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Rafael del Naranco: El árbol de la vereda

  Del árbol decapitado por el hacha, quedó  el muñón desnudo y, aún así,  lo seguimos mirando como si estuviera vivaz y erguido. Todos los días, al salir al balcón, si extendía la mano, tocaba sus hojas. Algunas noches dialogábamos, y así  supe su pasión por el tango y los candentes arrullos con el gañán viento del norte. Una amanecida le hablé de Jorge Luis Borges y sentí su madera  carcomida por

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Rafael del Naranco: El decálogo vivencial

  En esta época modernísima, la esencia de los Diez Mandamientos o Decálogo, tienen presencia viva. O eso creemos. Son, todo el conjunto de esas frases, un camino moral para toda comunidad que tenga el deseo de vivir, en lo posible, rodeado de un orden moral. Se podría analizar desde todas las perspectivas  y se llegaría a una conclusión: sin  esas 10 de palabras sencillas, no sentiríamos de la forma vivencial en

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Rafael del Naranco: Los dioses odian las ciudades

  Al trazar las líneas fuliginosas de las letras de hoy, nos viene a la memoria los argumentos de dos escritores que sin haber abandonado prácticamente su zona del barrio - uno,  las calles de Alejandría, y el otro los callejones del viejo Cairo - nos han ofrecido una obra literaria que ha traspasado las fronteras de la conmoción individual,  a conciencia de una sencilla prosa sorprendente sobre una realidad desalmada. Iniciemos 

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Rafael del Naranco: El infinito viajar

  En esta croniquilla de hoy nos ayuda uno de nuestros  escritores de cabecera,  el egipcio Naguib Mahfuz. Los otros más cercanos son Joseph Roth, Stefan Zweig, Claudio Magris, Rafael Chirbes,  Marguerite Yourcenar, George Steiner, Isaac Bashevis Singer, Lawrence Durrel,  Antonio Machado y, últimamente, para desbloquear la penuria humana,  Emmanuel Carrére. Recorrer la ciudad del Cairo con sus colores ocres, es caminar sobre el tiempo imaginativo. Pasar de una calle a otra

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Rafael del Naranco: Nuestros sueños más hermosos

  El tiempo, en esa hora  en que el sol se aletarga sobre el horizonte, era placentero. Una brisa suave, fresca, envuelta en salitre, movía las ramas del pino carrasco, en esta  tierra mediterránea  de pinares y palmitos. Regresaba  definitivamente desde la orilla efervescente y azulina del Caribe venezolano,  a la playa levantina de tantas pasiones – soñadas unas, enardecidas otras-    y era como si la esencia de lo que somos  ahora,

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Rafael del Naranco: Civilización o barbarie

  O salvamos el  progreso humanístico tal como lo conocemos – imperfecto y, aún así, con  sus raíces filosóficas, literarias, técnicas e históricas en su momento más esplendoroso -,  de lo contrario vamos a una hecatombe sanguinaria. Aquí ya  no hay otro concepto en un sector del planeta: civilización o barbarie, progreso o atraso, oscurantismo o fosforescencia del pensamiento. Y sobre el presente punto, el fundamentalismo islámico es la más clara representación pérfida

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Rafael del Naranco: La Roma que seduce

  Roma es una urbe construida de docenas de ciudades; cada barrio, vía, corso, domus, arco, ruina imperial, basílica, plaza, café o “ristorante”, es una en varias. Para ello es suficiente estar unas horas solamente en la estación Termini, donde llegan igual a  oleadas, gente de todos los rincones del planeta. La ciudad, sin duda alguna, se vuelve  la médula del planeta. Quién la visito y conoce, bien lo sabe. Voy caminando, nada

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Rafael del Naranco: Hablar de Jorge Luis Borges

