Don Alejandro Villanueva, por Ramón Badaracco

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Don Alejandro Villanueva, famoso Juez de Instancia de Cumaná, la ciudad que lo vio nacer, polígrafo, costumbrista, escritor y poeta de célebres originalidades.

EL TAMBOR Y EL JOROPO EN CUMANÁ.

Los orígenes del joropo venezolano. Con la palabra ¨joropo¨ los cumaneses denominaban toda fiesta popular. Después de la independencia en 1821, muchos esclavos, que sirvieron a la emancipación, obtuvieron la libertad; en esos tiempos la mayor parte de ellos trabajaban en los cocales, en ambas riberas del rio Manzanares, que de hecho era la hacienda de cocos más grande de Venezuela una gran riqueza, pues era la mayor fuente de energía de aquellos tiempos; como pueden apreciarlo en fotografías de 1905.

Pues sucedió, que a las 6 de la tarde, cuando terminaban su faena, se reunían en la actual plaza Miranda de Cumaná, que era un playón abandonado por el río, y allí se inició el joropo cumanés. El más antiguo de Venezuela con ese nombre; y los instrumentos que le son propios: el cuatro, las maracas, el juiqui juique, o sea el violin criollo, la cuereta o sea el acordeón criollo, la marimba y la marimbola, la cajeta, los timbales, y sobre todo el tambor, todo ello en el recuerdo de don Alejandro Villanueva.

Don Alejandro Villanueva, personalidad del siglo pasado, poeta y músico, de muy destacada participación cultural: escritor costumbrista, respetado juez de instancia que  nos dejó su obra sobre las ¨Pruebas en el Derecho Penal¨, y varias otras páginas inolvidables, entre ellas la letra de la  canción “Fúlgida Luna”, cuya música es del maestro Salvador Llamozas (nadie se lo reconoce y los que menos saben dicen que es un anónimo, mi padre tuvo el privilegio de tener en sus manos los originales, que le entregó don  Alejandro para su  publicación.

Mi padre, que era el periodista más destacado de la ciudad, me contó que él recibió esa música de las manos de Don Alejandro; además publicó muchas poesías, y artículos de prensa entre ellas la crónica que lleva este título, y que ahora les ofrezco para darle marco de referencia a las fiestas patronales “Noches de Antaño” que hacen furor. Por cierto, que este año van a ser de antología, según el decir del Prof. Luis Tovar, su coordinador, ya que nuestro Alcalde, Ramiro Gómez Suárez, le ha puesto m mucho empeño.

 

Cumaná es el pueblo que ha conservado con mayor rigor la tradición musical española, mezclada con el ritmo aborigen y negroide; esa música que alcanza su esplendor en el “Joropo Estribillo” nos viene de los cantos penta tónicos, las cantigas medioevales, la música de tambores africanos y mucho de nuestros aborígenes. Por nuestra puerta de mar entra el polo sevillano y la jota aragonesa; la folia, que quiere decir locura, que viene de las Islas Canarias, el galerón de los marineros, y también el influjo de danzas y canciones malagueñas.

Pero los cumaneses son muy originales en su música, y para interpretarla  inventan instrumentos como  el cuatro, imitación de la guitarra, que al principio fue un instrumento experimental y discreto, y va tomando forma en las manos prodigiosas de nuestro pueblo; el juiquijuiqui, viene a ser una caricatura del violín, pero sin él nuestro joropo no vale nada;  la cuereta ídem del acordeón, el furruco y la cajeta, que sustituyen al tambor africano, la marimba y la marimbola que sustituyen con éxito al bajo; y el milagro de las maracas indígenas, con la fuerza de su coreografía, que hace énfasis en danzas de origen primigenio.  Todas los instrumentos son  de fabricación artesanal y casera; y así va naciendo y cogiendo cuerpo el joropo estribillo, resumen de nuestra tradición,  máxima expresión de la música y del baile venezolanos, que encuentran  en un cumanés, Don Pedro Elías Gutiérrez, (pudiera ser que este hijo del cumanés,  General Jacinto Gutiérrez, de  cepa cumanesa,  no haya nacido materialmente aquí, porque el General fue perseguido político y tuvo que ausentarse, pero su tradición musical es y será siempre  cumanesa).  Alma Llanera llegó a ser con el tiempo el himno popular de Venezuela; joropo parte de una opereta, primera elevación clásica de nuestra música, máxima expresión del joropo estribillo.

