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William Anseume: ¿Transición sin libertades sexuales?

 

La mesa de diálogo que está conduciendo a trancas y barrancas el proceso que nos inclina a la transición, o que hace la transición misma, se ha enfocado, como corresponde, a temas esenciales políticos y sociales. Estupendo: habrá un nuevo Tribunal Supremo este año, se adelantará el Consejo Nacional Electoral en una nueva composición creíble. También ha habido interés por el trabajo – no mucho-, la salud y la educación -con pincita-; ayer mismo anunciaron la liberación del bloqueo de dos medios importantes, casualmente dos donde escribo, que no por ello son importantes: La Patilla y El Nacional. Reconociendo así que no solo Maduro si no también Delcy los contuvieron injustamente y contuvieron la libertad de expresión, de opinión, los derechos humanos.

Pero de las libertades sexuales no han dicho nada, prácticamente nadie ha dicho ni dice nada. Como si no solo no existieran -como de hecho no existen-, como si no quisiéramos que existeran. Seguiremos siendo, según ese absurdo criterio político y social los retrógradas de América Latina, los retrógradas de Sudamérica. ¿Dónde quedó aquel país adelantado en cuanto al divorcio, por ejemplo? Aquel país que superó pronto las trabas sociales del impedimento público de la juntura de los sexos opuestos, impuesta en el siglo XIX, ¿Dónde quedó?

Los orates rojos nos llevaron a sentirnos dominados en esa materia de libertades sexuales por los rusos. Esos canallas que declaran la inexistencia de la homosexualidad en su territorio. La exclusiva tierra del machote Putin, invasor y criminal. Menos mal que no se impuso un interés económico de hacer “soluciones habitacionales” inacabadas, como las de Fuerte Tiuna, por algún país africano de esos que condena a prisión o muerte la homosexualidad, figúrense. Pero Cuba se abrió a las libertades sexuales, sin traumas, sin ambages, a pesar de los macabros rusos que gobiernan y le echan una mano a Cuba cuando quieren. .

Menos mal que fueron los Estados Unidos los que se llevaron a Maduro enganchado. Allí sí existen libertades. Sexuales sin cortapisas. Porque allá sí creen en la libertad del individuo y del conglomerado humano que son sus conciudadanos. Aquí la libertad la conceden, a cuenta gotas, según su interés particular, quienes manejan el poder, obligados porque no les queda otra alternativa. Guindados títeres. Porque, si no, otro gallo cantaría.

En Los Países Bajos, que son altos, muy altos en esto de las libertades individuales y de todos sus ciudadanos, admirable, envidiable, se legalizó el matrimonio igualitario en 2001 y en EE. UU. en 2015, en todo su territorio. ¿Se imaginan lo atrasados que estamos en “conceder” la “gentileza” de la Unión oficial entre parejas del mismo sexo? Nos igualamos a nuestra vecina Guyana en eso, no solo en pelear el territorio. Por no hablar de todos los demás adelantos mundiales en cuanto a decisiones sexuales que son ignoradas en nuestro país, como si fuéramos rusos, no suecos.

En ese sentido, tienen que tomar cartas ya en el delicado asunto la presidenta de la asamblea 2015, Dighnora Figuera, la presidenta encargada de facto, Delcy Rodríguez, la oposición libertaria, pero también los tutores de esta tesis: los Estados Unidos de Norte América. También los diputados de ambas asmbleas, la espurea y la electa de verdad, la ciudadanía en general; mientras los grupos que luchan por las libertades sexuales deben alzar la voz con más temple, con temple de varón y de hembra corajudos. Porque, si no es este el momento, ¿es cuándo?  Para integrar la Asamblea Nacional crearon una disposición, según la cual debe haber el reconocimiento porcentual de mujeres en ella. También el reconocimiento porcentual de representantes de los pueblos originarios en ella. ¿Habrá el reconocimiento para que la integre también la minoría sexodiversa?