Domingo Kultural.
Lo recuerdo claramente con sus lentes culo ‘e botella, una corbata con un grueso nudo triangular sentado al lado de Sofía Imber todas las mañanas en el programa “Buenos Días”. Una fija a partir de las 6 y media luego del noticiero de Venevisión, y hasta las 8 a.m. cuando comenzaba la programación “regular” del canal.
Eran entrevistas candentes y polémicas de la televisión en aquel momento. Esos programas “despertaban” a la clase política, a la ciudadanía y al país en general.

Sofía y Carlos se dieron el lujo de entrevistar a filósofos como Michel Foucault, escritores como Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, a políticos como Jimmy Carter, Shimon Peres, Lech Walesa, Felipe González, y a todos los Presidentes de Venezuela, desde Betancourt en adelante. Sacaban de sus casillas a cualquiera; mientras más empingorotado era el entrevistado mejor para ellos. ¡Provocadores cultos…, ah, ese nivel…!
Con Arturo Uslar Pietri tuvieron debates sobre el futuro de la nación y la “siembra del petróleo” que hoy en día son documentos históricos. Pocos como ellos en la televisión venezolana entre la década del 70 y el año 1988, cuando Carlos Rangel falleció.
En aquel entonces, esos dos señores para nosotros no eran ‘monedita’ de oro. Otros tiempos.
Un libro, una pira…
Pero lo que hizo trascender a Carlos Rangel no fue tanto aquel programa, cuyo recuerdo se borra poco a poco a medida que quienes lo vimos, disfrutamos y padecimos, vamos envejeciendo por fuera; aunque con un espíritu más joven que nunca.
La trascendencia la logró con aquel libro de marras. Sí, ése: “Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario.”
Eso fue una bomba atómica en el pensamiento “ñángara” latinoamericano, y en el viejo modo de ser de izquierda global. “El que esté libre de pecados, que tire la primera piedra” .
Un venezolano desmontando los mitos de Lenin, Stalin y todos los caudillos populistas… y sobre todo de los barbudos de La Habana, el Ché y Fidel; los salvadores mesiánicos. Argumentando de manera lúcida y poderosa que ese mito y ese camino eran la causa y el sendero para nuestra ruina total.
50 años después, ese libro resplandece como un faro, como una profecía sacra en la historia del pensamiento venezolano y latinoamericano; “hojear” el libro de Carlos Rangel es como ver la película del barranco donde caímos los venezolanos. Tenía razón el atildado intelectual.
Ese libro es imprescindible para quienes quieran entender las ideologías trasnochadas que han destruido a Cuba, Venezuela, o Nicaragua; también a muchos países del planeta. Fue publicado en Francia (en francés) por la prestigiosa editorial Robert Laffont en 1976, bajo el título “Du bon sauvage au bon révolutionnaire”, con un prólogo nada más y nada menos que de Jean-François Revel.
Poco después, ese mismo año, un día como hoy (3/5/1976) se publicó en español por Monte Ávila Editores en Venezuela. El libro fue traducido al inglés, alemán e italiano, siendo reconocido en Europa como una de las disecciones más lúcidas sobre por qué las democracias liberales fracasaban en el Tercer Mundo.
Rangel destrozó el mito roussoniano del “buen salvaje” (el latinoamericano como víctima eterna e inocente) y del “buen revolucionario” (el redentor mesiánico, el guerrillero barbudo). Rangel decía que el subdesarrollo de América Latina no es culpa del “imperialismo” externo, sino de nuestras propias estructuras mentales, el caudillismo y el rechazo a la modernidad liberal. Carlos Rangel lo catalogó como un ensayo, un diagnóstico. Nada de dar soluciones prescriptivas.
Fue el primer gran contra-argumento a “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano (quien por cierto, dijo después que no le gustaba sus “Venas abiertas”; lo escribió – dijo- cuando no tenía formación política ni económica). ¡Mejor dicho imposible!
Mientras Galeano hablaba de victimismo, Rangel hablaba de responsabilidad, y sus ideas influyeron profundamente en muchos autores.
Por supuesto, en Venezuela no iba a pasar liso. En una época donde la izquierda dominaba las universidades, Rangel fue tildado de “reaccionario” o “agente de la CIA” y de “gusano”, aunque no era cubano, era 100% venezolano, nacido en Caracas en 1929. La acusación de “gusano” le cayó por su férrea oposición al modelo de Fidel Castro y su defensa de los exiliados cubanos en Estados Unidos y en el mundo.
El libro se convirtió en la biblia del pensamiento liberal venezolano y una advertencia temprana sobre el colapso del modelo rentista y autoritario.
En La Casa que Vence las Sombras, y justamente para vencer las sombras, se hizo una fogata (1976), una pira, y el libro fue santamente y debidamente quemado, no faltaba más: “¡Muera la derecha reaccionaria, muera el imperialismo mismo!”
La pira y la agresión personal a él y a Sofía aumentaron las ventas y le dieron relevancia internacional al libro.
Y 50 años después… “¡Imperialistas, vengan a salvarnos por favor, no podemos con estos tipos de la izquierda que nosotros mismos pusimos en el poder!”
Le he preguntado a algunos veteranos profesores de la UCV si ellos siendo estudiantes participaron en la quema de ese libro y al reconocer que sí, agregaron: “Fue una cagada quemar ese libro y lo hemos pagado de la manera más cruel en Venezuela.”
Años después, el historiador Manuel Caballero marcó distancia de sus opiniones iniciales críticas sobre el libro.
Muchos años después, cuando ya no estaban de moda los debates filosóficos densos a la manera de los 70′ y 80′, y el lenguaje político se había banalizado, la izquierda triunfaba con tackles, y frases hechas. ¡Ser rico es malo!
Entonces apareció el “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano” una especie de guía magistral (en el mejor sentido de la palabra) que tradujo las ideas de Rangel al lenguaje de la calle y la cultura popular de los años 90.
El “Dream Team” de sus 3 autores era: Plinio Apuleyo Mendoza (Colombia), Carlos Alberto Montaner (Cuba/España) y Álvaro Vargas Llosa (Perú, hijo de Mario).
El prólogo lo escribió Mario Vargas Llosa, quien bendijo la obra como un paso necesario para la madurez política del continente. Fue lanzado en 1996 por la editorial Plaza & Janés. Un exitazo, un best seller, del cual incluso se hacían copias piratas.
Todo eso hizo por nosotros Carlos Rangel hace 50 años. Hoy Rangel es el verdadero fantasma que recorre Venezuela y el mundo, parafraseando el Manifiesto de Marx: el fantasma del progreso, de la responsabilidad en vez del victimismo izquierdoso, en una sola frase, el fantasma de la libertad. A ese hombre no le hicimos caso. Más bien le teníamos arrechera; tal vez por eso se suicidó. Le debemos una…
Nos vemos por ahí.

