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Rodolfo Izaguirre: Jorge Manrique

 

En el siglo XV, el poeta español Jorge Manrique escribió las Coplas a la muerte de su padre, una elegía funeral medieval considerada una obra maestra de la literatura española, porque trascendió el dolor causado por la muerte de Rodrigo Manrique, su padre, para convertirse en una profunda y poderosa reflexión sobre la fugacidad del tiempo y de la vida, y el carácter efímero de la gloria y los devaneos humanos.

En ellas, Manrique llegó a decir por primera vez en nuestro siempre difícil y desventurado paso por el mundo que nuestras vidas son como los ríos que van a dar a la mar, que es el morir. Al decirlo, el texto de sus Coplas cruzó los muros del tiempo, se hizo universal y entró no solo en la engañosa veracidad de la literatura, sino en las profundidades de la conciencia como honda reflexión sobre la vida y la muerte, la vanidad y la inconstante fortuna. Era como si la muerte hubiese levantado temprano su vuelo; como si la madrugada también se hubiera levantado temprano.

Y en Caracas, en un bar de mala muerte y frente a un vaso de cerveza, como si la cerveza fuese el propio Manrique, el joven escritor Adriano González León, conocido ya por sus Hogueras más altas y viendo venir hacia él la celebridad de País portátil, su estremecedora novela publicada por Seix Barral, dijo con la áspera pero certera dureza de sus palabras: “¡Coño, Jorge! Ya no escribas más, porque con ‘las vidas que son como los ríos que van a dar a la mar, que es el morir’, ¡dices más que veinte libros juntos! ¡Déjate de vainas y deja tranquilos a los ríos y al mar! ¡No tienes por qué seguir escribiendo!”.

Y no le faltaba razón, porque la frase y las Coplas cruzaron siglos y siguen intactas y resplandecientes.

Las nubes siguen pasando de este a oeste impulsadas por el viento, el tiempo continúa impertérrito su camino hacia ninguna parte y los caudalosos ríos cargados de vidas deshechas siguen llegando al mar. Manrique también despliega sus potentes alas y sobrevuela no solo la majestuosa corte del rey Juan II de Castilla y a los engreídos infantes de Aragón de aquella época, sino los siglos y sus propias circunstancias, que sucesivamente se ocuparon de extinguirlos devorándose unos a otros.

Lo que Jorge Manrique nunca llegó a saber es que también se muere el mar…

Dejó en sus Coplas (escritas en castellano español medieval  del siglo XV)

preguntas que aluden a la fugacidad del tiempo, a la efímera vida humana y a sus plácidos e intensos delirios e ilusiones, que él encontraba tan breves y transitorios como suelen ser las hortalizas del huerto:

 

¿Que se fizo el rey don Juan?

Los infantes de Aragon,

¿que se fizieron?

¿Que fue de tanto galan?

¿Qué fue de tanta inuención?

¿Como truxieron?.

Y agrega:

Las justas y los torneos,

paramentos, bordaduras

y çimeras,

¿Fueron syno deuaneos?

¿Que fueron sino verduras

 de las eras?.

 

Hace años, en uno de los ríos que menciona Jorge Manrique navegó mi mujer, Belén, y el dolor que me produjo su ausencia permanece hundido en el mar mientras ella espera, con desacostumbrada paciencia, el momento de verme llegar. Al reconocerme, se alegrará porque habrá recuperado sus facciones borradas por la triste espera y festejará tenerme allí, pero también estará esperándome Manrique para confirmar que sus Coplas por la muerte de su padre levantaron vuelo y la madrugada también se levantó temprano para verme llegar.