Pues bien, Don Alejandro Villanueva, en una crónica reproducida por Jesús Torres Rivero, en el suplemento Angoleta que publicó en Cumaná el diario “La Región”, desde el 19 de enero de 1981 hasta el 1 de marzo de 1982, nos habla de esa bella tradición.

Dice Don Alejandro que:

Casi todas las noches en la plaza Miranda “A las ocho de la noche ya el cumbé había principiado… En un círculo de espectadores entusiasmados se reunía José Pablo el Maneto, Juana Rita, José Isabel, Brígida, Marcelo, José Sánchez y otros…

José Sánchez sale a bailar con Brígida, y cogidos de las manos, ya separados emprendían un baile de figuras y gestos picarescos los cuales revelaban el alma cándida e inocente de la gente del pueblo.

En medio de lo más interesante del cumbé, oíase claro y sonoro el sonido del tambor, ejecutado con gracia y habilidad por el coronel José Félix Martínez, al compás del rítmico movimiento de los bailadores, y el canto natural del joropo que era repetido a cada instante:

Tumbé, María, tumbé. A la Baeza.

Uno del público grita: ¡Un pespuntiaíto Brígida…! Y ésta, vuela en alas del sonido vertiginoso del tambor, haciendo movimientos picarescos; recogida en lo posible, en la cintura, la enagua encarnada que vestía, dejando ver sus robustas y lustrosas pantorrillas de ébano…

Luego otra grita: ¡José Isabel… un repique ¡, y este abre los brazos, abandona la pareja, mueve la cintura en caprichosos giros, y luego vuelve y se une a su pareja, para bailar con locura en medio de la algazara y el desenfreno del joropo…” Fin de la cita.

Como se puede apreciar del relato, el joropo nace del baile con tambor de los negros, y es una negra la que lo baila. Es muy probable que ese fuera el origen de nuestro baile nacional.

El baile de tambor, al parecer precedió al joropo. Antiguamente – dice Don Alejandro-  se tocaba el tambor en la plaza Miranda frente al negocio de Arón Blanco; que era “un pequeño barril descabezado, con un cuero crudo fuertemente atado a uno de sus extremos”. Como cosa muy particular, Don Alejandro, también dice, que se acostumbraba encender una fogata, muy cerca del tambor para templarlo, y evitar que le frío de la noche arruinara su acústica.  Se repartían entre los asistentes, refrescos de papelón fermentado y el Charichare.

Dice también que para los años de 1870 al 75, el joropo era una fiesta de casi todos los días, se invitaba al público mediante disparos de armas de fuego, no especificadas.   Había desaparecido el tambor y los amantes del joropo construían un cerco de palmas verdes, colocaban asientos para los asistentes, y a las 8 PM.  una bandola, un discante (era el Tres, una guitarra, de 18 cuerdas, muy conocido en la Cumaná de antier) y un par de maracas, iniciaban el jolgorio popular. Las piezas favoritas eran “La Sabana” y “La Cinta Azul”, que vino a ser el himno de los Monagas, y del héroe carupanero, el invicto General en Jefe José Eusebio Acosta, que hasta le puso ese nombre a su caballo favorito.

Esta es la Sábana Blanca

con que se arropó Sotillo;

aunque los azules triunfen,

yo siempre soy amarillo.

Bajo una verde enramada,

vestidas de hermoso tul,

cantan, bailan las muchachas

del pueblo, la Cinta Azul.

DON ALEJANDRO VILLANUEVA

Cuenta este personaje de la picaresca cumanesa un pasaje de la vida de una memorable lavandera de su infancia; relato publicado en el periódico de don Federico Madriz Otero, “La Constitución”

No. 28 de fecha 23 de julio de 1908.    Veamos:

“Allá por los años mil ochocientos setenta y tantos, cincuenta y dos años de la Independencia y ninguno de la Federación, porque aún se escuchaban las dianas de los campamentos y el silbar de las balas de los combates de aquella magna y sangrienta lucha, vivía en la arruinada calle de El Baño, hoy de Mariño, una mujer a quién sus amistades llamaban Águeda la Gamboa, pero cuyo nombre de pila y agua era Águeda Benítez.

Abro un paréntesis. Mi madre me refería que la calle del Baño fue antes del aciago terremoto del 15 de julio de 1853, el “rendes- vous” de la juventud de buen tono de aquella época y de los hombres más notables en la política, las ciencias y las leras. Digo esto para lamentar ahora como han cambiado los tiempos: el terremoto primero y después el abandono y la indiferencia de todos, han consumado la ruina de esta calle, por no decir de esta ciudad.

Cierro el paréntesis, y va de cuento.

Conocí a Águeda: tenía yo de seis a ocho años de edad y ella la friolera de sesenta y pico. Era una mulata alta y robusta, de musculatura pronunciada y firme; tenía cara de pocos amigos, pero en el fondo era afable y de buen corazón; su voz era un poco gangosa pero fuerte y tonante; vestía regularmente de enaguas de cintura, unas veces glaucas y otra polícromas, cuyas enaguas dejaban ver el escote de su túnica siempre intocada e impoluta y bordad o entretejida a la moda de entonces. Su rosario engarzado y su vistoso pañuelo de Madrás en la cabeza a manera de turbante no le faltaban nunca.

Águeda era lavandera, pero no de “tusa y pepitonas” como las de ahora, sino lavandera que empuñaba el jabón y comprometía los puños para hacer buenas obras. Tenía dos hijas; una llamada Adona y otra Petra, que aún vive. Esta gente eras toda muy buena, y gozaba de general estimación entre sus amistades. Mi madre las distinguía mucho, porque como ella era pobre, gozaba de simpatías en las filas de los abatidos por la desgracia. No hay cosa que una más estrechamente los corazones que la identidad en la pobreza y el infortunio.

Águeda visitaba diariamente a mi madre, entre la una y las dos de la tarde cuando se dirigía al Manzanares. la veíamos todos al entrar a nuestra modesta habitación a echar antes un párrafo. S esa hora, mi madre ya acostumbrada a recibir tal visita, la esperaba sentada en un ture muy cómodo que había en casa.    Águeda llegaba, efectivamente, con la ropa en una batea que cargaba en la cabeza. Luego con un movimiento característico, colocaba la batea a su lado. Se arrellanaba a la bartola en el suelo y comenzaba a dar rienda suelta a su acervo de noticias.

–¡Águeda!… ¿Cómo que traes muchas cosas nuevas? – Prorrumpía casi siempre mi madre.

–Pues, has de saber, Rosa… Que es cierta la derrota del General Acosta en Río Caribe; y el triunfo de Pedrito Vallenilla, y la muerte de Narvarte. Por eso…  ¿Tú no oías esta mañana a la niña Carmelita como echaba sapos y culebras contra las guaricongas del vecindario, y decía que era necesario darles látigo?  ¿Tú no escuchabas a la niña Rosarito…? Y cuando Águeda consideraba que lo que iba a decir podía considerarse algún perjuicio a ella o a su familia, suspendía su narración y terminaba con esta frase que se hizo proverbial entre sus amistades: “Cállate, boca, que después pagan Adona y Petra” …

EL JALEO EN CUMANÁ

CUDRO DEL NATURAL

A mi amigo, Federico Madrid Otero.

Todavía se divisaba en el poniente un rayo de luz brillante que arrebolaba las nubes más cercanas; y enfiladas, a manera de ejército de gigantes vestidos de azul y escarlata o de montañas ardiendo, mirábanse en el ocaso las figuras vaporosas que en la tarde se levantan de la inmensidad del océano para hundirse en el infinito del tiempo y el espacio.

La tarde iba a morir, la noche se acercaba presurosa; pero había luz en los contornos de la ciudad y buen humor para las fiestas.

Los meses de mayo, junio, julio y agosto, desde la Santa Cruz, Madero Sacramento hasta Santa Rosa Patrona de América no pasan nunca desapercibidos para la espiritual Cumaná.

¡La Santa Cruz, el día en que nací! ¡Santa Rosa, el Santo de mi madre! ¡Qué recuerdos tan agradables para el que como yo ha llegado a la empinada cumbre de los cincuenta años, pudiendo derramar una lágrima de cariño y gratitud ante esa cuna y esa tumba!

Como venía diciendo en esos meses el chinchin del cuatro y el chiqui chique de las maracas se escuchaba por todas pares, sobre todo en las fiestas de guardar y más si es de noche y hay buena luna.

El cuatro y las maracas, la malagueña y la jota aragonesa cantadas en la soledad de la noche y a la clara luz de la luna, por más que se diga en contra, les dan a estos pueblos, de origen español, sabor andaluz y fisonomía castellana.

Yo también como cualquier parroquiano echo a vagar por las calles de la población en las noches de mayo pues todavía conservo el compás como músico viejo y algo de mi genial vocación y alegría por las fiestas y el baile.

Esta natural inclinación de mi juventud me proporcionó en tardes pasadas el rato agradable de encontrarme en un jaleo de parroquianos, al aire libre, sin cortinas, floreros, muebles ni cosas parecidas, sino un ture para el que tocaba el cuatro. ¿Y para el maraquero?

¡Ah oficio muy condenado!

A todos les dan asiento

Y el maraquero parado¨.

El pueblo ama más espontáneamente a la naturaleza que al arte. Por eso canta, toca y baila al aire libre; y aspira con más gusto el aroma de las flores de la pradera, que el perfume que despide el tocador de la culta parroquiana.

Acerquéme a Pepa que es moza de mucha sal, y le dije muy contento. ¡Como que están bailando! Y me retrucó endilgándome también la suya ¿Cómo que sí están bailando, y no escuchas las maracas?

A la verdad, el jaleo estaba en lo más recio y bullicioso de la diversión. Juana bailaba con Patricio; Antonia, con Andrés; Luisa, con Tiburcio; Manuela, con Mamerto; Clotilde, con Mateo; y oíase de vez en cuando, al son del cuatro y las maracas, las voces de trovadores populares que alternaban en inspiradas trovas populares, y alegraban los contornos de aquella fiesta primaveral.

Tiburcio estaba sin sobrero ni zapatos, de blusa azul y pantalón gris suspendido hasta las pantorrillas; Mamerto llevaba sombrero margariteño nuevo, a la moda decadente, es decir, el ala levantada adelante y de modo inverso hacia atrás, una alpargata en el pie derecho y el izquierdo al aire libre, el color del pantalón y la camisa estaba velado  por el polvo de la zalagarda; Luisa bailaba de enaguas  encarnadas y un paño de motas por los hombros; Manuela tenía el pelo suelto sobre su robusta espalda y un ramillete de flor de mayo sobre la sien izquierda: Clotilde de enaguas cortas y chupín ajustado rigurosamente al flexible talle, daba vueltas y revueltas, brincandito con su pareja, como queriendo hacer del jaleo una polca de buen tono. ¡Allá van Juana y Mateo y los demás! Llenos de contento y mareados por l música y el rítmico movimiento, parece que han perdido hasta los sesos.

