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Soledad Morillo Belloso: La cuenta se hace desde enero

 

Yo trato de ser comprensiva, sí. La vida me enseñó la paciencia como quien aprende a afilar un cuchillo: Despacio, con método, sabiendo cuándo vale la pena cortar y cuándo es mejor guardar el filo. Y escribo desde donde se vive de verdad: Desde la acera caliente, desde la cola del supermercado, desde la calle donde la gente resuelve sin pedir permiso. No desde un cubículo con aire acondicionado ni desde un hotel cinco estrellas donde el ruido del país llega amortiguado.

Los venezolanos no son brutos, ni lerdos, ni están dormidos. Esa fantasía de que el país es un corral de gente anestesiada es un invento cómodo, una almohada mental que algunos políticos se ponen para no escuchar los ruidos de la realidad. Pero basta mirar con un mínimo de inteligencia —ni siquiera mucha— para que esa ilusión se desmorone como pan viejo olvidado en la mesa.

El venezolano promedio, ese que arma un invento con alambre, que improvisa con dos tapas de refresco, que sobrevive con la terquedad de un burro bien parado, tiene una lectura del poder que muchos dirigentes jamás han tenido ni tendrán. Sabe cuándo lo manipulan, cuándo lo usan, cuándo lo subestiman. Lo sabe porque ya ha visto todas las versiones del truco: Desde el mago torpe que se le cae la carta hasta el prestidigitador de feria que cree que deslumbra.

Por eso, los hunos y los otros que hoy están sentados en esa mesa —negociación, diálogo, acuerdos, pónganle el nombre que quieran— deberían entender que el país los está mirando. Y no con ternura. Los mira como se mira al carnicero nuevo cuando pesa la carne: Con sospecha, con cálculo, con ese olfato entrenado que detecta rápido cuándo algo huele a cuento, a maniobra, a siesta disfrazada de estrategia.

El país no compra esa excusa floja de que “no se puede caminar y mascar chicle a la vez”. El venezolano camina, masca chicle, carga tres bolsas, esquiva huecos, hace un pago móvil, o se clava la compra cotidiana en un sistema de pago a plazos, y todavía le queda cabeza para recordar quién le sabaneó. Así que cuando un político dice que no puede hacer dos cosas a la vez, el venezolano  lo lee como que no quiere. Que está cómodo en su lentitud.

No hay explicación seria para esa parsimonia. Esa lentitud de morrocoy cansado no es complejidad del proceso: Es cálculo. Es la tentación eterna de patear la pelota para adelante, como si el país fuera un patio de recreo y no una urgencia permanente. El venezolano lo ve, lo registra, lo anota. Y no se traga el cuento, porque ya se ha atragantado demasiados.

Así que a los hunos y a los otros, un consejo de calle: Bájense de esa nube y pónganse las pilas. Caminen y masquen chicle. El país los ve con ese aire de superioridad, sirviendo acuerdos tibios como si fueran caldo recalentado de la noche anterior. Y mientras ustedes acomodan la servilletica y hojean el menú, el venezolano —que tiene más calle que ustedes y más memoria que un archivista obsesivo— les va tomando la medida. Aquí no están atendiendo una mesa de turistas despistados: Están lidiando con un país harto. Así que despierten, enderecen la espalda, dejen de barajar el mismo mazo de cartas y muestren resultados concretos, porque el venezolano no regala propina ni da premio de consolación.

La cuenta no se hace desde el primero de agosto. Se hace desde el tres de enero. ¿O acaso no estaban preparados para lo que pasó y lo que están haciendo ahora es improvisar?

Finaliza agosto y el país está como una camisa vieja: Se le ven todas las costuras. La inflación nos muerde los tobillos, sin pausa. Miles de víctimas del terremoto siguen viviendo en carpas, como si la intemperie fuera una solución y no una vergüenza. Los números macroeconómicos no chorrean hacia la micro; se quedan arriba, en la vitrina, como adornos que nadie toca. Y mientras tanto, los acuerdos están fechados para finales de año, como si el calendario fuera un juguete y no una alarma. El tiempo les está sonando, fuerte, insistente, como un despertador que ya no admite posponer. ¿Lo escuchan?

Soledadmorillobelloso@gmail.com – @solmorillob

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM