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Rafael del Naranco: Malaya la  suerte mala

  Venezuela me sabe a vereda con  ensueños floridos, costas  rizadas de poblados cincelados de azul y tonada, soplos revoloteando los morichales mientras las pesadas  alforjas de la  existencia  se van llenado de hálito y, aún así,  imposible  doblegar los olvidos. Uno desea lo que conoce. Se cumplen cinco años   de haber regresado a la  heredad asturiana de mis mayores, la nostalgia  de la partida no amaina y así será hasta

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Rafael del Naranco: Diluidos titubeos del alma

  En “Marat- Sade”, drama de Peter Weiss, se recrea el asesinato de Marat representado en el Hospicio de Charenton y dirigido por el libertino Marqués de Sade. Allí  la locura se entreteje y desdobla en realidades confusas  y miedos aterradores. Los geriátricos o asilos de ancianos,  hoy como entonces,  están repletos de seres desahuciados que  con la ilusión marchita  a flor de labios, miran sin ver, en sus sillas de ruedas

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Rafael del Naranco: Aquellos  días hacia el sur 

  Existió un tiempo lejano  en que fui caminando hacia el Sur de Sudamérica. Lo hacía al encuentro de Jorge Luís Borges, ya que pretendía saber en qué idioma escribía el ciego de Rivadavia los recónditos pesares de su pueblo. Un  tertuliano de la calle Lavalle en Buenos Aires, viéndome perdido, me sostuvo para calmar el amago de mi ansia: “En el Sur no hay letras ni palabras, pibe, solamente viento y eternidad”. No

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Rafael del Naranco: La Semana Santa y su desgarro

  Lo creemos ciertamente: En ningún otro  tiempo se viven los días de Pasión como en la niñez, edad en que la muerte y  resurrección de Cristo son  el primer encuentro con el dolor y  el sufrimiento, anatemas que hoy nos acompañan más certeramente   sobre la persiste angustia del Coronavirus. Señalaba el injustamente arrinconado poeta  salamantino de Frades de la Sierra, José María Gabriel y Galán,  en versos de una sencillez turbadora: “Cuando estas

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Rafael del Naranco: El fervor de un querer

  No sé canciones - quiero  decir  muy pocas -  a lo sumo uno que otro fragmento, pero con “Dos gardenias” me ha sucedido algo emotivo: han pasado a formar parte de las texturas que conviven en nosotros desde  los lejanos tiempos. A Isolina Carrillo,  la autora cubana de esa melodía, un día, una muchacha le regaló dos gardenias y nada más poseerlas entre las manos brotó el título de la melodía 

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Rafael del Naranco: Entre Caracas y Bogota

  Santiago León de Caracas es una barcaza haciendo aguas por todas sus hendiduras. No hay gobierno municipal, y no lo habrá, mientras sus corregidores antepongan la política, sin norte y a la deriva, a intereses personales cicateros y partidistas. Que lejos “la culta, la hospitalaria, la inteligente Caracas”,  en expresión de José Martí. Si cruzamos la frontera andina, Bogotá es  como oír en susurro a María Mercedes Carranza cuando dice... “Es

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Rafael del Naranco: De la efusión humana

  El madrileño Lope de Vega y Carpio,  escribió que la razón de todas las pasiones humanas  es el amor. De él emerge el deleite, todo gozo e igualmente la efusión incendiaria de los deseos carnales. En otros instantes, el mismo   se   vuelve irascible, retozón, dispuesto a hacer añicos la fogosidad encendida. El  reconocido Fénix de los Ingenios  tuvo diecisiete hijos entre varones  y hembras, una vida que no le impidió cumplir

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Rafael del Naranco: Ordenador con sangre propia

  En ese  ir y venir sobre los vaivenes de la existencia, uno termina sabiendo que solamente una obra de arte puede alcanzar a expresar lo que es el propio arte en sí mismo, no obstante la gran pregunta: ¿Es dicha  presencia una genialidad? En  uno de los ensayos de George Steiner, el llamado “Muerte de reyes”,  se lee lo siguiente: “Existen tres campos intelectuales; y por lo que sé, solamente tres

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Rafael del Naranco: Pescado seco y salado

  Uno,  al no ser hombre de mar, sino de secano, tierra firme, páramo abierto, llanura sin fin, tiene poco contacto con las costas marinas, posiblemente a causa  de haber nacido en el recodo de una de ellas, tener la  piel impregnada de salitre y el alma desgajada como el pescado seco y salobre. En  Isla Margarita, a 40 kilómetros de tierra firme en Venezuela,  sobre  el camino de  Porlamar, en un

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Rafael del Naranco: Los olvidos que vendrán

  En sus memorias,  el escritor español – francés Max Aub,  rotula: “Paulino Masip viene a comer. ¡Qué tristeza!”. El autor de “El laberinto mágico” – nadie podrá entender la literatura  de la península ibérica de postguerra sin  rebuscar en esas páginas – abre el balcón  en un piso pequeño cerca de Malvarrosa, en la Valencia republicana en la que ahora yo hago albergue,  y mirando la luz ceniza de la tarde