  Lemos muy permanentemente al llamado “ciego de Rivadavia”, el escritor argentino más universal, el mismo que  deseaba sobrevivir en el “Poema  conjetural” y “El Golem”, el cual finaliza con fuerza telúrica: “¡Quién nos dirá las cosas que sentía Dios, al mirar a su rabino de Praga”. Jorge Luis Borges ha sido el gran precursor  del relato corto o la transgresión de la realidad en aspectos, que si no son humanos, los

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Rafael del Naranco: Quien lo probó,  lo sabe

  El reconocido guitarrista y compositor jamaicano,  Bob Marley, había dicho una frase certera que bien se recuerda:   “El amor que pudo morir no era amor”. Y aún así,  dentro de esa certidumbre, en tal inflamado sentimiento no existen reglan precisas, al ser presentado ciego y con alas. “Ciego,  decía don Jacinto Benavente, para no ver los obstáculos; con alas,  para salvarlos”. José Saramago escribió de tal pasión  sin hablar de ella. En

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Rafael del Naranco: Desgarrada Haití

  Es una metáfora docenas de veces repetida, pero de tanto usarla se hizo realidad, vivencia palpable, carne macerada que duele: Haití no es una isla a la vieja usanza, recubierta de  salitre, arena y conchas marinas, sino un viejo cascarón de proa abandonado a un costado del Caribe profundo, y adosado, como pariente pobre, a un promontorio levantado sobre tierra baldía. Desde siempre hemos sabido que esa tierra, al no disponer

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Rafael del Naranco: Flores rosadas y blancas

  Varias horas fueron necesarias para cazar  (por mediación de una cámara fotográfica) un león en el Parque Nacional de Tsavo, cortado en dos por la carretera entre Nairobi y Mombasa. La división se hizo por razones administrativas, pero las dos zonas son notablemente diferentes en su vegetación. Una seca y de matorral espinoso; la otra más variada, montañosa y con hermosas vistas, entre ellas la del esplendoroso Monte  Kilimanjaro, la montaña

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Rafael del Naranco: Tórrido verano español

  Una canícula atiborra España y sobre ella ha  llegado una ola de calor que cubre ya más de media Europa. Esa alta temperatura achicharra con lagrimones  de fuego, y en la mediterránea  levantina – en la que hacemos parada y fonda -  hemos encallado al socaire de un galerón sin proa, cuando la temperatura sobrepasa los 35 grados, no sopla el viento de poniente,  y al  termómetros lo llaman “ponentá”. Hace un

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Rafael del Naranco: Panecillos con chocolate

  Observo los libros que forman nuestra  biblioteca venida de Caracas a la orilla del Mediterráneo huyendo del mal vivir político,   y ahí, en sus hojarascas de papel, se halla activa  parte de una existencia bucólica y en cierta forma entrañable a pesar de las variadas contradicciones del coexistir Cada vademécum - ahora en fila desaliñada sobre las estanterías  recubiertas de  un efluvio humedecido de nostalgia - nos recuerda un intervalo preciso

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Rafael del Naranco: Sobre la propia vida

  Habiendo cruzado mí persona largamente el epicentro de la existencia y  comenzando a pesarle más el sentido  obligatorio - pero certero - del trance final, suelo leer con apego todo folleto sobre  la posibilidad de hacer frente a las enfermedades de la vejez. No se trata de aprensión, ya que al final uno suele fallecer como se ha vivido,  al ser la existencia que nos ha ido envolviendo permanentemente penetrante y,

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Rafael del Naranco: Uslar Pietri; El gran visionario

  ¡Qué falta nos hace en estos días aciagos la voz y sabiduría de Arturo Uslar Pietri!  El tenía una visión de Venezuela caleidoscópica y fue permanentemente visionario, reflexivo, pluralista, claro en la multiplicidad de los sucesos del país, y anunciador en los últimos años de su vida de la tromba de males que comenzaban a cernirse sobre esta antigua “tierra de gracia”.  Leer sus ensayos ahora es enfrentarnos a las duras

