Seducción por la bala de plata.
Caminos transitados ante el régimen
En Venezuela, nos hemos paseado por diversas fórmulas, sobre cómo enfrentar pacífica y electoralmente al actual régimen dominante, al que de paso no le gusta que lo llamen así, aunque llenan ese perfil, al copar el espectro jurídico nacional, con un conjunto de leyes, que reflejan el carácter autoritario de su gestión, como por ejemplo el “populismo punitivo”, del cual ya nos referimos en opiniones anteriores; sin temor, la ciudadanía se apegó al voto, como instrumento de cambio en positivo, con la esperanza de que el prolongado problema político se resolviera.
Ese voto ciudadano, masivo y soberano se expresó el pasado 28 de julio de 2024, produciendo un resultado favorable al Dr. Edmundo González Urrutia, sin embargo, esa decisión popular fue “devorada” por una institucionalidad que no responde a la “soberanía popular”, sino a un sistema político, que de manera “piramidal, ergo jerárquica”, ordenó el funcionamiento a su favor de órganos como el CNE, cuyo irregular proceder, hizo que se transformara de manera distinta, las millones de opiniones expresadas en las urnas electorales.
Defección institucional
Esa indebida actuación del órgano electoral, lo visibilizó sin atenuante alguno, como un poderoso “depredador” del voto libre y secreto, que lo manipula a su antojo, sin posibilidad de ejercer contra las actuaciones de alguno de los componentes del actual sistema político, recursos o acciones, para que fuesen tramitados con imparcialidad e independencia, sobre todo por el Poder Judicial, respecto del “comando de poder centralista” que transversaliza los restantes poderes, tanto en sentido horizontal, como vertical, dado el “autocratismo” imperante.
Marco político
Como recordatorio sobre el autocratismo, resulta pertinente definirlo como un sistema de gobierno u coalición dominante, integrado por una persona, élite de personas e instituciones que, concentran todo el poder de manera centralizada, lo que significa que no hay separación de poderes, y por eso toma decisiones, sin la participación o influencia de otros poderes políticos, que simplemente se dedican a refrendar, lo obrado por el autocratismo o cualquier otro componente de la coalición dominante, dejando en total indefensión al ciudadano.
Bajo esas características del sistema político venezolano, nuevamente el cuestionado órgano electoral, integrante de la coalición dominante, ha llamado a elecciones parlamentarias nacionales, regionales y para las gobernaciones, con lo cual ejecuta un nuevo proceso, a pesar de haber “distorsionado” la decisión de la soberanía popular, y ser eco o réplica de los intereses del autocratismo imperante, que mantiene en el CNE unos rectores que tampoco fueron designados conforme la Constitución vigente, ni menos se distinguen por su honestidad.
La falsa lógica de la solución única
Sin embargo, a pesar de esa distorsión de la voluntad ciudadana, del vigor del sistema político autoritario imperante y de la indefensión del voto frente al amañado sistema electoral venezolano, se sostiene la “falsa lógica” de que el voto es la única solución, para debilitar al autocratismo que nos gobierna, cuando el mismo es sólo una fachada de la falsa democracia existente, pues en realidad las pseudoelecciones son un trámite más, para ir ejecutando a través de las gobernaciones, el Estado Comunal y los autogobiernos locales.
La falsa lógica en favor de las cualidades mágicas del voto, dentro de un sistema político autocrático, seguramente producirá un resultado político insatisfactorio, para quienes temerariamente como legión sin recursos, se lanzan al campo de la batalla electoral a enfrentar a un conglomerado partidista que tiene logística, recursos y poder incontrolado. Esa participación de los primeros, animada por un injustificado voluntarismo o interés desconocido, no analiza ni toma en cuenta la capacidad de su adversario, que va más allá de unas elecciones.
El voto en autocratismo
El votar no es de por sí contraproducente en Democracia, pero en un autocratismo, se convierte en un acto intrascendente, carente de razonabilidad, pues a quien se le ocurre participar en un evento electoral, con los mismos actores que desconocieron el 28 de julio, la opinión vertida en el voto, esa intervención denota que no se comprende la complejidad del problema político actual, donde como se ha explicado, obran distintas causas interrelacionadas que, le impiden al voto cumplir su utilitario fin constitucional, sin importar las veces que se convoquen a elecciones.
Enfrentar electoralmente al actual régimen autoritario, resulta una interpretación demasiado simplista sobre el proceso en curso, lo que, en las actuales circunstancias, resulta imperdonable, por la imposibilidad hacer valer el voto, es tanto, como permitir que el Gobierno trace un camino que decidimos andar, sin que nos brinde a lo largo del mismo, seguridad o la confianza de que nada nos va a pasar, y a pesar de ello lo hacemos, sin que después nos sirva de excusa la frase de que pensábamos que nada nos iba a pasar, cuando se han producido delitos en el mismo camino.
Necesidad de innovación política
Frente al actual régimen, estamos estancados en innovación política, pues nos atamos al “voto sin destino” una y otra vez, sin resultados satisfactorios; cuando tal vez tendríamos que buscar enfoques alternativos, que los hay, para abandonar temporalmente la tentación de la simplicidad argumentativa, que no está visibilizando la ilegitimidad del actual sistema político- electoral, que no se cuestiona al acompañarse su convocatoria con incongruentes clichés, que para nada aluden al poder autocrático centralista que domina a todos los restantes.
El avieso argumento
Debe rechazarse por falso, el avieso argumento de que, dentro del marco autocrático imperante, el voto es la única solución, con lo que se pretende empujar bruscamente a un callejón sin salida, a quienes reclamamos como ciudadanos, se cumpla con lo que decidimos a través del voto el 28 de julio, pues no resulta lógico avanzar en otras elecciones, cuando previamente ha ocurrido un escamoteo al mismo; entonces la lógica o el sentido común indican que se debe reclamar a través de distintos métodos de participación, se solucione la primera elección.
Acciones estratégicas
La complejidad eleccionaria que tenemos al frente cada cierto tiempo, nos exigen una mentalidad flexible e innovadora, eso pasa por desarrollar un trabajo político discreto y eficiente, que logre movilizar y articular nuevamente a millones de venezolanos, con estrategias y acciones convincentes en lo ideológico y lo pragmático, para de paso desmontar el ligero argumento de que no votar es inacción, lo que por supuesto no será cierto, si se fortalecen los planes de sensibilización a distintos sectores del país, sobre el deber de cambiar totalmente, la institucionalidad democrática y electoral en el corto y mediano plazo.