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Rafael del Naranco: El nuevo ser humano

  Cada hombre o mujer  es un Cosmos y todos unidos, la esencia de lo perdurable. Fue el propio Jesús de Galilea, el  Cristo,  quien lo señaló: “Quien cree en mi, no morirá”. Y media humanidad lo profesa por mediación de esa esencia llamada fe, una creencia que uno entiende un poco mejor leyendo “El sentimiento trágico de la vida” de Miguel de Unamuno. En la actualidad los científicos- esos nuevos dioses

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Rafael del Naranco: Un expatriado de oficio

  Claro aparece el día en la ciudad de la Valencia mediterránea  en  la  que siguió morando desde nuestra salida de Caracas. Han pasado 7 años en esta orilla tras 40 en Venezuela. Siento  ser un desterrado de profesión y oficio. La metrópoli  hispánica está brumosa.  Recapacito en el quicio del balcón antes de comenzar estas líneas con el recuerdo de los pueblos y ciudades que han cruzado por nuestra  vida y

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Rafael del Naranco: Hojas verdes

  Antonio Machado, en unos versos admirables por lo sencillo de sus estrofas, cantó al árbol desnudo sobre lo alto de un roquedal, hendido por el rayo y en su mitad podrido, “que con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas mustias le han salido”. Era un olmo solitario, muy cerca de la tumba donde reposaban los restos de su joven esposa Leonor. El poeta de la Castilla

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Rafael del Naranco: Aceituneros activos

  Sobre los caminos del nuevo año envenenado  con la plaga del Coronavirus envuelto en espanto, llegó a nuestras  manos aquí,  en la  costa mediterránea en la que anidamos cual gaviota de rasante vuelo, una postal de un pueblecito de la sierra de Jaén oloroso a olivo verde con sabor a aceite. Al leerla,  uno siente  cierto sonido conventual entre los promontorios con pinos negros, casitas blancas pintadas de cal y, en  

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Rafael del Naranco: La inspiración al escribir

  Los seres humanos solemos tener un lugar especial donde vamos desgranando nuestras cuitas interiores. El armenio William Saroyan escribió unas hermosísimas cartas desde la Rue Taitbout, en ese París matizado de brumas, piedras, bohemia y sueños; yo suelo unir palabras una tras otra, la mayoría de las veces con poco esfuerzo, desde la vereda donde a pesar del abandono, la permanente basura, el bullicio alocado de los autobuses de líneas que

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Rafael del Naranco: ¡Qué bello es vivir!

  Un antiguo proverbio señala: “El hombre teme al tiempo, pero el tiempo teme a las pirámides”. Esas piedras egipcias antiquísimas nos acercan a la idea conceptual de la inmortalidad, y sin embargo, es meramente un espacio efímero, simple soplo de brisa entre cardos de bambú y extensa  niebla, ya que la realidad al final del gran túnel  del Universo es nacer y morir lo mismo  que todo cefalópodo. Estudiosos del concluyente argumento 

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Rafael del Naranco: Mujeres maltratadas a espuertas

  Tantas llagas hay en  la piel de la mujer como gotas de  rocío en el mar. Casi no pasa un día -  rotulan las certeras estadísticas -  en una mujer no sea  atrozmente magullada, o  muere en manos de su pareja, ese ser al que un día ella le suministró su cariño sensitivo, apretó su cuerpo infinidad de veces, le parió hijos, acaso nietos, y lo veía como la luz de

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Rafael del Naranco: Realidad sin telarañas

  Sobre la repisa del tálamo donde duermo, reposan dos libros de Joseph Roth entre varios con años a nuestro lado como “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar, y “Ficciones”, esos cuentos portentosos de Jorge Luís Borges. No obstante es Roth quien comparte mis horas más serenas con “La leyenda del Santo Bebedor” y “Job”, un drama bíblico centrado en una familia judía  de la Europa Oriental que emigra a los Estados

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Rafael del Naranco: Compañeros de viaje

  Del último  recorrido por las viejas librerías de la Valencia mediterránea, en la que  hice parada y fonda, he adquirido varios libros de segunda mano,  entre ellos uno tomo de poemas cuyo contenido es una recopilación de autores a quienes el azar y las circunstancias, convirtieron durante algún tiempo en compañeros de viaje. Los voy recordando mientras los releo  con el deseo de expandir mi admiración hacia ellos, a razón de

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Rafael del Naranco: Vida, historia y sátira

  Narra la historia que durante una larga y oscura noche de invierno del año 373 a.C. el impacto de un terremoto seguido de una marejada destruyó la vieja ciudad griega de Helike, cerca del golfo de Corinto. La  urbe era centro de oración y ofrenda a Poseidón, dios de los terremotos y el mar. Podía ser una coincidencia, pero no dejaba de ser trágica, como cualquier puesta en escena mitológica. Poseidón

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Rafael del Naranco: No hay barcos para todos

