Sanciones a quienes considera responsables de la represión en Cuba y de las amenazas a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos, anunció el viernes pasado el gobierno de los Estados Unidos. El grado de deterioro de la vida en la isla empuja a mucha gente a pedir y exigir una intervención urgente. Las redes sociales se inundan de llamados a la acción de los Estados Unidos. Sin embargo, hay voces de la cordura, que luchan por otra solución, que pasa por el diálogo, la negociación y la transición democrática. La principal de estas voces la encarna El Consejo para la Transición Democrática. Conversamos aquí con su presidente, Manuel Cuesta Murua y con Elena Larrinaga, Presidenta de la Red Femenina de Cuba.
Tengo la impresión de que nunca vamos a terminar de asombrarnos de la capacidad de resistencia de los seres humanos. Al mismo tiempo da la impresión de que esa capacidad está poniéndose seriamente a prueba en Cuba.
Elena Larrinaga. Coincido con lo que dice. Tanto el pueblo cubano como el gobierno tienen una capacidad de resiliencia que se manifiesta en su resistencia. El gobierno cubano no quiere ceder, no quiere darse cuenta de que las cosas terminan, que la realidad se impone. Por otro lado, el pueblo cubano sigue resistiendo todos esos embates.
Es una situación durísima tener unos políticos que no quieren dar su brazo a torcer, no entienden que esto concluye. Es una manera de no querer ver la realidad por parte de un gobierno que no quiere ceder ante una realidad que se impondrá de todas maneras. Esa manera de ser del gobierno les perjudica a ellos y, sobre todo, a nosotros. Al final la vida se impone y nosotros tratamos de procurar que ese cambio que llegará sea lo menos destructivo posible. Ya bastante se ha sufrido. Pero contamos con un gobierno que nunca le ha interesado su población, que nunca les ha interesado el bienestar de su pueblo.
Es un enemigo muy difícil de batallar y que frustra mucho. ¡Cómo no pueden tener entendederas de otro tipo!
Manuel Cuesta Murua. Hay una resistencia- resiliencia Ambas cosas. Resistencia porque aguanta, resiliencia porque se adapta. Y si trata de salir adelante pese a una situación como la que vivimos.
Para ponerlo en términos políticos contemporáneos, desde el 2018 la situación no hace más que empeorar. Siempre ha sido terrible, pero no ha hecho más que empeorar. Lo interesante es que el pueblo cubano siempre pone en perspectiva esa capacidad acumulada de vivir y de sobrevivir al margen del Estado.
¿La pregunta es cómo el pueblo puede vivir así? Recordemos que, paralelo al Estado, siempre existió en Cuba una economía informal. No lo voy a decir mercado negro, porque el uso de la palabra negro que se supone algo negativo, me resulta chocante. Pero el mercado informal siempre existió y el pueblo cubano se acostumbró, tejió redes de sobrevivencia que le han permitido resistir y al mismo tiempo implican resiliencia.
La resistencia. En los últimos años hay que entenderla también como resistencia de la gente al régimen. Ya no solo resistencia frente a una situación difícil, al aguante que se impone, sino resistencia al gobierno. Ese aguante compensa la capacidad que tenemos al vivir bajo un régimen que no deberíamos estar viviendo. Esto junto a la descripción que hace Elena de la resistencia del régimen a los cambios que el país necesita.
En el pasado hubo logros sociales significativos, alfabetización que supera el 99%, según la UNESCO. La esperanza de vida ronda los 77 y los 78 años, según el Banco Mundial. El Índice de Desarrollo Humano está cerca del 0,76 en la categoría de desarrollo Alto. Debido a la crisis, los logros disminuyen sistemáticamente y es grave el caso de la salud y la educación. ¿Es factible salvar lo bueno y avanzar simultáneamente en un proceso de democratización?
E.L. Ese es el objetivo. Cuando leo todas las encuestas, pienso: ¿qué quiere el pueblo cubano, qué puede hacer. Parece que nadie va al centro de la cuestión. Tenemos un pueblo que sobrevive y vivirá. Eso es seguro. Y tenemos un gobierno que caerá. Eso también es seguro.
¿Cuál es nuestro reto? Es verdad que en Cuba hubo alfabetización. Todas esas cosas pasaron y que ha descrito, existieron. Me parece muy bien que se digan. Hay que decir la verdad, pero lo que no vale es acogerse a ese momento para justificar lo posterior.
Hay que reconocer que la dictadura de Batista no funcionaba por un montón de realidades que no necesitamos explicar aquí. Hay que reconocer que la llegada de Fidel trajo mejoras a muchos sectores.
