La ciudad está cambiando. Puedo sentirlo hasta en la piel.
No es un anuncio ni un gran gesto. Es algo más sutil, como cuando el aire de repente huele distinto y uno no sabe explicar por qué, pero lo sabe. Caracas se mueve de otra manera, más bajito, más suave, más tripona, como si estuviera probando un ritmo nuevo después de años de andar a los golpes.
Lo noto caminando por el centro. Ese corazón siempre acelerado respira con un poquito más de calma. La gente camina sin ese apuro de “sálvese quien pueda” y con la sonrisa a flor de piel. Las miradas ya no vienen afiladas. Nadie carga encima el uniforme visible o invisible de un bando. La desconfianza —esa sombra que se pegaba a los tobillos— parece quedarse atrás, aunque sea de a poquito y con pasos chiquitos.
Y entonces ocurre lo más simple y lo más poderoso: hablo con la gente como gente. Un vendedor comenta el fresco de la brisa de febrero. Una señora pregunta por una dirección sin miedo. Un chamo ofrece ayuda sin medir ideologías. Son escenas pequeñas, pero se sienten como una grieta por donde entra luz.
Caracas, que tantas veces parecía un campo minado emocional, ensaya una tregua consigo misma. No una tregua de discursos ni de acuerdos. Una tregua de esquina, de cola, de semáforo. Una tregua que nace bajito, como cuando dos personas cansadas de pelear deciden, sin decirlo, que hoy no se lanzan más platos.
Quizás esta “nueva” Caracas no sea nueva del todo. Quizás siempre estuvo allí, escondida bajo el ruido y el cansancio. Pero ahora asoma la cabeza, tímida, como un amanecer que se estira después de una noche larga.
El cambio es de a poco. Pero está pasando.
Está en la forma en que nos miramos sin levantar escudos. En cómo las calles recuerdan, por momentos, que fueron hechas para encontrarnos y no para escondernos. En ese gesto simple —pero gigante— de dejar de ver al otro como enemigo.
Y así empiezan los cambios de verdad: no con un grito, sino con un susurro que, sin darnos cuenta, se va volviendo voz.
Ahora nos toca ponerla bella, otra vez.
Soledadmorillobelloso@gmail.com – @solmorillob

