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Janneth Jiménez: Campaña anticipada en Venezuela

 

Aquí y Ahora Venezuela.

En Venezuela parece que la campaña electoral comenzó antes de que alguien se atreva a anunciar oficialmente el inicio de un proceso electoral. No hay fecha de elecciones, tampoco un cronograma que permita conocer sus etapas, ni instituciones renovadas que ofrezcan garantías sobre la transparencia y legitimidad de una futura consulta. Sin embargo, los nombres comienzan a circular, las figuras políticas se posicionan y los discursos adquieren, cada vez más, el tono de una contienda por el poder.

Lo que estamos presenciando merece una lectura que vaya más allá de las aspiraciones individuales. Enrique Márquez, María Corina Machado y la propia Delcy Rodríguez aparecen en un escenario donde las señales de posibles candidaturas, los movimientos políticos y las declaraciones públicas van dibujando una competencia que todavía no tiene reglas ni calendario. A ello se suman otros nombres que comienzan a sonar en las conversaciones políticas, incluso vinculados a conocidas familias del poder. ¿Estamos ante una genuina preparación para la democracia o frente a una campaña anticipada, cuidadosamente disimulada entre discursos de transición y reposicionamientos políticos?

No cuestiono el derecho de nadie a tener aspiraciones políticas. En democracia, aspirar a gobernar es legítimo. Lo que sí merece cuestionamiento es la premura de quienes parecen estar pensando en el próximo gobierno mientras el país todavía desconoce las condiciones bajo las cuales podrá elegirlo. Porque antes de hablar de candidaturas necesitamos hablar de garantías, de instituciones independientes, de un Consejo Nacional Electoral confiable, de justicia y, sobre todo, de ciudadanos con capacidad real de decidir.

Mientras tanto, hay otro país que parece transcurrir en paralelo. En el sur del estado Anzoátegui y en otras zonas petroleras se habla de inversiones, reactivación y nuevos acuerdos. Se proyectan oportunidades económicas que podrían transformar el futuro nacional, pero siguen siendo necesarias la información pública, la transparencia contractual y la contraloría social. Nuestros recursos no pueden convertirse nuevamente en decisiones que se toman lejos de la mirada de sus verdaderos propietarios: los venezolanos.

También circulan informaciones sobre el eventual ingreso o participación de grandes entidades financieras estadounidenses, entre ellas Bank of América. Pero conviene distinguir los análisis financieros y las operaciones de financiamiento a empresas petroleras de una supuesta instalación de banca comercial en el país. La posibilidad de una mayor presencia financiera internacional abre interrogantes sobre el modelo económico que se está construyendo, el papel del dólar y quiénes tendrán acceso a sus beneficios.

Y mientras se dibuja ese nuevo mapa de intereses, ¿dónde queda el trabajador venezolano? ¿Qué lugar ocupa el maestro, el médico, el empleado público, el funcionario estadal que espera un ingreso digno para sostener a su familia? Delcy Rodríguez ha situado los ajustes de ingresos para 2027, vinculándolos al desempeño económico. Entretanto, el salario mínimo continúa congelado y la incertidumbre sobre los aguinaldos vuelve a instalarse en los hogares de quienes sostienen buena parte de los servicios públicos. La recuperación económica no puede medirse solamente por los acuerdos petroleros ni por las expectativas de inversión; también debe sentirse en la mesa de cada familia.

Me preocupa que la transición termine convirtiéndose en un escenario donde los actores políticos se adelantan a distribuirse expectativas de poder, mientras la ciudadanía continúa esperando respuestas elementales. No podemos permitir que la palabra transición funcione como una licencia para posponer indefinidamente la institucionalidad, la justicia social y las condiciones de vida de la gente.

Una campaña puede comenzar en las calles, en los discursos, en las redes sociales o en los silenciosos movimientos de quienes aspiran a gobernar. Pero una democracia no comienza cuando aparecen los candidatos: comienza cuando existen ciudadanos libres, instituciones legítimas y reglas iguales para todos.

Y aquí está la pregunta que no deberíamos dejar de hacernos: ¿quién está haciendo campaña por los venezolanos mientras tantos parecen estar haciendo campaña por sí mismos?

Porque Venezuela no necesita solamente nuevos candidatos. Necesita garantías de cambio, rendición de cuentas y un país donde el futuro no vuelva a negociarse a espaldas de su gente.