¿Qué pasó luego? La gente rehúye ese después. Se queda en el principio. Esa ha sido tristemente la lacra para nosotros los cubanos. Deberíamos hablar del ciclo completo. Ahí ha fallado la comunidad internacional. Fidel fue el hombre de un carisma arrebatador. Era un personaje mítico. Cuando llegué a Europa, era una adolescente. No entendía la admiración que tenían los franceses por Fidel Castro. Con el paso del tiempo he comprendido muchas cosas. Cuando se habla de Cuba, no se puede parcelar la vida de las personas. Nuestras circunstancias y reacciones son consecuencia de hechos vividos.
Una anécdota muy tonta, pero que me recuerda mucho a lo que está pasando ahora con el gobierno cubano. Tenía una amiga que estaba enamorada de un muchacho y él, un día, le dijo: Oye, se acabó esta relación, ha llegado a su fin. Y ella se lamentaba, Elena, es que a mí no me da la gana. Él dijo: es que no es cuestión de que te dé la gana, las cosas se agotan y esto se agotó. El gobierno cubano está como esa jovencita. Otra cosa sería que se atendiera y escuchara a quienes civilizadamente queremos superar esta terrible etapa de un país.
Sería muy importante que la comunidad internacional nos ayudara. Que la gente escuche lo que de verdad queremos, por lo que de verdad trabajamos y luchamos.
MCM. Cuando se habla de Cuba, hay que hablar de sus cinco o seis joyas. Todo depende de cómo la gente las quiera ver. Parte de estas joyas tiene que ver con la salud, la educación, la cultura, todo lo que trae bienestar para la vida de los cubanos. Para salvar aquello hace falta democracia. La única esperanza para preservar tanto los deseos de la sociedad como lo que queda de infraestructura y capacidad en salud, educación y cultura recae en el Estado de derecho y la democracia. Por ello, ambos principios deben ser parte fundamental y avanzar juntos en cualquier iniciativa.
Hay un aspecto esencial que divide en estos momentos a todos aquellos que están hartos del gobierno de Cuba. Es el factor de los Estados Unidos. Una parte lo percibe y lo desea como una liberación. Otros rechazan la intervención con el argumento de que es un problema que deben resolver los propios cubanos. Esta división los abarca a todos.
E.L. Para acabar con este régimen es necesario el apoyo de un gobierno como el de Estados Unidos. Siempre y cuando vayamos por el camino que todos deseamos. Y la invasión, desde mi punto de vista, no es ese camino. Lo ideal sería que en esas negociaciones se llegara a un acuerdo entre las partes y en el que siempre se contemplara la presencia de los cubanos. Hablamos aquí de Cuba, que tiene millones de personas con nombre y apellido, que son los auténticos protagonistas de esta desgracia y lo deben ser de su liberación.
MCM. La conversación en torno a ese tema se vuelve intensa cada cierto tiempo. Santayana dijo que quien no aprende de la historia corre el riesgo de repetirla. Hay historias que no deben repetirse. Mark Twain, más cómico, decía que la historia no se repite, pero rima. Creo que ahora estamos en ese momento en que la historia parece rimar de nuevo en esa dirección.
Es una polémica que ahora coge intensidad, divide a mucha gente, incluso en el Consejo para la Transición Democrática hubo tensión en torno a esto. Seamos claros, el Consejo para la Transición Democrática no apuesta por invasiones ni intervenciones quirúrgicas ni cirugías estéticas que implican la violencia para el país. Justamente nos vamos a ir por donde señala Elena. Los Estados Unidos deben apoyar una solución presentada por los cubanos. Por eso reclamamos una silla en la negociación. Incluso si el gobierno cubano se levanta de ella, como está amenazando, que se mantenga la silla de negociación con la sociedad civil, con la comunidad democrática cubana. Porque somos nosotros los protagonistas de esa historia y mirando las lecciones que tenemos de inmediato, no parece que por ahí haya una solución. Sería una complicación para el futuro político de Cuba si se llegara a producir una intervención.
Lo que decimos a los ciudadanos es que tenemos opciones y es hora de que nos montemos en ellas para generar el cambio democrático desde la ciudadanía. Este es el momento de la Cuba del ciudadano.
Efectivamente, el presidente Díaz-Canel amenazó con levantarse de la silla de cualquier negociación si surge el tema del cambio de régimen. Es decir, está dispuesto a hacer concesiones que no arriesguen el mantenimiento del poder en manos del partido del Partido Comunista. Y esto, supongo, no puede ser aceptado por el Consejo que ustedes representan.
