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Italo Zapata: La diplomacia del cinismo frente al hambre de Venezuela

 

​En una nueva demostración de desconexión absoluta con la tragedia nacional, la vocería del régimen venezolano, Delcy rodríguez, se traslada a Roma para participar en el Foro Mundial de la Alimentación de la FAO. Resulta inadmisible —y representa una abierta provocación al dolor colectivo— que quienes han convertido la alimentación en un instrumento de sometimiento político pretendan erigirse en referentes internacionales de soberanía e inclusión alimentaria.

​Para el pueblo venezolano, este viaje no es una representación diplomática; es una burla impune.

​Mientras en los salones de Europa se pronuncian discursos maquillados y cifras artificiales, en los hogares de Venezuela la realidad se impone con crueldad cotidiana:

​La pulverización del salario y el trabajo castigado: El salario mínimo en Venezuela dejó de cumplir su función constitucional para convertirse en una cifra simbólica que insulta la dignidad del trabajador. Con ingresos que no cubren ni una fracción testimonial de la canasta básica alimentaria, la familia venezolana ha sido empujada a una economía de subsistencia, bonificación precaria y desesperación.

​El exterminio silencioso de jubilados y pensionados: Quienes dedicaron su vida entera al desarrollo del país hoy enfrentan un esquema de exterminio progresivo. Sin acceso a medicamentos, con pensiones de miseria que no alcanzan ni para un día de alimento y privados de seguridad social, nuestros adultos mayores sufren el castigo de un Estado que los arrojó al olvido.

​Pobreza extrema y vulnerabilidad nutricional: La desnutrición infantil y la inseguridad alimentaria severa no son consecuencias involuntarias de un contexto adverso, sino el resultado directo de políticas públicas destructivas, la corrupción sistémica y la destrucción del aparato productivo nacional.

​Proclamar “avances alimentarios” en foros multilaterales mientras la mayoría de la población salta comidas o depende de la caridad y la remesa es un acto de cinismo insostenible. La alimentación es un derecho humano fundamental, no una dádiva condicional ni una consigna propagandística para el consumo externo.

​Desde Poder Ciudadano, denunciamos con vehemencia esta diplomacia de la simulación. La verdadera evaluación de la gestión de un gobierno no se mide por sus discursos en la FAO, sino por la mesa vacía de los ciudadanos a los que pretende gobernar. Exigimos el cese de la manipulación, el respeto a la dignidad del trabajador y la adopción urgente de medidas reales que detengan el empobrecimiento sistemático de la sociedad venezolana.

​No hay diplomacia posible que pueda encubrir el hambre de un pueblo.