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Jesús Elorza: ¿Feliz Navidad?

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En estos días de festividades, una profunda contradicción golpea a la población venezolana: ¿Cómo celebrar la Navidad, un encuentro anual de fe y familia, cuando el país está sumergido en una de las crisis humanitarias más grandes y complejas del mundo?

Venezuela, atrapada en una crisis político-constitucional y socioeconómica, llega a finales de 2025 con cifras que desafían toda esperanza festiva. La realidad es que entre 7,6 y 19,6 millones de personas —aproximadamente el 70% de la población— se encuentran en necesidad humanitaria, con casi el 56% viviendo en extrema pobreza. La Navidad se celebra, no desde la abundancia, sino desde la resiliencia forzada.

El colapso de la dignidad y el éxodo masivo

La crisis ha desmantelado los pilares básicos de la vida digna, obligando a millones a tomar la ruta del exilio. Venezuela genera el mayor número de refugiados a nivel mundial. Desde 2015, casi ocho millones de venezolanos se encuentran desplazados, la gran mayoría acogidos en países de América Latina y el Caribe. El asiento vacío en la mesa navideña se ha convertido en el símbolo más doloroso de la crisis.

Servicios públicos esenciales como la atención médica, el agua, el saneamiento y la educación han colapsado. Las restricciones al acceso al agua potable afectaron a cerca del 62% de la población en 2025, y el 70% perdió el acceso a servicios de salud de calidad, facilitando brotes de enfermedades infecciosas como sarampión, difteria y malaria.

La educación está en ruinas: hasta un 30% de los niños en edad escolar no asisten a clases regularmente. El éxodo masivo ha provocado una escasez crítica de personal; al menos 200.000 docentes han abandonado el país desde 2017, comprometiendo el futuro de la próxima generación.

El abismo económico y el hambre navideña

Las proyecciones económicas para el cierre de 2025 solo intensifican la gravedad de la situación, haciendo imposible que la mayoría de las familias puedan acceder a la tradicional cena navideña. El deterioro de las perspectivas económicas se refleja en una tasa de inflación prevista del 270% para finales de año, con proyecciones aún más preocupantes que la sitúan cerca del 370%.

Según informes de Humvenezuela de septiembre de 2025, el precio de la canasta básica mensual de alimentos ($500) sigue siendo inalcanzable. Una familia promedio necesita aproximadamente 1.000 salarios mínimos mensuales para acceder a ella.

El acceso a los alimentos sigue siendo una lucha diaria: un 10% de la población enfrenta necesidades alimentarias severas y un 40% críticas. La crisis tiene un impacto directo y negativo en la nutrición infantil.

Navidad en medio de la violencia y el miedo

A la crisis social y económica se suma una profunda crisis de protección y seguridad. Las tasas de homicidios se encuentran entre las más altas del mundo (26,2 muertes por cada 100.000 habitantes en 2023).

La situación en las zonas fronterizas es especialmente preocupante debido a la presencia de actores armados y bandas criminales. Un total de 4,4 millones de personas, incluyendo 1,4 millones de niños, necesitan asistencia para su protección ante el aumento de la violencia y la represión.

Existe una marcada represión contra las voces disidentes, violentando las normativas jurídicas al detener a personas, allanar hogares sin cumplir el debido proceso y mantener secuestrados a los detenidos.

La Navidad como acto de resistencia y esperanza

En el contexto de una emergencia humanitaria tan compleja, la Navidad trasciende lo meramente festivo. Se convierte en un poderoso faro de esperanza y un acto de resistencia social.

La música, las hallacas, el pan de jamón, las oraciones y la solidaridad entre vecinos son el último bastión de la identidad y la dignidad de un pueblo que se niega a ser derrotado por la adversidad. La Navidad en Venezuela es hoy un llamado a la esperanza, a la reconciliación y a la afirmación de que, incluso en medio de la escasez y la extrema pobreza, la unión comunitaria y la fe en un futuro mejor persisten.

X: @jesuselorza

 

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