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Rafael Fauquié: Alrededor de las palabras

 

El mundo y nosotros, el mundo en nosotros; la realidad y nuestra realidad: diferentes verdades, consecuencia la una de la otra… Y las palabras como necesario apoyo de esa relación. Nombrar para sostenernos, para avanzar, para entender y entendernos; para comunicar y compartir; para formularnos preguntas y buscar respuestas; para apostar por aquello que realmente importa… Porque nos sabemos libres buscamos sin cesar una sintaxis que los años habrán de matizar en sus énfasis e intenciones, y el silencio jamás podría ser una opción.

Nombrar el recuerdo. Nombrar la justificación de nuestro presente. Nombrar mil propósitos tendidos hacia el mañana… Memoria, desciframiento, ilusión: testimonios de nuestras voces alrededor de ciertas realidades de la  propia existencia.

Hace poco escribí acerca de la afirmación de Scott Fitzgeral sobre su intención de escribir, esencialmente, para hacerse rico. Me referiré ahora a la declaración igualmente desconcertante, aunque por motivos diferentes, de Carlos Fuentes cuando éste dijo que su  novela Terra nostra no había sido escrita para lector alguno; que su finalidad fue la complicada, lenta y difícil construcción de un universo verbal destinado a jugar con las infinitas posibilidades de la escritura. ¿Sus exactas palabras?  “Cuando escribí Terra nostra estaba totalmente seguro de que nadie la iba a leer e incluso la hice con ese propósito: escribir un libro sin lectores”.

El juego de las palabras, o el juego de la literatura, según he comentado en diversas oportunidades, puede originarse en cualquier intención asignada por el jugador-escritor.  Desde mi punto de vista, el sentido de ese juego no podría ser sino la comunicación. Si esta intención se perdiera, el juego desvanecería su razón de ser. Repito algo que dije al respecto: “nunca será posible el silencio dentro del mundo interior de un ser de palabras. Su escritura será un conjuro contra ese silencio que jamás podría adueñarse de su alma”.  Una obra escrita para no ser leída, una novela construida con el convencimiento de una absoluta carencia de lectores para ella, es un texto que ha decidido convertir el silencio, el sinsentido, el absurdo mutismo en meta, en finalidad esencial. La razón de la escritura se pierde y, en su lugar, aparece un extraño propósito de escribir para no decir, de trabajar largamente un irreal desafío contradicho en sí mismo.

Recuerdo otro famoso ejemplo: la obra póstuma de James Joyce: Finnegans wake, traducida al español como El entierro de Finnegan. Borges se refirió a ella como un “experimento lingüístico fallido e ilegible”. Borges, que, sin embargo admiraba a Joyce y reconocía muy profundos significados en la difícil construcción del Ulises, rechazaba lo que parecía ser el único propósito de la última novela de Joyce: la escritura como el desafío de un inútil y endiabladamente complicado trabalenguas destinado solo a la proyección de un aparatoso y despilfarrado ingenio. Por cierto, el propio Joyce comentó alguna vez haberse propuesto con su Finnegans… exigir al lector el mismo esfuerzo y tiempo que él había invertido en su escritura.

Repito lo que escribí alguna vez: “no debería ser posible el silencio dentro del mundo interior de un ser de palabras y la escritura será el conjuro en contra de ese silencio que nunca debería adueñarse de su alma”.

Nada hay más individual que la escritura. Cada escritor elige sus rezones para escribir. Señalo dos de esas razones, opuestas en su elección. La primera pertenece a Borges: “Todo libro corresponde a la experiencia de vida de su autor”. La otra es de Derrida: “una cosa soy yo y otra mis escritos”. Me resulta mucho más fácil coincidir con Borges que con Derrida: distinguir necesarias y vitales cercanías entre lo que el ser de palabras es y lo que significa su compromiso con la escritura. O, dicho de otra manera: la escritura literaria existe para decir algo a partir de una experiencia humana, del significado de una elección, una comprensión, un recuerdo, un propósito por transmitir algo que se considera necesario.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM