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El libro “José Gregorio Hernández, biografía de la ejemplaridad” está disponible en PDF

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Prólogo del Dr. Fortunato José González Cruz

El Dr. José Gregorio Hernández es, él mismo, un milagro, y con muchos significados. Coincido con mi compañero en la Academia de Mérida el Dr. Mariano Nava quien afirma que: “Quizás su primer milagro haya sido haber podido tener una vida útil y productiva en aquella tierra bárbara y violenta de finales del XIX y comienzos del XX”. Venezuela ha tenido hombres y mujeres virtuosos en grado heroico, personas que han destacado en todas las épocas de la procelosa historia nacional; el Dr. José Gregorio Hernández reúne aspectos diversos que confluyen en él y lo hacen único, genial, polifacético, con significados propios y además oportunos.

Milagroso es haber vivido y formado en los tiempos trágicos de entre los siglos XIX y XX, en una Venezuela azotada por la pobreza, la ignorancia, las enfermedades y las tiranías, y que su elevación a los altares se logra cuando se ha producido una involución a circunstancias semejantes a las que le correspondió vivir. Milagro porque en el santoral católico es raro un laico a menos que sea mártir, y porque es rarísimo que se trate de un profesional, médico, profesor universitario, pionero en la investigación científica, miembro fundador de una Academia, autor de libros científicos y de filosofía; hombre alegre que bailaba, tocaba el piano y pintaba cuadros al óleo. Milagro porque con todas estas condiciones de hombre de mundo era un místico, bondadoso, amable y sencillo. Milagro porque la gente asumió su santidad en vida, y mientras la Iglesia se dilataba en un largo y lento proceso de reconocimiento de sus milagros bautizó sus hijos con sus nombres, colocó estatuillas y estampitas con su imagen en sus altares domésticos, en taxis y colectivos, en los hospitales y dispensarios, en las pulperías y negocios, y lo reprodujo libremente en imágenes conforme con la religiosidad popular.

Milagro porque la santería no logró desdibujar sus virtudes y hoy lo vemos con toda su pureza y siempre elegante, buenmozo, de rostro sereno y mirada dulce.

La Academia de Mérida ha querido hacer un homenaje al Dr. José Gregorio Hernández Cisneros y destacar algunos de los componentes de su maravillosa personalidad, de acuerdo con la vocación institucional de poner de relieve los más destacados valores humanos de nuestra nacionalidad, que en nuestro homenajeado comprende aspectos filosóficos, científicos y artísticos. Ya la Academia celebró una sesión solemne para resaltar sus virtudes como venezolano andino, nacido y educado en Isnotú, un pequeño pueblo trujillano, en el seno de una familia trabajadora, creyente y bondadosa que fue la fragua donde se templó el carácter prodigioso que lo impulsó hasta los altares. La Academia expresa el agradecimiento, de todos sus miembros, al Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo, uno de nuestros Individuos de Número, por haber impulsado con pasión, dedicación y fe la causa de su beatificación.

Los primeros años de José Gregorio Hernández transcurre en un hogar formado por Benigno y Josefa quienes habían huido de la violencia en los años de la atroz Guerra Federal, para formar su hogar lejos de la barbarie que los amenazó cuando vivían en Pedraza, la Vieja, en el llano Barinés. Llegaron a Isnotú a fundar un hogar con el sudor de su frente y allí nace y transcurre su niñez y adolescencia. Trujillo era tierra de caudillos, jefes militares dueños de vidas y haciendas, ambiciosos de poder y codiciosos de riqueza; muy pobre, plagado de enfermedades, analfabetas la gran mayoría de la población. Benigno y Josefa Antonia adquieren en la calle principal del pueblo una casa de techo de palma, paredes de tapia y piso de ladrillos. En la parte que da a la calle montan la pulpería “La Gran Parada”, poco más tarde separan los medicamentos para organizar una botica y luego convierten unas habitaciones en posada, que les fue suficiente para asegurar una existencia modesta y educar a su numerosa prole. Detrás estaban las habitaciones, corredores y el solar de los cochinos y las gallinas, las matas de café y una que otra de caña. En compañía de sus hermanitos la vida del niño transcurría de los aposentos a la cocina, de la pulpería al solar, del lejano pozo del riachuelo a las ramas de los mamoneros. Todos los días se rezaba el Santo Rosario, cuando se podía participaban en la misa en Escuque o en Betijoque, y recibía las lecciones de su bondadosa madre y de su tía María Luisa, ambas amorosas y preparadas, y de su trabajador y emprendedor padre. El maestro de la escuelita del pueblo, Pedro Celestino Sánchez, fue su primer instructor, un viejo marino cargado de historias de un mar lejano y fabuloso. Entonces escribió sus primeras cuartillas en un cuaderno que tituló: “Modo Breve y Fácil para Oír Misa con Devoción” y la “Novena a Nuestra Señora de las Mercedes”.

Pintura del Dr. José Gregorio Hernández realizada por el pintor Iván Ch. Belsky, la cual se encuentra en el museo del santuario de la población de Isnotú, estado Trujillo, Venezuela.
Pintura del Dr. José Gregorio Hernández realizada por el pintor Iván Ch. Belsky, la cual se encuentra en el museo del santuario de la población de Isnotú, estado Trujillo, Venezuela.

Estas notas prologales pretenden darle relevancia al ambiente familiar, que es donde se forma el carácter. Luego, viene lo demás, cuando aquel jovencito vuela hacia su destino. Luego, regresa al terruño a poner sus conocimientos médicos y su afán de progreso al servicio de sus paisanos, donde le sorprende el anuncio de una beca que hace posible su formación profesional en Europa. Intenta entrar a la orden de los Cartujos, luego al seminario, hasta que se convence de que como médico le servirá mejor a Dios en el cuidado de sus pacientes por lo que decide hacer de la medicina su sacerdocio.

La Academia de Mérida les solicitó a cuatro de sus distinguidos miembros la elaboración de sendos trabajos sobre el Dr. José Gregorio Hernández: El Dr. Ricardo R. Contreras elaboró un análisis del perfil científico, el Dr. Carlos Guillermo Cárdenas Dávila, del médico, el Dr. Mariano Nava Contreras, del filósofo, y el Dr. Wilver Contreras Miranda, del artístico. La Academia les agradece haber cumplido con maestría y experticia el encargo, mediante la elaboración de estos magníficos aportes para el mejor conocimiento de este singular santo y sabio.

El Dr. Wilver Contreras Miranda es un arquitecto experto en planificación urbana y destacado artista cuya obra la firma como Jesús de Luzam. Escritor prolífico de obras técnicas y también de poesía, ensayo, cuento y novela; sus pinturas son una explosión de colores. En su extenso y bien documentado trabajo le da rienda suelta a su estilo de escritor para pintar la imagen de Dr. José Gregorio Hernández, como él dice, desde lo frívolo y artístico, con la espiritualidad del autor, que le sirve de base. Nos ofrece un análisis de la fotografía de Nueva York para penetrar en la personalidad ya madura del beato. Lo ve a la moda de la época, con el traje negro que seguramente él mismo confeccionó, caballero elegante, de buen gusto, con sus manos ocultas “que no pide, sino que proyecta su pecho en alto, pareciendo ofrecer su alma al Dios y al mundo”, imagen repetida en todos los géneros artísticos. En esa fotografía, nos dice el Dr. Contreras Miranda, destaca que “Su rango de académico, científico, músico y artista de la pintura, exigían que un ciudadano de su talla, impusiera su figura y carácter que lo hacía regio, pero tras esa coraza de elegante porte, la humildad en su mirada y gestos de solidaridad ante los enfermos, sus alumnos y amistades, le exaltaban a todo lo contrario de lo que significaba la frivolidad y clasismo social”. A partir de ahí, nos describe al hombre alegre, bailarín que toca el piano con maestría en las tertulias familiares, entre amigos y colegas, uno que otro baile en los salones de las antiguas casonas coloniales caraqueñas que enternecía a las muchachas que sacaba a bailar hasta el amanecer.

Como pintor, señala el autor haber logrado en sus investigaciones conocer unas pocas obras al óleo y dibujos que evidencian los aprendizajes en educación artística, que se notan en sus dibujos del laboratorio como en sus oleos místicos. Como escritor nos ofrece una visión de su extensa obra literaria en libros, ensayos, cartas y lecciones que ponen al descubierto sus profundidades humanas y espirituales, como sus conceptos del arte. Se adentra en el hombre que también cocina y seguramente preparó algunos platos de la gastronomía trujillana y caraqueña, como la francesa, alemana e italiana. Dejo hasta aquí la reseña del excelente trabajo de nuestro compañero en la Academia y que los amables lectores lo degusten.