E.L. La continuidad de la dictadura como tal no se contempla, no tiene cabida en nuestros propósitos. ¿Qué tal si el gobierno americano cambiara absolutamente de estrategia y hablara con los cubanos? Que la mesa de negociación fuera con la ciudadanía, dejando, al gobierno como algo residual. Que no lo es, por cierto. Hablo de una suposición. “Ustedes están acabados, como Numancia en la época de los romanos”. Pueden terminar así. ¿Qué tal si ellos organizaran una reunión pública con los cubanos, donde se expusiera lo que realmente quiere la isla, que es parecido a lo que van a querer ellos? Hay sintonía, estoy segura. Y enseñárselo al mundo entero. Nosotros pelearemos por ello.
Yo estaba en España cuando se hizo la transición y estuve cerca de mucha gente protagonista.
La primera reunión fue con los exiliados. Sentaron en la Cámara de Representantes a una señora como la Pasionaria, que había sido el acicate en la guerra y estuvo sentada con Carrillo. A mí los comunistas no me gustan, pero son protagonistas, igual que ellos tampoco nos quieren, pero somos los protagonistas de la historia. Estamos condenados a entendernos. No nos queda otra.
MCM. No me gusta el concepto de cambio de régimen porque solapa la lucha histórica que los cubanos hemos desarrollado, cosas tan importantes como los derechos humanos, la democracia, las libertades fundamentales, las elecciones libres y, ahora, el cambio de régimen. De alguna manera esto engloba lo más importante, lo coloca de nuevo como un conflicto entre los Estados Unidos y Cuba, cuando el conflicto fundamental es entre el gobierno cubano y su propio pueblo.
Las licencias poético-políticas que se toma el gobierno cubano no tienen nada que ver con la realidad. Es por eso y muy importante que los ciudadanos asumamos el rol, porque lo que quiere la mayoría es justamente la democracia, los derechos humanos, las libertades fundamentales para todos. Contra lo que intenta la minoría, porque el gobierno cubano es una minoría en el poder.
Ahora mismo, por ejemplo, está en un proceso de recogida de firmas. Supuestamente debe haber terminado, pero no completan la cantidad de firmas que quieren y siguen tocando puertas para que la gente firme por algo tan sencillo, tan importante en cualquier nación, más allá de lo que pueda ser considerado como demodé en los nacionalismos que es la patria. Es decir, cualquiera que esté identificado con la patria no duda un minuto en mostrar y expresar su amor, capacidad y disposición para defender la patria. Sin embargo, muchos cubanos, la mayoría, no quieren firmar ese llamado del gobierno, y eso es un mensaje claro: la sociedad sí quiere a su país, pero no quiere a su gobierno. El nivel de desprecio hacia el gobierno actual y su presidente es de una magnitud que nunca había visto cuando uno camina por las calles.
Por lo pronto, pedimos racionalidad, moderación, uso de la ley, protagonismo ciudadano, diálogo, no desesperación. En un momento en que todo el mundo está desesperado, hay que mantener la mente fría, trabajar, buscar consenso y, sobre todo, enviar mensajes desde abajo al gobierno cubano de que queremos otra cosa. Por eso el Consejo para la Transición Democrática no se desanima con esto.
Es muy buena la idea de Elena de que el gobierno de los Estados Unidos plantee una mesa con la sociedad de dentro y de fuera del país, para escuchar lo que tiene que decir este caleidoscopio diverso de actores de la sociedad civil y la comunidad democrática de Cuba.
E.L. Las mujeres fueron las que empujaron el 11 J. Las que dijeron hasta aquí, mis hijos a la calle. Estas mujeres cada día van ganando mayor espacio. Cada día tienen menos miedo, están más preparadas. Cuidado con ellas.
MCM. Hay un cambio de circunstancias. Lo que ha imposibilitado construir mayores espacios sólidos frente a la represión del gobierno cubano es que durante mucho tiempo la oposición ha hablado de transición, pensando en términos de revolución. Eso ha agotado la energía, porque lo que levanta una revolución son los entusiasmos y no los procesos políticos. La transición tiene que ser un proceso político, tiene que acumular pasos, caminar en la dirección en la que cuando avanzas tres metros, esos sean irreversibles. ¿Qué ha logrado el Consejo para la Transición Democrática? Hemos avanzado unos metros irreversibles como alternativa frente a la sociedad. Esa mentalidad es la que estamos llevando en la dirección de cambio.