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Rafael del Naranco: Recuerdos trashumantes

  Tras años entretiempos tornasolados en Caracas,  he vuelto a la  Valencia mediterránea, la ciudad en la que trabajé en un diario - “Las Provincias” -  antes del ir al Caribe 40 años atrás.  Actualmente poco tenemos que decirnos la urbe del Cid Campeador y yo. El tiempo languidecido  se hizo un murallón. Debemos empezar a  transitarlo de nuevo. Camino en estos días de junio  hacia las dunas en la Albufera en este

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Rafael del Naranco: Sobre las tierras bellas

  El ruso Tchinguiz Aitmatov escribió, cuando el invierno era más crudo en las heladas tierras de los kirguises - el grupo de los turcos-mongoles dedicados a la vida pastoril en la Kirguizia - un texto corto llamado “Yamilia”, y al que yo comparo sin miedo al equívoco con “El prado de Bezhin” o “Kasian, el de las tierras bellas”, esplendorosos cuentos de Iván Turguéniev. En “Yamilia”, “no hay ni una sola

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Rafael del Naranco: Sobre esa ciudad tan mía

Recibo unas letras de un amigo que hace años ni sabía de él. Nos alejó el tiempo cuando se vuelve añicos. Vive en las afueras de la llanura bien cuidada de Bogotá, y me habla de esa ciudad  con una ternura admirable. “Así, dice, debería ser Caracas” Y se pregunta: “¿Por qué la habéis abandonado tanto? Mira amigo, hoy te hablaré, para unir un poco ese espacio tan grande que nos hemos

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Rafael del Naranco: Aimé Césaire, poeta

  Aquel día azulino, en la isla caribeña  de Martinica, perteneciente a las Antillas Menores, cada ternura se hizo sonajas del viento al ritmo de las olas, y Aimé Césaire, poeta y político martiniqués, se volvió mariposa, sonido bailable de palmeras. Al partir  al cerúleo  cielo protector, tenía 94 años, edad en que los recuerdos parecen venidos de otra eternidad sobre nubes que rozan el mar. Esa tarde  subí a un barco pesquero

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Rafael del Naranco: Rosas y aceite de Argan

  Los vaivenes interiores de la piel  nos hacen partir de las  costas del mar Mediterráneo hacia el cercano Magreb, y de ahí  al encuentro de Marruecos. Dos horas en las alturas nos llevan al país de las especies con sabores a comino,  tomillo, incienso o el hinojo anisado. Una vez  en esa tierra siempre recordada, las viejas evocaciones se desnudan y llegan frescas con  sabor a té verde.  Cierto día en un viaje sobre 

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Rafael del Naranco: Federico no estaba

  He retornado a la ciudad Granada y  Federico García Lorca no aparece. Caminé a la Huerta de San Vicente –“si muero, dejad el balcón abierto”–,  al barranco de Viznar cercano a Alfacar. En el lugar, bajo el amparo de olivos y búhos asustados, el poeta dormita al cobijo de hojas achicharradas  y geranios reventones. El escribidor caminó al encuentro del “Romancero Gitano”, y Granada, su Vega colmada de limoneros agrios, chumberas y

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Rafael del Naranco: Zozobra sin consumir

  En el primitivo tocadiscos empotrado en el rincón más oscuro de la casa en la vereda, Carlos Montero, un pibe de milongueras y malecones incrustados,  canta  mientras escucho  sus palabras envueltas en flores de cercano limonero. “Era más blanda que agua, / que el agua blanda, era más fresca que el río, naranjo en flor... / Y en esa calle de estío, / calle perdida, / dejó un pedazo de vida / y

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Rafael del Naranco: Malaya la  suerte mala