El destacado médico cardiólogo, profesor universitario, fino escritor y preocupado ciudadano Dr. Carlos Guillermo Cárdenas Dávila ofrece la visión del médico que se gana temprano la admiración de pacientes, alumnos y colegas por ejercer su profesión como un carisma franciscano, y de su empeño en atender las enfermedades que más azotaban a los venezolanos; la gran mayoría en la más extrema pobreza e ignorancia. Destaca el Dr. Cárdenas Dávila el aporte integral del Dr. José Gregorio Hernández, desde el estudio, la investigación, la docencia y la atención personal de los enfermos. No fue obstáculo su profunda espiritualidad para ser riguroso en la búsqueda de la certeza científica y profundizar e innovar en la investigación de las enfermedades infecciosas. El trabajo que elaboró el Dr. Cárdenas Dávila requirió tiempo, esfuerzo, investigación, consultas a expertos para ofrecer un resultado novedoso sobre la formación científica del Beato, de su papel pionero en el estudio, la investigación y la práctica de la medicina como de su profunda sensibilidad humana y la sólida fe que le ofrecía la figura de Cristo en cada paciente. Dice el autor que el Dr. José Gregorio Hernández “Atendió al paciente en su doble concepción de cuerpo y alma. El valor al ser humano con generosidad, a manos extendidas, con el calor que solo un hombre excepcional puede dar, lo concedió a diario en su misión del apostolado médico”. Este aporte del Académico Dr. Carlos Guillermo Cárdenas Dávila enriquece la literatura que permite conocer más y mejor a su venerable colega.

El Doctor Ricardo R. Contreras es un químico que ha profundizado en los estudios de la bioética, director de la Cátedra Libre “Juan Pablo II” de la ULA, nos ofrece un trabajo que titula “El beato Dr. José Gregorio Hernández Cisneros, científico. Una encrucijada entre la fe y la ciencia”, que comienza con una descripción del largo trayecto recorrido de 71 años de la causa de beatificación del Dr. José Gregorio Hernández, pasa a ofrecernos una síntesis de su periplo vital que incluye su genealogía para pasear al lector, en una interesante y fluida narración, a la cotidianidad de aquel niño, luego adolescente hasta alcanzar la madurez. Destaca la solidez de su espiritualidad puesta a prueba en el ambiente laicista e incluso ateo de la Caracas de entre siglos, atribuyéndole esas virtudes a la crianza familiar y en particular a la influencia de su tía paterna doña María Luisa Hernández, en las lecturas tempranas de los místicos y una espiritualidad comprometida con la forma de vivir, intensa, sencilla y profunda. A medida que refuerza su fe profundiza en el conocimiento científico. Dos preguntas se hace el autor para orientar toda la brillante exposición que sigue: “¿Cómo es que un hombre que es un creyente y católico practicante puede también ser un científico? ¿Cómo se explica que en su fuero interno no entre en contradicción el José Gregorio Hernández médico y científico, con el hombre de iglesia y terciario franciscano?”. Debe el lector seguir la fluida narrativa del Dr. Ricardo R. Contreras para encontrar las respuestas, a lo que contribuye el trabajo del Dr. Mariano Nava Contreras. Se apoya en una extensa bibliografía lo que hace de este laborioso ensayo uno de los mejores en la explicación de la calidad científica alcanzada por el Dr. José Gregorio Hernández y de su perfecta armonía con la bondad y la profunda espiritualidad de este ser excepcional.

El Dr. Mariano Nava Contreras es un erudito filósofo y filólogo, conocedor como pocos de los clásicos, que ha estudiado la filosofía del Dr. José Gregorio Hernández, “la mía, la que he vivido” como lo afirma el Beato en el prólogo de su libro “Elementos de Filosofía”. En su artículo “José Gregorio Hernández. Filósofo”, Mariano Nava afirma que la importancia de los textos publicados por el ahora Beato sobre filosofía y arte, que cita, radica “quizás, no tanto en lo que dicen sino, aún más, en lo que significan”. Destaca su carácter modernizador porque contribuye como pionero a lograr una síntesis entre la filosofía, incluso la teología y la ciencia que en aquel entre siglos se intentó elevar a verdad absoluta. “Fue un científico y un filósofo, un médico, un filántropo y un humanista, afortunada síntesis donde las haya. Y en tal sentido, fue un gran modernizador. Su fama en vida emanó de la ciencia y de la razón como de su piedad, pero una ciencia y una razón puestas al servicio de Dios y de los hombres. Por eso su culto surgió del pueblo a los altares y no al revés. En ese sentido, y a contracorriente, José Gregorio Hernández, su vida y su legado, son un caso particularmente venezolano. Era “una lumbrera” según nuestro Académico.

La Academia de Mérida se honra en ofrecer este homenaje a un hombre que expresa en su persona la naturaleza polifacética de la institución, integrada por creadores en las artes, las letras, las ciencias y la tecnología, con el propósito de promover la actividad artística, el conocimiento y la investigación, así como difundir las realizaciones alcanzadas en los distintos campos de la actividad del espíritu humano. El Dr. José Gregorio Hernández es ciencia y espiritualidad, cualidades destacadas de la merideñidad.

 

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