La diseñadora denunció que las trabajadoras deben someterse a entornos de trabajo hostiles y restrictivos, que limitan hasta sus necesidades físicas básicas más elementales.
Costureras denuncian bajos sueldos, largas jornadas y precariedad laboral.
Los talleres de confección en el estado Táchira se han convertido en escenarios de explotación y deshumanización que llevan a los trabajadores a sentirse en plena era de la industrialización, más de dos siglos atrás. Quienes ejercen este oficio denuncian que se enfrentan a salarios de miseria y jornadas excesivas sin que haya organismos públicos que regulen o supervisen las condiciones a las que son sometidos.
La diseñadora de modas Gellyzbeth Cancino García, aseguró que debido a la crisis económica disminuyó la demanda de trajes exclusivos en la capital, obligándola a trabajar en talleres de costura; una experiencia que la llenó de indignación, debido a la precaria realidad con la que se encontró.
Hay un tema de explotación en el rubro de la confección que nadie se atreve a hablar. Pareciera que nos quedamos en la era de la revolución industrial, porque a la gente en esa época se le pagaba mal, se le explotaba, trabajaban horas laborales extras y no tenían condiciones de laborales dignas. Así estamos actualmente en pleno siglo XXI, aseguró.
Sin condiciones laborales adecuadas
La diseñadora denunció que las trabajadoras deben someterse a entornos de trabajo hostiles y restrictivos, que limitan hasta sus necesidades físicas básicas más elementales.
Muchos talleres ni siquiera cuentan con acceso garantizado a baños. Los encargados prohíben que los empleados se levanten de sus puestos durante las extenuantes jornadas, se les otorga un tiempo sumamente reducido para ingerir sus alimentos e igualmente limitan las veces que requieren hacer sus necesidades fisiológicas rechazó Cancino.
Para agravar la situación, quienes ejercen la labor de supervisión en estos espacios suelen ser personas sin ningún tipo de conocimiento técnico o experiencia en costura, cuyo único rol se limita a presionar al personal, afirmó.
Trabajadores pagan el precio
El abuso se observa claramente en el día a día, según la costurera, ya que en un taller se les exigía sacar 300 monos completos al día y por cada uno lo único que se les pagaba eran 1,800 pesos. Mientras los dueños y las plataformas se quedan con las ganancias, los trabajadores ponen el cuerpo y la salud por una miseria.
Recalcó que si las personas compran una prenda a dos dólares en los establecimientos, la verdad es que otra persona está pagando el precio real del producto. Nosotros, los trabajadores, somos quienes pagamos esa diferencia siendo explotados en los talleres.
¿Dónde están los veedores de la Ley?
La trabajadora alertó a las instituciones encargadas de los derechos laborales, a los entes reguladores de empresas y a la cámara de la industria local a ser garantes de los derechos de los trabajadores regulados según leyes venezolanas.
Además, instó a revisar los libros contables de las empresas. Criticó que la mano de obra se pague a solo 1.800 pesos por mono terminado. ¿En cuánto se vende el producto final? ¿Quién se queda con la ganancia? Quien realiza el verdadero esfuerzo físico merece una retribución digna, no una miseria.
Deshumanización patronal
La diseñadora denunció que la deshumanización del sector alcanza su punto más crítico ante la absoluta falta de respuesta corporativa frente a los accidentes laborales cotidianos.
En una oportunidad me lastimé un dedo con una aguja y el jefe no mostró ningún tipo de consideración. Me dijo que si algo me pasaba, era responsabilidad mía, relató Cancino, al tiempo que expresó el peligro de que una aguja se parta y alcance el ojo de una costurera: Si sufro el impacto de una aguja partida en el ojo, los talleres se desentienden por completo del incidente.
Talento de exportación
Refiriéndose a la industria del diseño, la modista lamentó que habiendo tanto talento en el Táchira sea común que los clientes opten por pagar por ropa desechable de plataformas baratas.Guía Táchira
Resaltó que en la región existe talento humano con capacidad de sobra para exportar. Contamos con excelentes escuelas e instituciones de moda de gran calidad que sí valoran y enseñan el oficio con respeto. Apoyar nuestro trabajo es apostar por el talento real, la durabilidad y la identidad, en lugar de gastar en ropa masiva que termina rápido en la basura.
Ismary Bustamante – La Prensa del Táchira.