  Venezuela me sabe a vereda con  ensueños floridos, costas  rizadas de poblados cincelados de azul y tonada, soplos revoloteando los morichales mientras las pesadas  alforjas de la  existencia  se van llenado de hálito y, aún así,  imposible  doblegar los olvidos. Uno desea lo que conoce. Se cumplen cinco años   de haber regresado a la  heredad asturiana de mis mayores, la nostalgia  de la partida no amaina y así será hasta

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Rafael del Naranco: Diluidos titubeos del alma

  En “Marat- Sade”, drama de Peter Weiss, se recrea el asesinato de Marat representado en el Hospicio de Charenton y dirigido por el libertino Marqués de Sade. Allí  la locura se entreteje y desdobla en realidades confusas  y miedos aterradores. Los geriátricos o asilos de ancianos,  hoy como entonces,  están repletos de seres desahuciados que  con la ilusión marchita  a flor de labios, miran sin ver, en sus sillas de ruedas

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Rafael del Naranco: Aquellos  días hacia el sur 

  Existió un tiempo lejano  en que fui caminando hacia el Sur de Sudamérica. Lo hacía al encuentro de Jorge Luís Borges, ya que pretendía saber en qué idioma escribía el ciego de Rivadavia los recónditos pesares de su pueblo. Un  tertuliano de la calle Lavalle en Buenos Aires, viéndome perdido, me sostuvo para calmar el amago de mi ansia: “En el Sur no hay letras ni palabras, pibe, solamente viento y eternidad”. No

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Rafael del Naranco: La Semana Santa y su desgarro

  Lo creemos ciertamente: En ningún otro  tiempo se viven los días de Pasión como en la niñez, edad en que la muerte y  resurrección de Cristo son  el primer encuentro con el dolor y  el sufrimiento, anatemas que hoy nos acompañan más certeramente   sobre la persiste angustia del Coronavirus. Señalaba el injustamente arrinconado poeta  salamantino de Frades de la Sierra, José María Gabriel y Galán,  en versos de una sencillez turbadora: “Cuando estas

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Rafael del Naranco: El fervor de un querer

  No sé canciones - quiero  decir  muy pocas -  a lo sumo uno que otro fragmento, pero con “Dos gardenias” me ha sucedido algo emotivo: han pasado a formar parte de las texturas que conviven en nosotros desde  los lejanos tiempos. A Isolina Carrillo,  la autora cubana de esa melodía, un día, una muchacha le regaló dos gardenias y nada más poseerlas entre las manos brotó el título de la melodía 

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Rafael del Naranco: Entre Caracas y Bogota

  Santiago León de Caracas es una barcaza haciendo aguas por todas sus hendiduras. No hay gobierno municipal, y no lo habrá, mientras sus corregidores antepongan la política, sin norte y a la deriva, a intereses personales cicateros y partidistas. Que lejos “la culta, la hospitalaria, la inteligente Caracas”,  en expresión de José Martí. Si cruzamos la frontera andina, Bogotá es  como oír en susurro a María Mercedes Carranza cuando dice... “Es

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Rafael del Naranco: De la efusión humana

  El madrileño Lope de Vega y Carpio,  escribió que la razón de todas las pasiones humanas  es el amor. De él emerge el deleite, todo gozo e igualmente la efusión incendiaria de los deseos carnales. En otros instantes, el mismo   se   vuelve irascible, retozón, dispuesto a hacer añicos la fogosidad encendida. El  reconocido Fénix de los Ingenios  tuvo diecisiete hijos entre varones  y hembras, una vida que no le impidió cumplir

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Rafael del Naranco: Ordenador con sangre propia

  En ese  ir y venir sobre los vaivenes de la existencia, uno termina sabiendo que solamente una obra de arte puede alcanzar a expresar lo que es el propio arte en sí mismo, no obstante la gran pregunta: ¿Es dicha  presencia una genialidad? En  uno de los ensayos de George Steiner, el llamado “Muerte de reyes”,  se lee lo siguiente: “Existen tres campos intelectuales; y por lo que sé, solamente tres

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