pancarta sol

Humberto González Briceño: Donald Trump y el Esequibo venezolano

 

Durante años, el diferendo del Esequibo fue administrado por Venezuela con la misma mezcla de improvisación épica y torpeza burocrática que caracteriza casi todo lo que toca el poder venezolano. Mucha consigna, mucho mapa en los salones oficiales, mucho nacionalismo televisado, pero poca comprensión de que los territorios no se recuperan con himnos ni con cadenas presidenciales. Se recuperan —si acaso— con poder, influencia y capacidad de alterar correlaciones geopolíticas.

Por eso resulta interesante, aunque incómodo para ciertos puristas, el nuevo escenario que comienza a dibujarse alrededor de La Haya. Delcy Rodríguez viajó a Europa para defender la posición venezolana sobre el Esequibo ante la Corte Internacional de Justicia, insistiendo en que Venezuela es la única titular legítima del territorio y reivindicando el Acuerdo de Ginebra de 1966 como marco válido para resolver la controversia. Pero lo verdaderamente relevante no está solamente en el expediente jurídico. Está en el contexto político que rodea esa disputa.

Porque, por primera vez en mucho tiempo, distintos actores venezolanos —Delcy Rodríguez, Enrique Márquez y María Corina Machado— tienen canales de interlocución, directos o indirectos, con Donald Trump y sectores de poder en Washington. Y aunque muchos siguen atrapados en la lógica moralista de la política venezolana, incapaces de distinguir entre simpatías personales e intereses nacionales, el asunto del Esequibo no es una cuestión de pureza ideológica. Es una cuestión de poder internacional.

Guyana ha logrado posicionarse durante años como el alumno aplicado de Occidente: petróleo, estabilidad relativa, alianza estratégica con ExxonMobil y respaldo diplomático anglosajón. Venezuela, en cambio, se convirtió en un expediente tóxico. Pero la política internacional no funciona sobre afectos. Funciona sobre conveniencias. Y Trump entiende mejor que nadie esa lógica transaccional del poder.

Ahí está la ventana.

Si Washington ya ha demostrado capacidad de influir en la transición venezolana y si Trump busca consolidar una narrativa de “pacificador hemisférico”, el Esequibo podría convertirse en una jugada de alto valor simbólico para todas las partes. Una mediación impulsada por Trump, favorable a los intereses venezolanos, le permitiría vender una victoria geopolítica en el continente, desplazar la influencia británica en la controversia y presentarse como el hombre que resolvió un conflicto territorial histórico en América del Sur.

¿Suena improbable? También sonaba improbable ver a Delcy Rodríguez moviéndose con relativa normalidad en escenarios diplomáticos europeos después de años de sanciones y aislamiento. La política internacional está llena de imposibles que dejan de serlo cuando coinciden intereses estratégicos.

Naturalmente, esto exige abandonar cierta infantilización de la política venezolana. El país lleva demasiado tiempo discutiendo el Esequibo como si se tratara de una ceremonia patriótica y no de una disputa geoeconómica atravesada por petróleo, minerales, rutas marítimas y zonas de influencia militar. Quien no entienda eso sigue leyendo el mundo con categorías escolares.

El chavismo convirtió durante años el nacionalismo territorial en propaganda interna. La oposición, por su parte, temió tocar el tema para no parecer alineada con el oficialismo. Resultado: Guyana avanzó diplomáticamente mientras Venezuela se consumía en sus guerras domésticas.

Tal vez haya llegado el momento de una jugada inédita: presionar para que Trump entre como factor arbitral y político del conflicto. No por admiración, ni por dependencia, ni por subordinación. Simplemente porque el tablero internacional funciona así: los conflictos territoriales no los gana quien tiene más razón moral, sino quien logra construir más poder alrededor de su causa.

Y en este momento, guste o no, Trump podría ser el hombre capaz de inclinar parcialmente ese tablero a favor de Venezuela.

Maestría en Negociación y Conflicto California State University – – @humbertotweets – +1 (407) 221-4603.

 

Tradución »