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Eligio Damas: El 12 de octubre, para nosotros no debería ser de fiesta, más después del 3 de enero

 

El 12 de octubre de 1492, vuelve a recordarnos el proceso de destrucción, desfase, como le llamó Darcy Ribeiro, de un proceso cultural, de un mundo o sociedades distintas a las de Europa, lo que implicó la muerte de millones de inocentes y también férreos combatientes, para impulsar el desarrollo capitalista en marcha en el llamado “viejo” continente. ¿En verdad, cuál de ellos es más viejo? ¿Cuál se formó primero? ¿Dónde se originaron los primeros hombres?

Fue aquello un atraco, un apropiarse del espacio al cual habían llegado y recibido por humanos, sus dueños y hasta atendidos con dignidad y bondad, pues las riquezas de estos fueron llevadas a Europa durante una muy larga etapa. Aquel descarado robo, sustentado en la falsa idea que era derecho y propiedad de los recién llegados por superiores, implicó hacer florecientes las economías de los países invasores. La llamada América, sus pobladores, los salvajes, fueron expropiados de sus riquezas, recursos, bajo el sustento del mundo “descubierto”, por los superiores europeos.

La historia ha desdibujado aquello del “descubrimiento”, una concepción supremacista, de un espacio al cual hasta le impusieron nombre, América, en honor a Américo Vespucio y dado a Europa, explicaciones falsas acerca de un mundo que existía paralelo al suyo, con diferentes culturas en proceso de crecimiento, con sus derechos, tal como los concebían los europeos en sus propios espacios. Ha quedado demostrado que los gobernantes europeos, inventaron la condición de inferiores, animales, para justificar su posterior rapacidad y persistentes genocidios durante el proceso de conquista de culturas que, en principio, se mostraron amistosas, dignas y dispuestas a relacionarse con aquellos aparecidos de “otro mundo”. Por esto pareció, en principio, adecuado y más humano, haber hablado de “encuentro de dos mundos”; pero esto terminó siendo también desechado por ser un mero gesto hipócrita, destinado a suavizar o humanizar la salvajada europea de la “conquista”, derivada del “descubrimiento. Pues tampoco hubo tal encuentro; si un desfase, un atraco, cacería, pues estuvo acompañado de una matanza descomunal de seres humanos.

Ahora se ha hablado de la resistencia indígena, con más propiedad y no de aquella manera cursi y alcahueta de “día de la raza”. Aunque sería más acertado, hacerlo como el momento que marca el inicio del mayor genocidio de la historia. Deberíamos hablar del día que da inicio el mayor genocidio, atraco y despojo de la historia de la humanidad.

Pero tiene significación lo de la resistencia, porque la conquista del territorio que fue llamado americano, en muchos espacios fue larga y demasiada cruenta. En el caso venezolano, entre el día del arribo de Colón a Macuro, oriente venezolano y el inicio de la colonización, transcurrieron más de 200 años, invertidos en destruir nuestra población indígena y toda su cultura y robar grandes recursos. Un proceso donde los pueblos indígenas resistieron con fiereza, heroísmo y dignidad.

Cuando el conquistador usó la mujer indígena o esclava, por razones culturales, lo hizo mediante la fuerza y la imposición. De manera que, los mestizos genéticos, lo fueron como resultado de la fuerza.

Los conquistadores de este espacio, impusieron la lengua y la religión a latigazos y tortura, olvidando que los árabes, quienes dominaron antes a España por ochocientos años, jamás incurrieron en barbaries como esas; más bien, pese a tener el control militar de la zona, fueron excesivamente respetuosos de los valores culturales, entre estos la lengua y religión. Expulsados los árabes de España, allí se mantuvo el predominio de lo que ahora llaman español y el cristianismo. Las mezquitas árabes, como la de Córdova o el Generalife, no son más que museos, obras arquitectónicas que hablan del pasado. En cambio, nosotros resultamos una cultura mestiza más por la fuerza que por otra cosa.

Como dijese Darcy Ribeiro, en “El Proceso Civilizatorio”, aquí lo que hubo fue un “desfase”, un tren poderoso descarriló a otro de menor fuerza y robustez, que traía su línea y ritmo de desarrollo pertinente. Se exterminó en gran número la población originaria y riquezas inmensas descomunales, fueron saqueadas por el hombre “civilizado”. Se dañó a pueblos africanos, se les esclavizó en un mundo ajeno, y se fortaleció a Europa con el despojo de la riqueza perteneciente a lo que su cultura llamó América, otra versión del despojo. Europa robó descaradamente a los pueblos supuestamente descubiertos; como quien se encuentra algo en el camino.

