pancarta sol scaled

Gerson Revanales: Las debilidades de la Celac y los BRICS

Compartir

 

La Comunidad de Estados Latinoamericanos (Celac) y Brasil, Rusia, India, China, Suráfrica (BRICS) junto a los más nuevos miembros enfrentan desafíos considerables para “concretar” plenamente sus objetivos de reformar el orden global. Las dificultades para consolidar estos bloques alternativos a los organismos multilaterales tradicionales se deben a una combinación de obstáculos y problemas estratégicos, internos, estructurales y retos externos, que limitan su consolidación (BRICS y la Celac). El primero de los problemas es la falta de cohesión y heterogeneidad entre sus miembros es, quizás, el mayor lastre de ambos grupos: Los BRICS agrupan a gobiernos con ideologías políticas extremadamente diversas, desde gobiernos de izquierda hasta democracias, pasando por monarquías absolutas, no constitucionales y repúblicas teocráticas.

Esta diversidad se traduce en intereses contrapuestos en temas claves como la política exterior, la democracia y los derechos humanos. Ejemplo de ello, es lo difícil de lograr un consenso sólido en la Celac cuando hay visiones diametralmente opuestas sobre la situación política en alguno de sus miembros o la relación con Estados Unidos. Por su lado, los BRICS, pese a compartir el objetivo de desafiar el orden occidental, sus miembros tienen rivalidades históricas y prioridades económicas dispares. En el caso de la rivalidad sino-india, la desconfianza mutua y las disputas fronterizas entre China y la India, ponen en peligro la paz regional y limitan una cooperación militar y política profunda, y a menudo obligan al grupo a adoptar posiciones diluidas.

A la par de la falta de cohesión y heterogeneidad (Internos)., juega, la asimetría económica, la enorme influencia económica, como es el caso de las inversiones chinas que pueden hacer que la cooperación se sienta, para los demás miembros, más como una dependencia que como una alianza de iguales.

Un segundo factor son las debilidades Institucionales y Financieras. Aunque se han creado los organismos e instituciones, estas aún no tienen el peso ni la profundidad de las que buscan desafiar; es el caso del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) de los BRICS: Aunque es una realidad, el NBD aún no tiene la misma capacidad financiera, la experiencia regulatoria o el capital de confianza de instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI), sus capacidades para prestar y responder a crisis globales son limitada.

Los anteriores problemas se agravan por la falta de estructura de la Celac y de los BRICS, los cuales carecen de una estructura institucional fuerte y permanente, como un parlamento o una comisión ejecutiva con poder decisorio (a diferencia de la UE). Sus decisiones a menudo son solo declarativas y requieren ratificación individual, lo que las hace lentas y poco vinculantes.

El tercer factor es el peso del sistema financiero global (Retos Externos) caracterizados por la hegemonía del dólar. La mayoría de las transacciones comerciales globales y los préstamos internacionales se realizan en dólares estadounidenses. Esto obliga a los miembros del BRICS y la Celac a mantener reservas de dólares para comerciar e invertir. La carencia de una moneda dura, representa un desafío para los BRICS. La desdolarización es un objetivo del BRICS, pero crear un sistema de pago global alternativo requiere confianza, liquidez y tiempo, algo que no se logra de la noche a la mañana. A pesar del descontento político, el Mercado Único de la UE y la economía de Estados Unidos siguen siendo los mayores y más ricos socios comerciales para la mayoría de los países de la Celac y BRICS (especialmente Brasil, Sudáfrica e India). Los incentivos económicos para mantener una buena relación con Occidente a menudo superan el ímpetu de la confrontación ideológica.

Pero el gran obstáculo es la falta de un proyecto ideológico unificado. A diferencia del bloque occidental (que se unificó, al menos históricamente, bajo la bandera de la democracia liberal y el capitalismo de libre mercado), estos nuevos grupos tienen motivaciones más variadas. Ambos están unidos por lo que no quieren (la hegemonía de EE. UU., con el modelo de 1945), pero les cuesta definir un modelo político o económico positivo y compartido que puedan ofrecer al mundo como alternativa.

Los miembros suelen priorizar su política interna y sus intereses bilaterales con las potencias tradicionales sobre los objetivos colectivos del bloque. Para mantener la unidad, estos bloques adoptan la doctrina de la “no interferencia” en los asuntos internos de otros Estados. Esto les libera de tomar parte, ante crisis democráticas o humanitarias internas (por ejemplo, en la Celac) o coordinar políticas basadas en valores (en el BRICS).

La Celac y los BRICS no terminan de despegar como bloques antisistema porque su objetivo principal no es derrocar el orden global de 1945, sino reformarlo para obtener un mejor trato dentro del mismo. Son una herramienta de equilibrio (balancing act), no una alternativa total, por las siguientes razones clave: El costo del reemplazo es demasiado alto; son un desafío de poder, no de sistema; El BRICS no busca reemplazar el capitalismo o la globalización; busca un mayor reparto del poder de decisión en las instituciones financieras (FMI, Banco Mundial) y más poder de veto en la ONU. No son “antisistema”, son “anti-hegemonía occidental”; Reemplazar la arquitectura financiera global dominada por el dólar y el sistema de seguridad occidental (OTAN) requeriría una integración económica y militar profunda y una confianza que los miembros BRICS y de la Celac simplemente no tienen entre sí. El costo de esta ruptura para su prosperidad nacional es prohibitivo. Cuando la supervivencia económica o la seguridad nacional de un miembro (sea Brasil, Suráfrica, México o la India) entra en conflicto con una declaración o un objetivo colectivo del bloque, el interés nacional siempre gana. El dinero y la seguridad priman sobre la ideología de un nuevo orden mundial.En esencia, estos bloques son foros de protesta y colaboración selectiva que permiten a los Estados emergentes negociar colectivamente y explorar alternativas de financiación, pero que se disuelven cuando la “realpolitik” a lo Henry Kissinger, les exige priorizar sus relaciones bilaterales con las potencias tradicionales.

 

Traducción »