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Manuel Montobbio: Centralidad y el (re)ascenso global de china

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Dice la maldición china que ojalá no te toque vivir tiempos interesantes: vivimos los tiempos del (re)ascenso global de China, y constituye este uno de los fenómenos definidores del cambio de era y de tiempo que estamos destinados a contemplar y vivir en el transcurso de nuestras vidas. ¿Ascenso global, o retorno a la centralidad que, salvo un breve paréntesis, ha definido su posición en el mundo? Tiene este ascenso o retorno una dimensión económica y geopolítica, como lo tiene el ascenso de toda potencia hegemónica en el sistema internacional, con la diferencia de que aglutina, como no había sucedido con las anteriores, en torno a un quinto de la población del planeta; mas también una paradigmática, civilizacional y cultural, de conformación, en definitiva, de un mundo policéntrico, interpretable desde cosmovisiones distintas.

Cosmovisiones reflejadas en la concepción de la política y del mundo. De la política, pues, frente a la polis en que vivimos desde La República de Platón y la Política de Aristóteles –que conlleva, necesariamente, otras polis y la relación entre ellas, la distinción entre política interior y exterior–; vive la tradición china en la Tianxia que Confucio, Mencio, Mozi, Xunzi o Huanfeizi concibieron como la unidad de gobierno natural de los seres humanos. Tianxia: todo bajo el cielo, seres que bajo él habitamos. Lo que tiene como corolario que la labor y reto del pensamiento y la acción política sea la de superar los gobiernos o unidades políticas territoriales para desde ellas construir o contribuir al gobierno de todo bajo el cielo, y el orden natural de las cosas fuera la existencia de un Gobierno mundial junto y sobre los gobiernos territoriales. Del mundo, como refleja el proceso de búsqueda y propuesta para la reformulación de la Teoría de las Relaciones Internacionales que ha tenido lugar en China, que recurre a la obra de las grandes figuras de la Filosofía política china anterior a la unificación Qin y a Las estratagemas de los reinos combatientes para extraer conceptos útiles para la formulación o reformulación de la Teoría de las Relaciones Internacionales, desarrollada, en función de su relación con la Teoría de las Relaciones Internacionales elaborada en Occidente, en los enfoques anverso, reverso e interactivo, que recurren respectivamente a un sistema conceptual chino, a ésta o a un diálogo intercultural que aplica simultáneamente marcos conceptuales autóctonos y extranjeros; y que cuentan respectivamente con las figuras y teorías referenciales de Zhao Tingyang, Yan Xuetong y Qin Yaqin, que explico en mi libro Ideas chinas. El ascenso global de China y la Teoría de las Relaciones Internacionales, al que remito al lector interesado. Ideas útiles para la comprensión y aprehensión del sistema internacional, como las aportadas desde el mundo académico chino en otras ciencias sociales y ámbitos de conocimiento, concreción del paso de los “valores asiáticos” que proclamara Lee Kwuan Yew en reacción a la globalización unipolar a las ideas asiáticas. Y, sin embargo, no basta con conocer y dialogar con las ideas, sino que la centralidad de China, cuya alma está enraizada en una tradición, una trayectoria civilizacional distinta, el mundo policéntrico en conformación, nos requiere para su comprensión y aprehensión ir más allá, hasta los paradigmas subyacentes y el lenguaje-pensamiento.

