Mar de Fondo.
Nicolás Maduro y sus cómplices, enfrentados a una presión interna e internacional sin precedentes —con el Cartel de los Soles declarado como organización terrorista, ataques contra rutas del narcotráfico en el Caribe y la inminente expansión de operaciones militares a tierra— llamó a Trump con una lista de exigencias que retrataban su pánico.
Maduro pidió clemencia, suplicó amnistía total, borrón de todas las sanciones, protección para su familia, eliminación del caso en la Corte Penal Internacional y el perdón para más de un centenar de sus funcionarios involucrados en crímenes de lesa humanidad, narcotráfico y corrupción.
Incluso pidió que Delcy Rodríguez encabezara un gobierno interino.
Una propuesta que solo podía salir de un régimen que ya no negocia desde la fuerza, sino desde el abismo.
La respuesta del presidente Donald Trump fue tan breve como definitiva.
¡No! No habría amnistía.
No habría perdón colectivo. No habría transición tutelada por los mismos que arruinaron al país.
El presidente estadounidense le ofreció solo una cosa, que se rindiera y le dio una semana para que abandonara el poder que usurpa y se fuera de Venezuela.
Un salvoconducto mínimo, temporal y condicionado.
Maduro no lo tomó. Y el plazo venció.
Lo que vino después fue el golpe que terminó de estremecer a todo el regimen narcoterrorista de Maduro y su banda
Vino el cierre total del espacio aéreo venezolano anunciado por Trump y la convocatoria del consejo de seguridad reunido ayer en el Salón Oval de la Casa Blanca para acordar nuevas acciones.
Un mensaje directo al régimen de que el tiempo de las excusas y los atajos terminó.
El cerco se estrechó, la comunidad internacional ya no conversa con cómplices del crimen organizado, y Venezuela se aproxima al punto donde las decisiones cuentan más que los discursos.
Maduro llamó buscando una salida piadosa.
Encontró la confirmación de que ya no la tiene.
Y el país, después de tantos años de oscuridad, siente -por primera vez en mucho tiempo- que la historia cambió.
Que el que huye no es el pueblo, sino el dictador.
La cuenta final comenzó. Venezuela será libre muy pronto.

