Mar de Fondo.
El régimen de Nicolás Maduro utilizó el petróleo venezolano para financiar el programa nuclear iraní mientras condenaba a nuestro pueblo a la miseria.
No fue mala gestión.
Fue un crimen deliberado para someter al pueblo venezolano por hambre y financiar al terrorismo internacional.
Durante más de veinte años, el chavismo usó al Estado como plataforma para lavar dinero, evadir sanciones y sostener dictaduras aliadas.
Miles de millones de dólares salieron del país mientras los hospitales colapsaban y familias enteras se desintegraban.
Cada barril enviado al contrabando fue una ración robada.
Cada fondo opaco, una escuela cerrada.
Por eso el Cártel de los Soles es tratado como organización terrorista, porque el régimen destruyó y saqueo a todo un país y se dedicó a traficar con los delincuentes más viles del planeta.
El delito no es solo financiero, es moral, fratricida y asesino.
Resulta repugnante comprobar que el país con las mayores reservas petroleras del mundo condenó a la gente pasando hambre por financiar la amenaza nuclear de otro régimen y robarse otra tajada del sucio negocio.
Venezuela no es cómplice. Es víctima.
La miseria fue una decisión política.
Y el mundo ya conoce a los responsables.

