Lectura de finde. Mi país no se cayó de un mapa ni se lo tragó…
Categoría: Soledad Morillo Belloso
Soledad Morillo Belloso: La fiesta del pirata
Allá en los vastos y sedientos campos donde el petróleo solía brotar como la sangre…
Soledad Morillo Belloso: La huella de Raquel Sánchez Carrero y Guillermo Tell Aveledo
De la capacidad, la lucidez y la ejecutoria ética de Raquel y Guillermo en ese…
Soledad Morillo Belloso: Leonardo Ruiz Pineda, La sombra con olor a guayoyo
Dicen los ancianos en el Táchira que hay muertos que nunca aprenden a quedarse quietos…
Soledad Morillo Belloso: Llorar… De pura y maldita rabia
Leo la nota de Luz Mely Reyes y se me hace un nudo de chicharrón…
Soledad Morillo Belloso: La mayoría aplastante de los venezolanos
Salen las encuestas. Como era de imaginarse, el apoyo al gobierno de Delcy es prácticamente…
Soledad Morillo Belloso: Estimado Padre Luis Ugalde, S.J.
Bien sabemos cómo esos sepulcros blanqueados —los sabios de comisión y bufete que pontifican desde…
Soledad Morillo Belloso: La filosofía del enjambre
La palabra enjambre huele a humo dulzón y a tarde hirviente de pueblo donde nadie…
Soledad Morillo Belloso: Comedia de simulación
Las crónicas de la Segunda Guerra Mundial guardan pasajes insólitos donde el azar, el ingenio…
Carta imaginaria a José Ignacio Cabrujas, La geografía del desgarro, por Soledad Morillo Belloso
Lectura de finde. Querido José Ignacio: Te escribo porque tú tenías esa lucidez casi descarada…
Soledad Morillo Belloso: Los seis candados que Dinorah Figuera tiene que abrir
Hay en la mesa de negociación un tufo rancio a alfombra vieja y el zumbido…
Soledad Morillo Belloso: Cuentas pendientes en la penumbra
Convivir con la culpa no exige teatro ni grandes catástrofes; Basta el desgaste miserable de…
Soledad Morillo Belloso: El indulto imposible y el baile de las máscaras en Caracas
La política, ese oficio de sombras y claroscuros, nos sitúa con frecuencia frente a encrucijadas…
Soledad Morillo Belloso: Carta a Alejandro Betancourt
Asunto: Sobre milagros petroleros, desmemorias corporativas y la fe en el “negocio propio”. Señorito Betancourt:…
Soledad Morillo Belloso: Sin votos, sin vergüenza, sin prisa
Hay rostros que se han pulido en el cinismo hasta volverse impenetrables como el mármol…
Soledad Morillo Belloso: La calculadora del Tío Sam y la estrategia de la mirada tuerta
Como decía con fina malicia Paulina Gamus, la política exterior estadounidense jamás ha tenido amigos…
Soledad Morillo Belloso: Piscolabis
En el escenario de la política criolla, las reuniones de negociación —o de acuerdos, o…
Soledad Morillo Belloso: Delcy Rodríguez en Roma; Turismo de mentiras
Cuando la señora Delcy se enfunda el disfraz de diplomática y sube al podio de…
Soledad Morillo Belloso: El discreto encanto de la buena burguesía
Hay palabras que caen en desgracia por pura torpeza de la época, porque a alguien…
Soledad Morillo Belloso: Élites que sean élites
Las sociedades no se sostienen por el mero peso del barro y la mezcla, sino…
Soledad Morillo Belloso: La burguesía del maletín y el menú con sobreprecio
El caso de Germán Rubio —bautizado en las benditas aguas de la picaresca y el…
Soledad Morillo Belloso: Un venezolano en el siglo XV
Miren, a mí nadie me quita de la cabeza que Cristóbal Colón era el propio…
Soledad Morillo Belloso: Entre aplausos alquilados y frisos rotos
El país huele a pintura fresca, esa capa torpe que intentan embarrar sobre el salitre…
Primero sábado que domingo, por Soledad Morillo Belloso
Lecturas de finde. Aquella sentencia que las abuelas soltaban al pasar el café por la…
Soledad Morillo Belloso: Diego Arria; El hombre que no cabía en el salón
Hay hombres que nacen para el protocolo y otros que nacen para dinamitarlo desde adentro,…
Soledad Morillo Belloso: A esta novela le faltan muchos capítulos
La simetría de estos días no es casual. En un país acostumbrado al caos desgreñado,…
Soledad Morillo Belloso: El verde fosforescente como cortina de humo
El TSJ no solo apesta: Chorrea. Y ese hedor, que ya es parte del paisaje,…
Soledad Morillo Belloso: Los entrepisos
La voz de suena como una brisa que no presume de nada: tranquila, doméstica, casi…
Soledad Morillo Belloso: La comida se pudre en la cocina
Hay silencios que no son de paz, sino de tragadero de saliva. Silencios pesados, de…
Soledad Morillo Belloso: La barbarie en el TSJ
Yo creía —de veras lo creía— que ya nada podía superar mi capacidad de asombro.…