De pronto la música cambia de compás y tono, paralízase el jaleo. Los danzantes quedan tomados de las manos y Luisa y Patricio salen, como quien dice, a la palestra, y bailan separados uno de otro en singular cuadrilla. Luisa toma con la punta de los dedos sus enaguas y las agita, a izquierda y derecha, como agita sus alas una mariposa encarnada; Patricio aviva el movimiento, toma diversa posiciones, zapatea y quiere como un acróbata levantarse sobre el nivel de la concurrencia.

¡Bomba del galán para la dama!  grita Andrés entusiasmado; y Patricio no se hace esperar. ¡Allá va!

Luisa, por calmar sus celos

Para calmar tus enojos

Por el azul de tus ojos.

Oyese un confuso murmullo de aprobación; el chinchín del cuatro sigue en monótono consorcio con el chiqui chichique de las maracas; Patricio y Luisa en baile singular, unas vedes cogidos de las manos y otros separados, ya de frente, ya de espaldas, ya a la derecha, ya a la izquierda, continúan bailado como movidos por una corriente eléctrica.

El verso ha llamado la atención de los concurrentes; todos les forman cerco a los bailarines y oyese una nueva voz que grita. ¡Bomba de la dama para el galán! ¡Y allá Va!

Patricio desde hace años

me juraste eterno amor

mi tempo y los desengaños

matan hoy mi corazón.

¡Ese es mucho gallo! Grito Tiburcio, a quien sus compañeros llaman Pataruco por lo pesado en el baile.

El entusiasmo moría en brazos de la tarde; el fastidio comenzaba a apoderarse de la concurrencia, como juzgo que comienza a apoderarse ya de mis actores y el cansancio puso término a aquella honesta diversión.

Sonaron las campanas de la Santísima Trinidad de Altagracia, los niños salían de oír la doctrina cristiana.

 

1850-1927    

ALEJANDRO VILLANUEVA


 

SUCRE

¡Miradle! ¡Es él! La Patria reverente

Eterniza en el bronce su memoria,

Ayacucho es el nimbo de su gloria,

Su augusto pedestal, un Continente.

El sol de libertad brilla esplendente

En el cielo sin fin de su victoria;

Que ese Titán de inmaculada historia

El numen es de la patriota gente.

Mas, ¡Oh sarcasmo de la cruel fortuna!

Roto su cetro por la suerte impía

¡Repúblico inmortal, mira tú cuna!

¿Qué fue de tu altivez, su bizarría?

Esperad: que ya vuelven una a una

Todas las glorias de la Patria mía


LOS ALMENDRONES

Adornan el dintel de mi casita

Dos almendrones que el placer sembró,

El uno joven de frondosas ramas

El otro viejo como lo estoy yo

Sentado junto a uno me estoy riendo

Viendo del mundo el peregrino afán:

Que el uno es grande, porque el pan le sobra

Y el otro es chico por faltarle pan.


UNA ORACIÓN

Llegué a tu casa con la alforja a cuestas

Del peregrino que camina en pos

De una esperanza y mendigué a tus puertas

Una limosna, por amor de Dios…

Y me diste la espalda en mi camino

Sin dolerte, mujer, de mi aflicción,

¡Cuánto hay que desprecian al mendigo

¡Y llevan en los labios la oración…!

acuérdate

Llegué a tu casa con la alforja a cuestas

Del peregrino que camina en pos

De una esperanza, y mendigué a tus puertas

Una limosna por amor de Dios.

Y me diste la espalda en mi camino,

Sin dolerte, mujer, de m aflicción;

¡Cuántos hay que deprecian al mendigo

Y llevan en los labios la oración.


CANTARES FORENSES

Vuelvo hoy a mis cantares,

A mis cantares de ayer

Para amenizar el ocio,

Para mejor proveer.