La sociedad cubana se ha democratizado a pesar del régimen, de manera caótica, sin grandes instituciones, y se ubica por delante en muchas materias del propio gobierno. En imaginación, en inteligencia, en capacidad, en resiliencia, en inventiva, en ideas, en conocimiento de las habilidades. Nada que ver con la publicidad que hace el régimen, una publicidad kitsch. La publicidad creada por la sociedad civil es de una agilidad e imaginación tremenda. Y esa diferencia estética indica por dónde va la sociedad.
Esta es la nueva circunstancia que no existía antes, con una maduración política de determinados sectores que entendemos que la manera de avanzar hacia los cambios democráticos pasa por el control ciudadano de los recursos que realmente tiene. No imaginar que vamos a tener a hijos de armas para combatir. Créeme, eso no lo vamos a tener. Pero sí tenemos la ley. Si algo demostró la historia de la oposición de la sociedad es que el uso de la ley posibilita momentos políticos no solo represivos, como sucedió con el Proyecto Varela. El proyecto Varela creó el momento político que no habíamos tenido en la isla. En eso estamos nosotros, haciendo uso de los espacios legales y la ciudadanía está respondiendo. Por eso creemos que ahora sí, pero como proceso de transición, no como Revolución cubana que va a tumbar al poder. Porque la Revolución solo entroniza a las élites. Todas las revoluciones que han sido, lo han sido para las élites, no para el pueblo. Aún cuando el pueblo se haya beneficiado, nunca ha sido el sujeto fundamental.
Al comienzo se mencionó algo fundamental al pasar, la actitud de la comunidad internacional. Lejos está de la mentalidad de quienes participan en esta mesa redonda buscar intervenciones de la comunidad internacional ni nada por el estilo, pero sí responsabilidad política de quienes dicen defender los derechos humanos, la libertad y la democracia.
E.L. Entiendo que los temas hay que solucionarlos razonable y tranquilamente, y el Parlamento Europeo estuvo en buena disposición pensando que cuando se abrió el diálogo las cosas iban a funcionar. Pero pasó el tiempo y no solo no funcionaron, sino que fueron a peor. Nosotros, qué hicimos: exigir, si tú firmas un contrato y la contraparte no lo cumple, automáticamente ese contrato se rescinde porque no sirve. Concluyan ustedes este contrato con el gobierno cubano y vayamos por otro camino. Fue imposible.
Manuel, antes que usted responda, me da la impresión de que existe en diversos sectores de la comunidad internacional lo que podríamos denominar el peso de la nostalgia.
El peso del mito es más fuerte que la realidad concreta. Ese peso está determinando mucho por la política exterior, también por la hábil explotación que el gobierno cubano ha hecho de su conflicto con Estados Unidos. David y Goliat. Asimismo, la explotación e instrumentalización de malas relaciones. Ambas cosas funcionan entre el peso mítico y la realidad geopolítica del conflicto entre el país grande, líder del mundo, potencia fundamental y, aparentemente, un país pequeño.
Creo que la comunidad internacional puede entender, por muchas razones, la siguiente paradoja. ¿Quién está defendiendo el liderazgo de un país frente a la ambición de la autocracia rusa? Es un país con el que casi nadie contaba en Europa. Ucrania es líder global en la Unión Europea frente a la autocracia. La obsesión de Orbán con Ucrania le costó el poder y permitió abrir de nuevo el proceso democrático en Hungría y con gran impacto para Europa. Ese mismo modelo debería aplicar la comunidad internacional a Cuba. La defensa de los valores democráticos globales de los derechos humanos pasa por apostar por la defensa de la democracia y apoyar la democracia de un país pequeño como Cuba. Y ahora mismo hay una contradicción. Europa apostó mucho a negociar con el gobierno cubano. Ahí está el acuerdo de diálogo y cooperación. Pero el gobierno cubano está mirando a los Estados Unidos y no a Europa. Europa está ahora mismo arriesgando la posibilidad de tener influencia en Cuba, justamente porque su mejor apuesta habría sido la que nosotros defendemos, apoyar al Consejo para la Transición Democrática en Cuba, que tiene una propuesta de transición específica por un nuevo comienzo. En ella recogemos los diez pasos necesarios para caminar en la transición, empezando por la propuesta de ley de amnistía y despenalización del disenso. Eso incluye, por supuesto, a Estados Unidos. Pero deberían hacerlo también los gobiernos de América Latina. Los gobiernos amigos del gobierno cubano, México, Brasil, Colombia. Ellos tienen dificultades en sus países porque sus apuestas de apoyo al gobierno cubano les están malogrando sus opciones internas.
La defensa de la democracia de Cuba va a tener un impacto en la democratización misma y en la defensa de los valores democráticos en estos grandes países. Eso debe hacer Europa y América Latina. Eso debe hacer Estados Unidos.