Relaciones entre legitimidad, representación y democracia

Más allá, en el plano de la construcción de la legitimidad política y de la relación entre ideas y poder. Ideas que a su vez reflejan metaideas y paradigmas subyacentes, a los que procede aproximarnos en el qué y en el cómo. Qué de la legitimidad, el poder y la vida en sociedad, desde la contraposición como sujeto colectivo entre la Tianxia y la polis, a la idea de República o las relaciones entre legitimidad y representación y democracia, o entre ésta, la economía y el mundo[1]. Cómo a repensar a la luz de las lecciones que nos ofrece la Controversia de los Ritos, ese intento único de Matteo Ricci y sus sucesores jesuitas de compatibilizar la cosmovisión cristiana y occidental con la china. Se encontraron los jesuitas en China ante un mundo que, desde su perspectiva, encarnaba parte de lo que buscaban, que les hacía preguntas para explicarse y explicar lo que pudiera ser una res pública perfecta que, en tiempos de imposición en Europa de la razón de Estado, hacía del arcano del Imperio  la legitimación del Estado a través del comportamiento ético de los gobernantes en interpretación del Mandato del Cielo y la mediación entre la naturaleza y el Cielo, identificado éstos el Dios cristiano con el Señor del Cielo. Pregunta, sobre todo, sobre la compatibilidad de la Filosofía confuciana inspiradora de los ritos y actos chinos con la fe cristiana que entre ellos quería promover, y la necesidad y posibilidad de flexibilización interpretativa que pudiera hacerlo posible. Esfuerzo acomodaticio, cuestionado por otras órdenes religiosas asentadas en China con vocación igualmente misional, que llevó a la conocida como “controversia de los ritos”, que planteaba de hecho una triple cuestión: sobre si se debería permitir a los cristianos chinos seguir practicando los rituales de honra a los antepasados (controversia de los ritos); sobre cómo presentar palabras clave como el Dios cristiano en la lengua china (controversia de los términos); sobre si los mandarines chinos cristianizados podían seguir practicando en el templo los rituales en honor a Confucio que formaban parte de sus funciones (controversia del templo). Como nos señala Lanxin Xiang en The Quest for Legitimacy in Chinese Politics. A New Interpretation (2020), si reemplazáramos los términos de entonces por los definidores de la universalidad occidental de hoy como individualismo, derechos humanos, democracia, contrato social o Estado de Derecho, podríamos encontrar una iluminadora similitud con las preguntas que cabe plantear y se plantean en la interlocución occidental con China.

Más allá todavía, rompiendo la cuerda invisible que nos mantiene atados a nuestro lenguaje-pensamiento, para pensar lo impensado, para pensar/repensar los conceptos fundamentales de nuestra Filosofía, nuestro pensamiento, a la luz, contraluz o contrapunto/perspectiva del pensamiento chino; y a partir de ello repensar, pensar sobre el tronco en que se asientan esas ramas, el fundamento último del sujeto frente a la situación, la verdad frente a los recursos de sistemas de pensamiento, las prisiones o condicionamientos del lenguaje desde el que pensamos y aprehendemos y expresamos el mundo y la vida, la construcción en común de la universalidad común, la concepción misma de la universalidad.

No se trata de pasarnos de una a otra lógica, inscribirnos en una línea de pensamiento en lugar de en la otra; sino de tomar una distancia, hacer un desvío, poder desde ella contemplar nuestro propio lenguaje-pensamiento, ponerlo en tensión; y desde esa tensión, en esa tensión, pensar lo impensado, desviarse del terreno balizado de nuestra propia tradición filosófica y cultural, apartarnos del camino y adentrarnos en el bosque, sondear lo no sondeado, explorar lo inexplorado. No podemos salirnos de nuestra propia lógica, de nuestro lenguaje-pensamiento, sin entrar en otra. Como podemos hacer con la china. Como podemos hacer con otras. Ni se trata, tampoco, de renunciar a la universalidad, sino de concebirla de nuevo: no como aquellos conceptos de una cultura o civilización que se universalizan, que se imponen a otros, o los substituyen; sino como lo común que conjuntamente buscamos en el fondo de cada cultura y lenguaje-pensamiento, en ese fondo de entendimiento común a lo humano que en el diálogo entre nuestros respectivos recorridos podemos descubrir o construir. Ni se trata de renunciar a la antropología clasificatoria de las diferencias de cada grupo, cada sociedad; sino adentrarse al tiempo en la Filosofía del distanciamiento, del desvío, desde afuera, para cada uno desde esa tensión, en ese entre, hacer crecer nuestras ramas para que se encuentren en el cielo, para aprender desde ellas a mirarlo y descubrirlo, a ver lo que hasta ahora no sabíamos ver. De pensar, frente al espejo del lenguaje-pensamiento del otro, lo que frente al nuestro no podemos o sabemos pensar. De no concebir cada cultura o civilización como un sistema cerrado cuyo guion para siempre escrito interpretamos, que nos exige una identificación identitaria; sino como uno de los recursos, de las fecundidades posibles que la evolución humana pone a nuestra disposición para ir más allá. En este mundo globalizado, en esta aldea global, podemos por vez primera ver todos los árboles del bosque, ver y vivir el bosque desde cada árbol, recorrer como savia cada uno desde las raíces a las ramas y, enriquecidos por esa experiencia, desde esa experiencia, avanzar hacia el cielo, y al tiempo hacernos conscientes del bosque por encima de los árboles. Únicamente desde otro árbol podemos ver el nuestro. Únicamente tras haber viajado, experimentado la savia del otro, podremos ver del todo el bosque. Únicamente desde la distancia, en la distancia, podremos alcanzar lo común, en el cielo encontrarnos, pintarlo tal vez[2].

