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Soledad Morillo Belloso: Nota para quienes insultan

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El insulto es violencia. Eso ya lo sabemos. No hay que hacerle un simposio. Pero hay insultos que, además de violentos, son analfabetas. Y eso, francamente, ya es mucho pedirle al hígado, al oído y al alma. Porque si alguien va a ofender, al menos que lo haga con sujeto, verbo y predicado. Que la grosería venga bien acentuada, con tilde en su lugar y coma donde respire el odio. Que el improperio tenga coherencia, cohesión y, si se puede, un poquito de estilo. Un mínimo de dignidad gramatical.

Pero no. Lo que abunda es el insulto desnutrido, mal escrito, con ortografía en huelga y gramática en cuidados intensivos. Gente que lanza “imbécil” con “v”, “estúpido” sin tilde, e “ignorante” con una sintaxis que da pena ajena. Y uno, que ya tiene suficiente con la agresión, tiene que tragarse también el atropello lingüístico. Es como recibir una bofetada con un diccionario mal fotocopiado, mojado y arrugado.

¿Tan difícil es insultar con elegancia? ¿Con un mínimo de respeto por el idioma que usan para escupir? Porque si van a agredir, que sea con estilo. Que el insulto tenga ritmo, que se pueda declamar, que se entienda sin necesidad de un traductor de vulgarismos y barbaridades. Que uno diga: “Me ofendió, sí, pero qué bien escrito estaba ese agravio. Qué puntuación tan precisa. Qué tilde tan bien puesta sobre la ‘a’ de ‘ácrata’. Qué coma tan certera antes del ‘pero’.”

Y no, no estamos promoviendo la violencia verbal. No nos malinterpreten. Lo que pedimos —con humildad y un poquito de desesperación— es que, si van a incurrir en ella, al menos no arrastren al idioma en su caída. Que no conviertan la lengua en víctima colateral. Que no le hagan eso al castellano, que bastante ha aguantado ya: dictaduras, reguetón, subtítulos mal traducidos y ahora esto.

Así que, por favor, antes de insultar, revise el diccionario. Consulte la RAE. Pídale a su abuela que le corrija el texto. O a su maestra jubilada. Porque el insulto mal escrito no hiere: hace reír. Y, paradójicamente, el agravio que provoca carcajadas es autogol.

Soledadmorillobelloso@gmail.com

 

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