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Omar González Moreno: Venezuela aislada

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Mar de Fondo.

El país que alguna vez fue puente aéreo de América Latina hoy sufre un silencio desgarrador en sus cielos.

Las aerolíneas internacionales, una tras otra, han decidido no volar hacia Venezuela.

No es un simple ajuste comercial: es el síntoma de un país que el mundo percibe como zona de riesgo, territorio clausurado, un lugar donde ya ni los aviones quieren aterrizar.

El espacio aéreo venezolano, prácticamente cerrado, es un espejo brutal de la tragedia nacional.

No se evacúa solo un aeropuerto, se evacúa la confianza.

Se cancela la seguridad. Se suspende la normalidad.

Cuando las rutas se cierran, lo que queda al descubierto no es un problema técnico, sino un régimen que ha llevado a la nación a un nivel de aislamiento comparable al de las dictaduras más oscuras del planeta.

Cada avión que se desvía es un mensaje que retumba: “Venezuela no es segura”.

Ese mensaje no lo envían gobiernos, lo envía la realidad.

La misma realidad que viven millones de venezolanos que no pueden salir, no pueden regresar, no pueden abrazar a sus familias, porque un régimen narcoterrorista convirtió al país en una cárcel.

Pero así como el cielo se cierra, también anuncia algo, cuando un país queda aislado al extremo, es porque el final del ciclo autoritario está cerca.

La comunidad internacional ya no simula, ya no maquilla, ya no se traga las mentiras.

Huye porque sabe lo que viene. Y lo que viene no es resignación: Es cambio.

 

 

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