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Carlos Ojeda: Un cuento triste en Navidad

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¿El nuevo Grinch es un Perro? Nadie nunca supo ubicar en qué sitio de tantos barrios pobres de la antigua tierra por Dios bendita con minerales, ríos, mares, quebradas y todas las riquezas del mundo fue que renació el Grinch como un perro.

Nadie tampoco ha podido certificar la autenticidad de esta historia que ocurrió poco después de que el Grinch quiso robarse la Navidad. El Grinch no supo hacerlo bien, él, con su poca imaginación, su perversidad, ese rencor guardado en su corazón por tantos años, fue insuficientemente listo como para no claudicar ante el amor de los niños y de los seres humanos de bien que habitaban en los diversos universos.

En esta Navidad el Grinch evolucionó, se hizo más malvado, aprendió de su antecesor en lo difícil e inútil de intentar destruir la Navidad y tuvo la genial idea de destruir la inocencia de los niños.

Y lo hizo bien, lo hizo sin piedad y mansalva. Lo hizo de una tan manera inhumana y tan sencilla, que solo tuvo que entregarles regalos a los niños en cada barrio. Tomarle foto y luego expropiarle los obsequios ante la mirada triste y el llanto de cada niño. Les robo su ilusión, les estafo la esperanza, les coartó su futuro. Los dejo en la estancada sin misericordia ni piedad.

Luego repitió su hazaña una y otra… y otra… vez en cada barrio, en cada pueblo, en cada casa donde había un infante feliz y con ilusiones. Era el nuevo Grinch.

La nueva imagen del Grinch parece ser distinta a todos y no parecerse a nadie. Parece la foto en blanco y negro de un país pleno de alegría y de colores. Parece el reflejo de un maltrato sin diagnóstico previo, parece una locura, un recuerdo. Parece el reflejo de un país de ilusiones.

¿El nuevo Grinch es un Perro? Pregunta sin final feliz.

Fin.

 

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