Venezuela sigue cruzando uno de los más espinosos y tortuosos caminos hacia libertad y la democracia en su heroico historial, por el implacable yugo impuesto por una dictadura que solo entiende el lenguaje de la violencia, de represión y terrorismo de Estado.
Una tumultuosa autocracia, que sin ningún pudor, arrebató el soberano triunfo del pueblo expresado en las urnas el 28 de julio 2024, en la más desventajosa y condicionada contienda electoral que prácticamente aterraba a los electores opositores, y le abría el paso a las tramposerías y hegemonía dictatorial.
Y como los cálculos le fallaron porque el valiente pueblo y hasta los militares a su servicio, cansados de tantas mentiras y promesas incumplidas, les dio la espalda, para respaldar a la fórmula abrumadoramente ganadora de Edmundo González y la líder indiscutible, María Corina Machado, les pareció mejor alterar los resultados, y desconocer descaradamente el triunfo popular.
Como no pudieron probar tan grotesco fraude, no les quedó otra opción que sacar a la calle a sus verdugos de siempre, y a “los guapos y apoyados” colectivos, para callar las protestas que se produjeron en Caracas y en las principales ciudades del país.
Acto seguido, activaron sus laboratorios de guerra sucia, y su infaltable hegemonía comunicacional, de radio, Tv, redes sociales, para urdir las más grotescas narrativas de opinión pública, en “defensa de la patria, de la soberanía”, sin ni siquiera percatarse de la flagrante violación de las leyes electorales venezolanas, aprobadas por ellos mismos.
Volvieron apelar a su talante mitómano nazi-fascista de voltear la verdad, y de la conversión al país al revés, donde “lo bueno es malo y lo malo es bueno”, para difundir sus fechorías, y justificarse ante sus adeptos pesuvistas, de su aplastante derrota.
Pareciera que 26 años de indolentes penurias, y alevosa destrucción del aparato productivo y servicios básicos del país (salud, educación, agua, luz, salarios, comunicaciones) aparte, de los insolentes saqueos al erario nacional, como que no les basta, para respetar el soberano mandato popular del 28 de julio 2024.
Y ante la inminente abandono del poder, por la presión que ejercen los países democráticos del mundo liderados por los Estados Unidos y su emplazamiento bélico, vuelven enarbolar la defensa de la patria y apoyo popular conque ya no cuentan, a pesar de forzar al pueblo a marchar.
La ceguera que los abruma es de tal naturaleza, que se ufanan de hablar de la defensa de la soberanía nacional en apego a la Constitución Bolivariana de la República de Venezuela, buscando ser “más papistas que el papa”, es decir, más venezolanos que los nacidos en esta tierra de gracia, al proponer que se despoje de la nacionalidad a un grupo de auténticos compatriotas, ignorando, que el artículo 35 de la carta magna, lo prohíbe tácita y contundentemente, y que el impostor presidente, aún no presentado su partida de nacimiento como venezolano.
Ya es público y notorio, que a la ilegitimidad política, que los ha aislado internacionalmente, se suma una creciente presión desde el ámbito de la seguridad internacional, luego de que las autoridades estadounidenses designaran al Cártel de los Soles como una organización terrorista transnacional, identificando al presidente impostor e importantes miembros del entorno gubernamental, como los principales cabecillas.
Tampoco es un secreto, que paralelamente a esas acusaciones, Estados Unidos ha desplegado un amplio operativo militar en el Caribe dirigido contra los cárteles del narcotráfico de la región y principalmente, en Venezuela.
Más recientemente, el presidente Donald Trump confirmó, haber autorizado operaciones encubiertas de la CIA territorio adentro del país, lo que sugiere la posibilidad de acciones en tierra en contra de las actividades del mencionado Cártel.
Sabemos de sobra, que el rechazo mayoritario de los venezolanos a la tiranía es incontestable, mientras se profundiza la persistente crisis humanitaria en medio de una economía marcada por el estancamiento, una inflación de tres dígitos y la pulverización del bolívar, de los salarios y empleos en general.
La pregunta que se formulan los analistas políticos, y el preocupado pueblo venezolano, es: “Si Estados Unidos interviene en Venezuela y aplasta al régimen, ¿Qué vendrá después?” Difícil saberlo.
Y a pesar de que la mayoría de venezolanos se muestra contrario una intervención militar de Venezuela, ha entendido que para salir de la desgracia que padece y oprime a su pueblo, es necesario el apoyo convenido y comedido, de la ayuda militar internacional.
Algunos estiman que eso nunca va a pasar porque Estados Unidos está entrampado por la conciencia de sus acciones en el pasado. No son como los rusos, a los que las vidas de sus soldados les sabe a casabe. Vietnam, Irak, Libia, Somalia y la muerte de soldados estadounidenses en esos y otros conflictos, los hace sopesar qué estratégicas accionar.
El mandatario estadounidense que prometió no involucrarse en conflictos más allá de sus fronteras y aspira al Nobel de la Paz, pudiera ver en Venezuela una extraordinaria oportunidad para como se dice coloquialmente:: ‘’matar dos pájaros de un solo tiro‘’.
Pareciera que en el análisis costo-beneficio el enorme costo psicosocial de exponer a soldados estadounidenses comienza a ser cotejado con otras ventajas. Y esa discusión pareciera que se está comenzando a dar.
Y como asomaba el ex presidente Ronald Reagan, cuando aún era actor cinematográfico y apuntaba como presidente No 40 de Estados Unidos: “La política es como el mundo del espectáculo, pero para gente fea”. Y al parecer, muy fea e indolente, añadimos nosotros.
Con información de Panam-Post- CNN-Cambio 16- Redes Sociales
ezzevil34@gmail.com