Sitúa Tucídides el origen de la guerra del Peloponeso en el temor de Esparta de que “los atenienses se hicieran más poderosos, al ver que la mayor parte de Hellas se encontraba bajo control de Atenas”, lo que le lleva a declararle la guerra para evitar su superación como potencia hegemónica. Formulan a partir de ello los teóricos de las Relaciones Internacionales la “maldición de Tucídides”, según la cual el cambio de potencia hegemónica en el sistema internacional se da como resultado de una confrontación de ésta con la anterior, que conlleva una reconfiguración de la estructura y reglas de juego de éste. El ascenso global de China ha suscitado en el mundo académico, especialmente en el anglosajón, el debate de si implicará el cumplimiento de esa profecía, esa maldición, si conllevará necesariamente una confrontación entre la potencia hegemónica y la potencia ascendente, como bien nos plantea Henry Kissinger en On China (2011) cuando nos señala vías para su evitación. Puede cumplirse la “maldición de Tucídides” si pensamos como Tucídides, en términos tesis-antítesis-síntesis; mas no a partir de la asunción de la coexistencia del yin con el yang y su interacción positiva – en la que pueden coexistir co-tesis que conviven e interactúan armónicamente, y eventualmente se trascienden en una universalidad o paradigma superior -, de las ideas que desde China a partir de ésta se formulan. Y tan relevante puede ser lo que haga China como lo que no haga en el proceso de restauración cultural y retorno a la centralidad global en que está inmersa. Pues no necesariamente va a seguir ésta la lógica de ascenso y caída de las potencias hegemónicas precedentes, más propia de una visión lineal que cíclica de la Historia. Lo que no está en su lógica civilizacional e histórica, como la imposición universal de un modelo, o de su propia universalidad. Nos decía Sun Tzu que el buen general es el que obtiene victorias sin tener que dar batallas.

