Blue Moon cuenta la historia del eclipse del letrista Lorentz Hart en la noche del 31 de marzo de 1943, cuando asiste al estreno del exitoso musical Oklahoma, creado por Richards Rogers, el antiguo discípulo y aliado creativo del protagonista.
El genio de Richard Linklater dirige la pieza de cámara, con un toque crepuscular de clásico automático, al ritmo de unos diálogos encantadores y filosos.
Casi toda la película transcurre en el bar donde los personajes celebran el lanzamiento de la obra.
De modo que el guion y la interpretación de los actores definen el tono teatral de la puesta en escena, donde resalta el unipersonal de Ethan Hawke como el Lorentz Hart en el ocaso melancólico de su carrera y su vida, bajo la sombra de su ego herido por el triunfo del amigo. Un éxito ajeno que lo pone a prueba, que maneja con sentimientos encontrados, que parece superarlo en ocasiones, y que lo hace pensar en su declive.
La película sorprende por la agudeza contenida de su drama, de su comedia parlante, dentro de la filmografía de un autor en un nuevo pico de su trayectoria, cuando estrena dos de sus mejores títulos en el mismo año: Blue Moon y Novelle Vague, el primero en Berlín y el segundo en Cannes. Los dos fueron nominados para los Globos de Oro.
Así que el realizador está de racha y hay que disfrutarlo.
Blue Moon articula con su método dialectico y filosófico, de un enorme humanismo y sensibilidad, al seguir los pasos de las conversaciones que han animado sus largometrajes, desde su ópera prima en adelante.
Richard Linklater supo refundar al cine indie a principios de los noventa, amén de su realismo despojado de florituras, de su minimalismo y de su acento en la interacción hablada de sus musas, como el propio Ethan Hawke en la adorable saga de Before Sunrise, cuyo encanto trágico y romántico parece inspirar la escritura de Blue Moon, al ser como un apéndice de aquella franquicia con Julie Delpy, ahora sustituida por el aura de estrella nata de Margaret Qualey.
Como en Antes que Anochezca, la cinta del 2025 permite que conectemos con las emociones de los caracteres, a través de sus palabras y sus gestos en primer plano, dándole una paleta rica al pintor que es Ethan Hawke, para que ilustre una cara oscura y algo patética de la fama con uno de sus repertorios para el Oscar.
Lorentz Hart lucha contra sus demonios en una barra, donde lo atiende y le sirve un confidente, un típico guiño a Casablanca que se cita y se satiriza a la distancia.
De tal manera, Blue Moon dialoga con el contexto bélico del pasado y el presente, con una industria que precisamente empezaba a exponer la modernidad y la negrura de su sistema ante las crisis de sus modelos narrativos.
De ahí que se plantee un dilema respecto al musical como género, que por un lado puede disimular la realidad con el espectáculo de Oklahoma, mientras que por el otro no logra ocultar la decepción y la depresión de sus creadores en Blue Moon.
Lorentz Hart evoca la soledad de otras figuras disruptivas del autor, como los rebeldes e inadaptados de Escuela del Rock, Bernie, Boyhood y la reciente Hitman.
Por igual, el libreto desarrolla un tono crítico y caustico de la existencia, que pasa del sueño a la pesadilla, de la fuga a la redención, del control al descontrol del discurso, porque lo que Lorentz Hart cree dominar con su retórica y racionalidad, se le acaba por desmontar delante de sus ojos.
Una crítica al actual régimen de explotadores del storytelling, enamorados de su verbo y de su influencia de gurús.
Tiene algo de charlatán el personaje que diseña el director y el actor con su sello fascinante de vampiro en decadencia, que espera rejuvenecerse en el encuentro con la doncella y salir victorioso de una fiesta que no es la suya, sino de su colega, Richards Rogers.
En ambos casos, entre la dama y el compañero homenajeado, Lorentz Hart despierta de su propia ilusión de grandeza y se enfrenta al inevitable paso del tiempo, que todo lo pone en su sitio.
Por eso, el ejercicio de estilo y capacidad de síntesis que es Blue Moon nos hechiza y nos devuelve el arte que cultiva su autor, en defensa de la historia y de la memoria de los maestros olvidados, con sus virtudes y defectos.

