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Gustavo Tovar-Arroyo: El Taj Mahal

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El tiempo se desvanece ante la perfección, inmutable y serena, de este templo universal del amor humano. Su belleza nos hace suspirar e hipnotiza de solo verlo. No sólo nos quedamos sin palabras, algo cambia para siempre en nuestro espíritu.

Frente al Tah Mahal me quedé mudo, hecho de lamento y pena, su perfección arquitectónica y lunar me hizo imaginar una mujer dormida en la eternidad. Su mármol no es piedra: es la piel de la luna, la toqué, la manosee, la besé. No me estremecí, me conmovi, agradecí a Shah Jahan qué diseñó y alzó con sus lágrimas este prodigio.

Su hijo, un tirano -raíces indias del chavismo- lo encarceló por amar. Como “concesion” cínica le permitió ver el mausoleo desde las rejas. Lo quise imaginar y lo fotografié. Ahí transité en todos mis niveles de asombro. Besé nuevamente la tenue piel del tiempo y su blancura y acorralé a @anacarlotagr para atrapar el instante. Lo hice, lo atrapé. La perennidad se sembró en mi espíritu.

Me fui con la sensación de haber besado la perfección.

El #tahmahal no es sólo una obra de arte, es la palabra amor edificada.

 

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