Si el verso es claro y sencillo

Y el poeta es un incauto,

Ten entendido, amor mío,

 

Que el verso así es un auto.

Si el verso dice: “te amo”

Y se turba tu inocencia,

Ya no es auto es otra cosa,

Es más bien una sentencia.

Si te sientes agraviada

Y pasa la noche en vela,

Tienes un recurso entonces:

Tranquilízate y apela.

Pero te advierto, no dejes,

Esto no es saber ni ciencia

No dejes, te lo repito

Transcurrir la quinta audiencia.

Pues Casación ha resuelto

Del año pasado en mayo,

Que quien a tiempo no apela

Se conforma con el fallo

Si un abogado te dice:

Tomas, Petra, Corazón,

Porvenir y matrimonio,

Ya esto es causa en relación.

Adviérteselo a tus padres,

Con oír no te conformes,

Para que le fije audiencia

Y pronto lo llame a informes.

En el Código Penal

Jamás he encontrado escrito,

Para bien de los que se aman,

Que el amor sea un delito.

Ni puede serlo tampoco;

Será porque así lo siento:

Un amor es, a lo sumo,

Cuestión de procedimiento.

Un soltero o divorciado

Es al fin de la charada,

Un juicio contradictorio,

Sentencia ejecutoriada.

Y un viudo que tenga ganas

De casarse y se presente

A una mujer subyúdice

Es una herencia yacente.

Ahora bien; tu eres hermosa

Eres de privada acción

Buen acervo hereditario,

Una herencia en transacción.

Lo que soy yo no me asusta;

Que lo diga un abogado:

Una causa sentenciada,

Un expediente archivado.


LA ORACION

Abandona tus juguetes

y ve a la iglesia a rezar

la inocencia es flor preciosa

que adorna siempre el altar.

¡rezar! ¿A quién se reza?

Rézale, mi bien, a Dios;

La oración cuando es sincera

Fortalece el corazón.

María llena de gracia

Hincada al pie de la cruz.,

Reza también al Eterno

Como vas a rezar tú.

La oración es para el alma

Bálsamo consolador

Para la inocencia es, niña,

Lo que el aroma a la flor.

Para el náufrago, la esperanza;

Para el moribundo, fe;

Caridad para el que pide

Una limosna, mi bien.

Hoy es día de tu santo,

Día para ti de flores,

De música, de perfumes

Y de pájaros cantores.

Yo soy pájaro que canta

En la tarde de sus días,

Sobre una rama ya seca

Del árbol de la alegría.

Pídele a Dios que mis años

Para bendecirte alargue;

¡Dios te bendiga en el cielo

¡Como en la tierra tu padre!


FLORES Y PÁJAROS CANTARES

Las flores tienen su nombre

Su nobleza y jerarquía;

Su reino es la primavera,

Su palacio la poesía.

Las rosas son siempre reinas

Las camelias son princesas

Las diamelas, cortesanas,

Las margaritas, marquesas,

Tienen funciones de gala

Y reuniones de palacio

En donde cantan los pájaros

Que atraviesan el espacio

Madreselvas, lilas blancas

Velo de novia y jazmín

Forman el manto precioso

De la reina del jardín

Las flores también se casan

Con las otras del vergel;

La azucena con el lirio

La rosa con el clavel

Lilas blancas, azucenas

Azahares de la China,

Que perfuman el ambiente

De la pradera vecina.

Madreselvas trepadoras

Y naranjos florecidos

En donde los azulejos

Cantan y forman sus nidos.

Ya se va la primavera

Que fecunda vuestros tallos

De sus primores apenas

Quedan lánguidos desmayos

Canta el pájaro en la rama

Donde ha formado su nido,

¿Qué mucho que yo a ms años

¿Esté cantando en el mío?

El desengaño nació

Donde mi esperanza estaba;

“Mañana me muero yo

Y para mí el mundo acaba”

Ramón Badaracco

 

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