  El bardo del libro de Lawrence Durrell en “El cuarteto de Alejandría” con cuarzo negro y topacio azul en  los ojos, lo diría de otra manera,  pero en esa ciudad de atardeceres suaves  y hondas noches, en cualquier taberna levantada en un cruce de callecitas olientes a mirra y sándalo,  sus palabras sabrían a viento húmedo y salitre, también ha desasosiego o cántaro de dudas sobre la espesura del alma. Lo

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Rafael del Naranco: Sobre el arte y la vida

  Uno entiende poco de pintura, nada de  matemáticas y  música. Igualmente nulo en mover  piezas de ajedrez. Meramente  realizamos  algunas acciones con algo de ardor: escribir, dormir la siesta y el perenne sortilegio de la querencia Algo prosaico sin duda, pero igual a toda labor  humana por insignificante que sea, es parte del yo interior de cada persona. Lo de escribir es un decir.  Lleno cuartillas, pero de ahí a la

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Rafael del Naranco: La turbación que nos cubre

  No hay historias pequeñas en la ardua cognición humana. Cada uno de los acontecimientos sucedidos,  aún pareciendo insignificantes, integran un todo. Cada una de las vidas individualmente refleja la racha de una esencia, el efluvio de una pasión, la pesadumbre de una ausencia o la incertidumbre de un ardor afectivo. Bien es sabido con creces que somos briznas, hálitos desajustados, entelequias caminando tambaleantes, Saber es mucho más que creer, no obstante,

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Rafael del Narancoo: Entre olivos y jaras

  Escribo en una cala del Mediterráneo a un costado de la baja Andalucía, la cortejada Al-Andalus árabe. La arena y el salitre brillan al unísono.   Olivos, alcornoques y farallones desguarnecidos, marcan el paisaje envuelto en calina fría. Tras haber dejado Córdoba – “gitana y sola” – camino  al encuentro  de un tiempo calmoso.  A lo lejos,  alguien canturrea y rasga la tarde ceñida en letrillas sueltas   del gaditano José María Pemán: “A

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Rafael del Naranco: ¿Adónde vamos?

  Nuestra conciencia reflexiva nos dice que somos herederos de las estrellas y necesitamos escarbar  esa esperanza trascendental para conocer nuestro lugar en el inmenso  Universo. La avidez es retornar a partir hacia los confines del Cosmos, donde un día lejano - hace la friolera de 15 mil millones de años - en el instante del Big Bang, comenzamos nuestra singladura por los colindes de la vida. En estos momentos la nave “Voyager

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Rafael del Naranco: Campo sembrado de mijo

  Somos incrédulos en materia de hipnotismo, ocultismo y todos los  conceptos imaginables existentes en la Cábala y en sus omnisciencias recónditas. Tampoco sabemos de alquimia, del libro de Thot, del Tarot o juego de naipes, y aún  menos de la evolución oculta de la humanidad desde Pitágoras a los Hermetistas, hasta llegar al mundo de los Rosacruces,  los Masones y los gobiernos esotéricos. De todo ello, como de Doña Osamenta y el

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Rafael del Naranco: Tierna muchacha en flor

  Es hermosa la criatura y anda muy despacio, igual a los pasos de una gacela.  Alguna vez, cuando al despuntar el alba salgo al balcón de la vereda a dejar al sol las dos tortugas ancladas a nuestro lado siendo apenas briznas  de vida, la  jovencita va de regreso a casa a entregarse al último hombre que la envuelve en bruma y reposo: Morfeo. En la  Grecia tramontana, en una de 

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Rafael del Naranco: Aquel otoño en Manhattan

  El hecho que tuvo lugar en  Nueva York  el 11 de septiembre de 2001, hace ahora 19 años,  demostró que todo  grupo político-religioso pueden realizar   operaciones   fanática  que en un pocas horas llega a hincar de rodillas a la nación más pujante del planeta. El acaecimiento apocalíptico en el bajo Manhattan contra las  emblemáticas “Torres Gemelas”  y que dejó una cifra  pavorosa de fallecido   y grandes perdidas económicas, ha sido una

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Rafael del Naranco: Un pedazo de alcalina

  Aún habiendo trascurrido muchos años, recuerdo el pequeño transistor de pilas que a nuestra madre le acompañó media vida. Con ese pedazo de alcalina, la soledad se le hizo algo más llevadera y el mundo que se alejaba ineludiblemente de sus ojos, se le ondulaba entre sus bucles blancos. Madre Isabel cuando hablaba, lo hacía hacia dentro; tantos años viviendo sola que aprendió a conversar con ella misma. Era una mujer

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Rafael del Naranco: Un recuerdo balcánico

  El fin de semana acudí a aún  cine de barrio en la Valencia mediterránea, ciudad  en la que desmenuzo mi exilio interior y el lector o lectora de estas líneas en Venezuela se halla al corriente. El filme se llamaba “Alexander” - una epopeya pésimamente contada, sobre Alejandro Magno - y el tema me ha traído recuerdos de una tierra balcánica  y el aprecio de sus gentes. Uno siempre evoca lo poco o

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