“El desfase”, término usado por Ribeiro, para calificar lo acontecido, habla de la irrupción en un espacio y cambio de rumbo y ritmo de las culturas del mismo, por una fuerza más poderosa, para imponerse y al mismo tiempo para desfalcar.

Europa, usando la fuerza de las armas y la mala fe de su “civilización, a los habitantes del espacio invadido de diversas culturas, les negó su derecho humano y, si se quiere “hasta divino”, a desarrollarse de conformidad a sus deseos, capacidades, la normal y natural marcha de su proceso. Las “razas superiores”, de “cultura avanzada”, atracaron a los salvajes para poder salir de su estancamiento.

El proceso de conquista, el genocidio más grande que conoce la historia de la humanidad, condujo con posterioridad a involucrar a las culturas africanas, secuestrando hombre y mujeres, comprados cual mercancías, para trasladarlos a esta parte del mundo e implantar la esclavitud, rasgo ya desechado en Europa, como otra forma o manera dominante del modo de producción. Se humilló, golpeó y despojó al hombre de esta parte del mundo, de todos sus derechos y se hizo lo mismo con otros humanos, los africanos, implantándoles en aquellos espacios donde el conquistador, “el hombre culto” de Europa, acabó con toda la existencia humana original.

Las altas culturas americanas, como aztecas, mayas e incas, por sólo nombrar tres, formaban naciones; estaban en estadios superiores. Esta circunstancia favoreció los planes de los conquistadores, a quienes les bastó dominar los grandes centros de poder para llegar al control de aquellas sociedades todas.

Las culturas nuestras, del espacio que bautizaron como Venezuela, sobre todo las del oriente y parte del centro del país, eran predominantemente tribus dispersas, independientes unas de otras, en gran medidas recolectoras; no formaban naciones, lo que significa que no había poder centralizado, circunstancia que obligó al conquistador tener que enfrentar encarnizadamente a cada una de ellas, no ya para conquistarlas sino exterminarlas. Esto hizo que la conquista de nuestra espacio demandase más tiempo y, por supuesto, ocasionase mayor número de víctimas. Donde una tribu sometida, cercada y prisionera, solía soliviantarse y volver al combate con la misma fiereza. Circunstancias que se dieron en otros espacios del continente, al margen de aquellos de las grandes civilizaciones.

Por esas particularidades de nuestros primigenios habitantes, el enfrentamiento con el español fue de una violencia mayúscula y el nivel de criminalidad y abuso del conquistador llegó al extremo tal que no hay adjetivo adecuado para calificarlo.

Hablar de día de la raza, descubrimiento y hasta “Encuentros de dos mundos”, como sugerir una mezcla armoniosa entre europeos y los originales habitantes de esta parte del mundo, es una simple cursilería. Es más racional y justo hablar de la resistencia indígena, para exaltar el ejercicio y reclamo de un derecho por demás justificado, del hombre y la cultura primigenia. Aunque insisto que, en la mayor parte de nuestro espacio, llamado ahora americano, la cultura europea cometió un genocidio y descomunal.

Dejé para el final resaltar como, en la mayoría de las islas del Caribe, franceses e ingleses, exterminaron por completo la población indígena, bien asesinándola u obligándola a abandonar sus naturales espacios y repoblaron esos territorios con cautivos traídos del África como esclavos. No sólo se despojó a los primitivos habitantes de sus espacios, asesinó en masa, despojó de manera forzosa de sus valores culturales y riqueza material, sino que buena parte del pueblo africano también fue víctima del abuso y maldad.

El 12 de octubre es un día vergonzoso para la cultura europea y triste para nosotros, como para guardar luto. Es valedero el reclamo persistente de México, dirigido al rey de España, que pida perdón por el genocidio, la barbaridad y el descomunal despojo de las riquezas de América. Pero ese reclamo hay que hacerlo a otras partes o naciones de Europa, la que participo en el genocidio y el despojo, como Francia e Inglaterra.

¿Pero lo del 3 de enero, la violenta e ilegal intervención de EEUU en nuestros asuntos, con un disfraz deshecho, vulgar, que parece continuarse con la violenta irrupción en nuestro espacio por la apropiación de nuestros recursos, no es merecedor de la misma condena que, la historia de nuestros pueblos, definitivamente, dio a la injerencia europea, en lo que también ha sido llamado “el nuevo mundo”?