El verdor de la naturaleza se expresa en todas sus dimensiones. Es vivacidad, colorido y bienvenida a cada época del año. Hoy las verdes hojas de los araguaneyes se visten de amarillo para despedir al mes de abril y abrirle los brazos a mayo que viene cargado de lluvia, alta humedad y otras cosas increíbles.
En la gráfica superior podemos notar el hermoso y fervoroso paisaje sucrense, con sus árboles hablándoles a los respectivos viajeros que se desplazan de un lugar a otro. En este caso se trata de esa exuberante vegetación que emerge en la vía Casanay-Carúpano y deleita los ojos de esos intrépidos mortales en su trayectoria por esos parajes naturales de nuestra entidad sucrense.
La elegante naturaleza vibra y nos habla de lo que ha de venir. Mayo hace su aparición con su follaje amarillesco y olor a tierra mojada. Viene sonriente, majestuoso y colmado de grandes esperanzas para los sucrenses y el resto del país. Las hojas trasmutan la pasión y el encanto de un paraíso maravilloso en las propias entrañas de la geografía sucrense. Los araguaneyes simbolizan esa esperanza que pronto se hará realidad en nuestra heroica nación.
Foto cortesía de Rodrigo Rosal, pantoñero de pura cepa y tesista de Geología de la UDO-Bolívar.

