pancarta sol scaled

Pedro Mosqueda: Quieto canalla

Compartir

 

Les aseguro que no tengo intenciones de importunar, pero no pude votar, la cola era súper larga; a ustedes les debe haber pasado igual. Me cansé. Regreso a lo mío, la cuita dominical. Cuando estaba en el colegio y luego en el liceo hicimos algunas mamarrachadas escénicas en teatro, casi siempre inspiradas en la radio, ese aparato que ocupaba un lugar especial en nuestras casas. Algo así como el móvil hoy. Más adelante hicimos también pasantías escénicas inconclusas; esa es una deuda impagable que trato de saldar asistiendo a todas las obras de teatro que puedo. Todas es todas. La semana que termina hoy he asistido a cinco. Textual.

Una de ellas: Profundo, de José Ignacio Cabrujas, y no es la primera vez que la veo.

Las obras de Cabrujas nunca pasan de moda y cada cierto tiempo algún grupo nos recuerda el arte y el ingenio del gran maestro.

Está vez me llamó la atención la buena propaganda del montaje de la Compañía Nacional de Teatro de manos de un director que no conocía: Francisco Denis.

De manera que salí del nicho natural y glamuroso caraqueño de las artes escénicas: Trasnocho Cultural, Centro Cultural, Chacao, Sala  Cabrujas, Sala Horacio Peterson, Teresa Carreño, Centro Cultural de Arte Moderno (antiguo Centro Cultural BOD), y me fuí a la avenida Andrés Bello, ahí mismo en Las Palmas, punto de referencia lo que fue un espacio querido, el Cine Prensa, al lado de uno de los icónicos locales de los pollos de los hermanos Riviera, y al lado de La Malagueña, un local donde se bailaba buena salsa con músicos en vivo, como Culebra Iriarte, el pianista de Oscar D’León.

Al comenzar la obra Profundo, cuando arranca la familia Álamo con el rollo de un tesoro enterrado y un parlamento fabuloso de esa gente que Cabrujas recrea  magistralmente, veo en un lado del escenario a un tipo de saco y pajarita, con bigotes de manubrio. Muy serio él, adusto, maneja diversos adminiculos que complementan las actuaciones con sus efectos especiales.

Aquellas maniobras, realizadas por el director, me atrajeron de manera especial, ya que venimos de la radio y sus trucos, nos criamos con ella; y sabemos todos sus cuentos y cuentas. Celebramos, además, que nunca pasará de moda; sino que lo digan los españoles cuando el apagón.

Cédulas al piso: Levanten la mano los de este grupo, ¿Quién no escuchó o ha oído hablar de Martín Valiente, el ahijado de la muerte interpretado por Arquímedes Rivero?

En el barrio donde yo vivía, todo el mundo se trancaba en el rancho a escuchar la radionovela al mediodía en Radio Rumbos. El justiciero Martín Valiente montaba en su caballo Relámpago, siempre con su fiel aliado Frijolito, asustadizo y cómico; ambos persiguiendo a Belcebú.

Por supuesto que no podía faltar una novia: Rosalinda; interpretada por Rosita Vázquez.

Ese fenómeno mediático de los ’60 sólo era posible gracias a unos efectos especiales. Y una gran actuación, claro está.

Como el comercio va adelante, vino el mercadeo y así fué como le organizaron un gira a las estrellas Martín Valiente (Arquímedes Rivero) y a Frijolito (Alexis Escámez); el evento en Maracay fue en el gimnasio Mauricio Johnson, aquello se desbordó de muchachas y señoras.

Al final hubo una decepción: Arquímedes Rivero no tenía nada que ver con aquel tipo alto, corpulento y de voz potente. Era como yo: chiquito y calvo.

Una prima enojada comentó: “Mamá, Frijolito se ve más güeno que Martín Valiente.”

Los efectos especiales habían logrado su objetivo, hacer que las cosas parezcan reales, ponernos a volar la imaginación.

Por lo general eso lo hacen técnicos detrás de bastidores, pero en esta versión de Profundo de las que les hablé al comienzo, el director usa unos adminiculos que parecen juguetes y con la ayuda del micrófono complementa la maravillosa actuación de la eterna Aura Rivas, el maestro Aníbal Grunn, Francis Rueda, María Brito…

Esa originalidad, de hacer eso al descampado, me pareció muy rompedor, muy disruptivo. Muy analógico. Tienen merecido todos los premios y reconocimientos.

Entonces me dije: en un domingo tan tragicómico y aburrido como el de hoy, tan predecible como el de hoy, tan tramposo como el de hoy. No cuesta nada echarle otra jorobada a mis ociosos lectores. Mientras tanto atentos, lo retro nunca pasa de moda y quien quita un día de estos aparezca una reencarn

¡Quietos canallas!

Nos vemos por ahí.

 

Traducción »