Al preguntarnos qué ideas frente a las ideas chinas, qué reacciones, reflexiones y retos frente a su centralidad, se nos plantea el reto, también, de asumir las consecuencias e implicaciones de todo ello en su doble dimensión exterior y referencial. De afrontar lo exterior y lo global repensando y pensando el mundo, la conformación del sistema y el orden internacional y su transformación, de conformar nuestra visión, como España y como Unión Europea. Temáticamente, pues la relación con China abarca todos los temas y todas las áreas geográficas, y a todos los actores y foros de la Sociedad Internacional. Pues resulta relevante para procurar los bienes públicos globales, para la navegabilidad y navegación de la nave espacial Tierra destino futuro; y lo resulta en América Latina, en África o en cualquier otra área geográfica de interés para España y para la UE, en el sistema de Naciones Unidas, en las organizaciones internacionales globales y regionales, y en nuevos foros internacionales en los que nos relacionamos con China o que se relacionan con China, como el G20, los BRICS+, el G7 o APEC. Y diplomáticamente, pues, así como China ha conceptualizado y estructurado sus relaciones exteriores en categorías, entre las que la de mayor nivel es la de la Asociación Estratégica Integral que tiene con España, cabe también preguntarse por su conceptualización y estructuración desde la perspectiva de la Política Exterior de España y de las relaciones internacionales de España en su conjunto, por la conceptualización y estructuración de nuestra Política Exterior; pues es en definitiva desde esta perspectiva que adquiere su sentido y potencialidad, que cabe orientar su navegar. ¿España, o la Unión Europea? España a través de la Unión Europea, como Unión Europea. Pues si alguna posibilidad tenemos los españoles y europeos –y Occidente en su conjunto– de seguir siendo una de las potencias co-decisoras o decisivas en el sistema internacional y de gobernanza global en el horizonte de declive de nuestro peso relativo frente a los emergentes emergidos, tal es la de ser como Unión Europea, consolidar la actoría internacional de ésta como tal. Y difícilmente podrá ser si no es frente a China, esa China a la que la Unión Europea califica al tiempo de socio estratégico, competidor y rival sistémico. Frente a China, en China se construye Europa: que se construya y cómo se construya en ella está destinado a constituir un factor esencial de lo que será o no será Europa y en la consolidación de la actoría internacional de la UE. Y es así en dicha perspectiva y dimensión de construcción europea que debemos necesariamente abordar la reflexión de nuestra relación con China.

La centralidad de China, el mundo policéntrico que conlleva, nos lleva a preguntarnos, también, por nuestro propio centro, su conformación y sustancia, especialmente en estos tiempos de visiones discordantes al otro lado del Atlántico; y nos plantea, a Europa y a los europeos, la responsabilidad de sostener y articular un centro y una centralidad que gire en torno a los valores, principios e ideas que inspiran la construcción europea y los estados democráticos y de Derecho, del bienestar y la solidaridad y las sociedades abiertas que hemos venido construyendo.

Nos lleva, en fin, a repensar la universalidad, la identidad, la cultura y los espejos en que nos contemplamos en el Callejón del Gato, y a preguntarnos por la salida. El nosotros de la humanidad y del planeta, como nos planteaba el Papa Francisco en sus Laudatio si y Fratelli tutti. Nos plantea, también, el reto de repensar las ciencias sociales y sus paradigmas subyacentes, desde el etnocentrismo de la Teoría de las Relaciones Internacionales a las externalidades de la Teoría Económica. De comprender las mutaciones del poder y su qué, quiénes, cómo, por qué y para qué. De no plantearnos la Tianxia y la polis como contrapuestas, sino complementarias. De repensar, en definitiva, nuestro pensamiento, nuestra Filosofía, que es, como nos señala Steiner en The Poetry of Thought, un tipo de narrativa, de relato explicativo; más no el único posible. Se nos plantea el reto de construir una metanarrativa o de la comprensión mutua de las diferentes narrativas posibles. No sólo vamos a un mundo policéntrico, sino también y al tiempo polinarrativo. Reto de llegar a una teoría, un discurso, una visión común de los retos y necesidades de la navegabilidad y navegación de la nave espacial Tierra destino futuro desde las diferentes narrativas posibles y sus ritos. De construcción de orden político interno y su gobernanza y del orden internacional y la gobernanza global sobre la base de la idea de la legitimidad y la acción compartida. Pues sólo desde ella podremos verdadera y efectivamente afrontar su navegabilidad y navegación.

Notas:

[1] Para un desarrollo explicativo al respecto, vid. Manuel Montobbio, “Reflexiones sobre el ascenso global de China”, en Revista de Occidente, nº 505, Junio 2020.

[2] Para un desarrollo explicativo al respecto, vid. Manuel Montobbio, “Romper la cuerda, explorar caminos, intentar vivir”, en La maleta de Portbou, 67, Noviembre-Diciembre 2024.

Diplomático, escritor y Doctor en Ciencias Políticas. Autor de Ideas chinas. El ascenso global de China y la Teoría de las Relaciones Internacionales.

 

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