En el habla venezolana nació hace tiempo una palabra que empezó como chiste y terminó…

Soledad Morillo Belloso: El efecto mágico de Clara Vegas

  Una Miss Venezuela que no está impuesta por el poder es un relámpago que irrumpe…

Soledad Morillo Belloso: El aguaito se conversa

  Anaïs tenía la costumbre de despertar antes que el sol, como si quisiera ganarle la…

Soledad Morillo Belloso: El amor sabe a chocolate

  La torta de Clementina no era un simple dulce: era un rito que comenzaba con…

Soledad Morillo Belloso: Esto cura el corazón herido

  El asado negro de Gertrudis no era comida: era estribillo mágico. Lo preparaba como quien…

Soledad Morillo Belloso: ¿Te sirvo una arepita?

  (De la serie Cuentos de fogones). María despertaba antes que el sol, cuando el cielo…

Soledad Morillo Belloso: Milcolores, el camaleón que temblaba

  En Pampatar, las tardes huelen a salitre y a mango maduro. Allí vivía un camaleón…

La maleta amarilla, por Soledad Morillo Belloso

    Volver, Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos Van marcando…

Soledad Morillo Belloso: Esto lo escribió Manuela

  En la esquina de la calle El Sol, justo donde el viento se arremolina con…

Soledad Morillo Belloso: Una buena cena acaba con todo lo malo

  Encarnación decía —y lo decía con la certeza de quien ha vivido más de una…

Soledad Morillo Belloso: Un ratón piadoso

  En la iglesia de Pampatar, donde las paredes sudan secretos como si fueran cofres de…

Soledad Morillo Belloso: Juan del Val, el escritor que saluda al zapatero

  Yo no conozco a Juan del Val. O sí. Porque a los escritores se les…

Soledad Morillo Belloso: El sentido de la vida

  Imagínate que esto no es un texto, sino una conversación sin hora de cierre. La…

Soledad Morillo Belloso: Nota para quienes insultan

  El insulto es violencia. Eso ya lo sabemos. No hay que hacerle un simposio. Pero…

Soledad Morillo Belloso: Compasión en terapia intensiva

  Hubo una vez un país que se desbordó. No por conquista, sino por herida. No…

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