Importante destacar que los venezolanos sufrientes no encontramos en las políticas del Gobierno beneficios que nos ayuden en nuestra precariedad de vida ¿Quién y cuáles son las políticas dirigidas al ciudadano que lo levanten del socialismo desde donde estamos enterrados?
Lo cierto es que esto que se denomina gobierno, prioriza por imposición del tutelaje de Estados Unidos, la estabilización macroeconómica, las inversiones extranjeras en petróleo, oro, hierro, tierras raras, en definitiva, toda la actividad minera extractiva. En espera de la privatización de los sectores que en manos de la revolución quebraron sin posibilidad de recuperación sino por impulso de dinero del exterior, que por demás debería ser auditado para que no se repita la privatización de compadres que se produjo en Rusia o como ya sucedió en petróleo con empresas de capital producto de la gran corrupción de Venezuela.
Nadie atiende ni propone políticas públicas que le faciliten la vida al ciudadano, así apreciamos como el pésimo servicio eléctrico y de agua potable y no tan potable, se cobra por un servicio que el Gobierno no presta, sin embargo, las tarifas suben todos los meses calculadas al precio del euro; ¿será que el Gobierno puede suspender los pagos por el servicio que no presta?
Ni el Gobierno de los EEUU, ni el de aquí llamado interino, pero tampoco los integrantes de la mesa de diálogo, ponen atención a la microeconomía, que es la que traduce la acción pública en efectos directos sobre precios, empleo, competencia, acceso a bienes y calidad de los servicios públicos. No hay gobernanza centrada en los ciudadanos, existe una ausencia de políticas microeconómicas y esto revela nuevamente la desconexión que existe entre los factores de gobierno y políticos de las necesidades inmediatas de la población.
Conviene evitar una oposición absoluta entre macro y micro. En realidad, ambas dimensiones son complementarias: la estabilidad macroeconómica crea condiciones generales, pero las políticas microeconómicas son las que aterrizan el beneficio en la vida diaria de las personas. En el caso venezolano, esta distinción ayuda a argumentar que una agenda pública centrada solo en grandes equilibrios o en disputas de reconocimiento internacional resulta políticamente débil en razón de que no produce efectos visibles sobre la ciudadanía.
El ciudadano requiere -y eso debe exigir- es la concreción de una agenda institucional para la satisfacción efectiva de las necesidades del pueblo, para ello se debe señalar que dedicarse solo a la agenda internacional abandonando la microeconomía, aumenta la distancia entre el ciudadano y los factores políticos de representación popular y de gobierno en todas las instancias.
El colapso estrepitoso de los servicios públicos en Venezuela no puede leerse únicamente como un problema de incapacidad administrativa. También sugiere la consolidación de una dinámica de desinversión estructural que, lejos de corregirse, habría contribuido a producir una crisis funcional que impide al propio Estado reorganizarse autónomamente. En ese contexto, la persistencia de políticas estatizantes o de orientación socialista sobre el ciudadano ha terminado por mantener intacto el modelo, lo cual explica que no se haya producido una transición efectiva. De allí surge la necesidad de un gobierno de transición capaz de reconstruir institucionalmente el Estado y restablecer condiciones mínimas de gobernabilidad
En esa misma lógica, un gobierno surgido después del 3 de enero habría tenido que enfrentar de inmediato una crisis acumulada de tal magnitud que, en la práctica, habría “explotado” sobre un actor opositor, obligándolo a administrar el deterioro sin haber contado con condiciones reales para prevenirlo, corregirlo o amortiguarlo, aquí se explica mejor entonces la necesidad de un gobierno de transición, ya que hoy no hay políticas que nos regresen ni al capitalismo ni a la democracia, seguimos en el modelo chavidelcymadurista.
No es provocando que la crisis nos estalle en la cara, como saldremos es con políticas reales de transición política y económica.
Dios con nosotros.

