Escribo, como si en lugar de estar en el final de la tercera década del siglo XXI, estuviera en los comienzos del siglo XIX. Asumo con precaución este extraño momento y relato con estupor: observo el sometimiento y desaparición de nuestros amados y criticados medios de comunicación social. Si no lo hubiera vivido, tal vez habría pensado que se exageraba, sin embargo, me doy cuenta: el odio a la verdad, la obsesión por el poder, la ignorancia y la prepotencia logran un peligroso “cocktail” que ha conducido a una de las aberraciones más terribles que han pasado en nuestro país: la desaparición de los medios de comunicación social. En efecto, una cosa es decirlo, otra bastante diferente y terrible, observarlo y resistirlo. El camino, oscurecido en Venezuela, responsabilidad del fracasado y en vías desaparecer, socialismo del siglo XXI, recibe luz vía las redes sociales; así ocupan o pretenden hacerlo, el espacio dejado (producto de la represión, censura y violencia contra la Libertad de Expresión) por los medios tradicionales. No debe pensarse, que este desastre ocurre, como consecuencia de las dificultades para obtener papel, menos por la aparición de periodismo digital. Escribiré sobre este aspecto, con amplitud, próximamente. En los grandes periódicos del mundo divulgan, además del tradicional periódico impreso también funcionan ediciones digitales. ¡Por favor! No creer que lo ocurrido con nuestros importantes medios de comunicación social, sea consecuencia de “falta de papel”; si hubo y hay dificultades, pero lo que ocurrió es responsabilidad por la ausencia de libertad de expresión y de información. La persecución implacable y despiadada, no cesa, contra la verdad, contra la información noticiosa oportuna, veraz e imparcial; es decir, contra la prensa libre.
El 3 de agosto, 83 aniversario de la Fundación del Diario “El Nacional”, no se pudo festejar, como debería ser. Nunca había sido más triste y llena de nostalgia, esa celebración. Antes, sé trató de un acontecimiento donde la alegría del aniversario se transformó, dada su trascendencia en el país, en un importante evento cultural y político. ¡Por supuesto, la democracia privilegia la libertad de expresión! Mientras, la dictadura totalitaria odia toda libertad; especialmente, la de expresión e información. (La de nosotros, obviamente) ¡Ah qué tiempos aquellos! Hoy, tenemos que plantear, nuevamente, una sumatoria de peticiones para lograr: libertad de expresión e información, respeto a la profesión del periodista, protección para los colegas qué, a pesar de los terribles obstáculos que el régimen implementa para impedir la libertad de información, enfrentan para informar en medio del desastre represivo. Exponen la libertad y su vida, para cumplir con la tarea de informar–noticiosamente a la ciudadanía. La lucha por la libertad de expresión, para los periodistas, se constituye en su primer deber: efectivamente, nuestra razón de ser profesional, pasa por la necesaria libertad de expresión, tal cual está señalada en nuestras leyes, y en el Código de Ética de nuestra profesión. Conseguir la información, oportuna, veraz e imparcial, como señala el artículo 58 de la Constitución Nacional de la RBV, es cumplir un mandato ético-jurídico. (Obligatorio, señalado en el Código de ética de los periodistas y, en su Ley) El régimen ignora todo lo referido a los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Por supuesto, también desconoce, lo relativo a los artículos 57 y 58 de la Constitución Nacional, donde se consagra esa importante, necesaria e imprescindible libertad. Me refiero a la de expresión y otras afines: opinión, información y prensa. (La comunicación, en espera del proceso de ¿legalización?, en una nueva generación de los Derechos Humanos) El periodismo es trascendente. Implica una importancia fundamental para la sociedad, negarlo lleva al fracaso, como se ha visto. No es un secreto, si una realidad: la comunicación es esencial a la vida, el periodismo es una de las disciplinas que surgen al interior del todo comunicacional, de la ciencia de la comunicación. ¿Acabar con el periodismo? ¿Será que creen lograr ese disparate?
El periodismo, como profesión se estudia, se enseña, se aprende: Son 5 años y una tesis para ser comunicador social o periodista. Lejos los años, donde se discutía ¿el periodista nace o se hace? Un grupo de “supuestos” profesionales, se oponían a los estudios universitarios del periodismo. Gracias a quienes, llamo “los patriarcas del periodismo en Venezuela”, y al Presidente Don Rómulo Betancourt, se decretó la creación de la “Escuela Nacional de Periodismo” de lo que se cumplen 80 años en 2 meses. (24/10/1946) Escribir es vocacional, no hay duda. Hay a quien le resulta fácil, para quien es un tormento, y también puede ser un placer. Sin embargo, existen normas específicas en los géneros periodísticos: la información noticiosa, la noticia, el reportaje, (con sus versiones: interpretativo y de investigación) la crónica, (de diversos tipos) el editorial, la columna de opinión y el artículo de opinión. El o los comentarios, llamados en oportunidades, nota periodística, además de lo que se hace por la vía digital. No reseño la parte audiovisual: cine, radio, TV, tampoco los avances digitales. Fundamental la reestructuración del pensum de la carrera de comunicación social. No quiero que se extienda más este escrito. No soy experta en la digitalización. Con certeza afirmo: se necesitan en el plano teórico y tecnológico estudios de 4to y 5to nivel universitario. Lo lamento, por los/as “influencers”. Se puede tener buena imagen y seguidores. Cultura, preparación, ser periodista y capacidad analítica, es otra cosa.
Gente ignorante, pretende que el periodismo deje de ser una profesión universitaria y argumentan sobre los adelantos tecnológicos. Se necesita la formación universitaria. Actualizarse, ponerse al día, resulta imprescindible. ¡Siempre con el apoyo de Dios y de nuestra amada Madre, la Virgen de Coromoto!

