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Cesar Guillen: Amarga experiencia, aprendizaje necesario

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El camino hacia la gloria, es el sendero de la obligación …

Se cuenta, que en uno de los tantos barcos repletos de inmigrantes europeos que recalaban en la guaira en su viaje a Suramérica, una familia aprovecho para pasear un poco por el muelle, a una de las niñas de la familia se le acercó un niño de los que por allí deambulaban y le obsequio un mango, la niña lo tomo agradecida y entonces el padre le dijo a su esposa, “aquí nos quedamos”…la esposa sorprendida le dijo que mirara los alrededores y viera el deterioro general…a lo que el esposo le contesto “Si la mitad de la población es así como este niño…este debe ser un país maravilloso”

Debemos aprender algunas cosas, aunque puedan ser mal interpretadas. Los venezolanos fuimos siempre un país abierto a todas las razas sin condicionamientos ni malos tratos, recibimos oleadas de inmigrantes de Europa y Latinoamérica, cuando sus pueblos enfrentaban graves crisis sociales y económicas. Sin embargo, descubrimos a raíz de esta tragedia que el trato que se nos ha dispensado, aun cuando se nos ha acogido amablemente, en la mayoría de los casos las cosas son muy diferente a lo que nos imaginábamos.

Es a veces hasta triste ver como el pueblo venezolano acogió sin ninguna exclusión, a tantos ciudadanos europeos, asiáticos, del medio oriente y latinos, sin exigirles profesión, recursos económicos, dominio de idiomas, ni una religión en particular. A los inmigrantes latinoamericanos, jamás se les segregó ni se abusó de su condición para explotarlos laboralmente, como ellos lo hacen en la actualidad en sus países, con muchos venezolanos.

Todos los inmigrantes sin condición de donde provenían, pudieron trabajar libremente y jamás se les trató diferente a lo establecido en las leyes del trabajo. Levantaron empresas sin ningún tipo de restricciones y lo mejor fue que sus hijos y nietos se formaron en los centros educativos del país sin ningún costo ni restricciones desde la primaria hasta la universidad. Mis ancestros así lo hicieron.

A las inmigraciones numerosas provenientes de Europa, jamás se les pidió dinero para hacer alguna revalida o condiciones especiales para admitirlos como profesionales y pudieron ejercer hasta como profesores universitarios, médicos, ingenieros, etc. Salvo muy contadas excepciones, a los profesionales venezolanos en Europa, se les ponen trabas administrativas rigurosas y la mayoría trabaja en oficios que en nada tiene que ver con su profesión. Esta amarga realidad demuestra que la bondad puede ser gratificante, pero la vida no siempre es justa.

Los inmigrantes aquí en Venezuela, accedieron a créditos y desarrollaron empresas y comercios y hasta ocuparon posiciones sociales relevantes. Hoy día, vemos a muchos de ellos, vergonzosamente colaborando directa e indirectamente con esta catástrofe, sin importarles la suerte de ese mismo pueblo que les permitió a sus ancestros mitigar el hambre, formar familias en un ambiente de tolerancia y de respeto y además hacer a algunos de ellos sus fortunas.

Me gustaría hablarles a esas madres que llegaron desorientadas, desesperadas con sus hijos hambrientos y llenos de necesidades, que recuerden que el venezolano le dio una oportunidad de vivir decentemente sin opresión, ni coacción.  Sería una reflexión de vida para ellas, sus descendientes, están a buen reguardo en países democráticos extranjeros y disfrutan de los ingresos que siguen obteniendo. La amarga realidad nos obligara a vencer la excesiva generosidad y adaptarnos a nuestra actual situación.

Mención aparte merecen las declaraciones de un embajador de un país europeo cuya población es mayoritariamente de origen del campo, y que han desarrollado sin restricciones negocios de todo tipo en el país, y que ahora este señor les sugiere que no se inmiscuyan en los asuntos políticos y sociales de Venezuela. Que enorme contradicción y falta de respeto precisamente con ese país que les calmo el hambre a sus compatriotas y a sus hijos y que les brindo un futuro. Además la nacionalidad venezolana obtenida no es solamente para disfrutar de los derechos, implica también deberes sobre todo el moral…

Si bien entendemos perfectamente, que mucho de esos países justifican el que deben darle prioridad a sus jóvenes profesionales y a sus empresas, en las actuales circunstancias de la crisis mundial…entonces somos nosotros los venezolanos que, de una vez por todas establezcamos nuestra política interna de establecer reglas en todos los sectores, priorizando las oportunidades para nuestra gente, que tan necesitada esta de ello.  Estamos en nuestro derecho y no habrá justificación diplomática, ni lobby posible que pueda dejar sin opciones al ciudadano venezolano emprendedor y capacitado.

Es increíble, que la mayoría del sistema económico actualmente esté en manos de grupos de extranjeros que monopolizan y establecen redes exclusivas, en donde el venezolano solo es un empleado sub-pagado sin contratos colectivos. Existe complicidad entre algunos empresarios tradicionales y estas redes para insertarse en esa economía de puerto, llena de bisutería de bajo costo, producto de una economía distorsionada. Todo ello con fines exclusivamente particulares y no el de la mayoría de los venezolanos.

La penetración en tan importante sector como es el económico, debilita a cualquier gobierno que desee realizar los cambios al cual tenemos derecho como nación. Con más razón cuando por razones de complicidad se nos ha colocado en debilidad ante grupos religiosos radicales que, mediante inversiones sin procedencia de arraigo, se apoderan y monopolizan sectores industriales y comerciales, adquieren bienes inmobiliarios y actúan con arrogancia y segregación.

Esto debe cesar de inmediato, ya que esas culturas están en abierta oposición a los valores de la familia venezolana donde la mujer ocupa un lugar fundamental y de respeto en nuestra sociedad.

En otro orden de ideas, las cámaras binacionales, además de lobistas para las inversiones extranjeras, deben convertirse en aliados para el desarrollo del talento humano, es decir de la reciprocidad y del aporte social que debe estar implícito en toda inversión estratégica.

Habremos de crear una expansión industrial y de desarrollo tecnológico, para que nuestra juventud capacitada regrese y no siga malgastando tiempo en empleos de supervivencia. Nuestros centros de salud, debidamente dotados deberán ceder el espacio a nuestros profesionales, que tan bien ponderados está en el mundo entero, para garantizarles la salud al pueblo trabajador que siempre hemos sido, en una nueva etapa de crecimiento, desarrollo y bienestar nacional. Y, sobre todo, el de haber aprendido esta amarga lección…

 

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