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Sergio Monsalve: Bloqueados y anegados

 

La ciudad se inunda después de los terremotos.

Todo marcha bien para la junta normalizadora de podcasters adictos, youtubers monetizadores del vacío y políticos paralíticos de siempre.

Muere Nelson Garrido, artista plástico de la imagen contracultural y disidente del país, un referente para la cultura venezolana.

Mala noticia. Se fue uno que los exponía con sus montajes y fotos de la Caracas sangrante, metáfora del país en colapso que vivimos en el 2026, cuyos cimientos y ríos están fuera de cauce, desbordados.

Hay un control cada vez mayor de la censura en redes.

El miedo es el mensaje y el canal.

No en balde, Meta suspende la cuenta de El Nacional de manera injusta, producto de una campaña orquestada por bots bajo el falso argumento del derecho de autor.

Es un boicot a la iniciativa independiente.

Una estratagema diseñada en los laboratorios de las centrales de inteligencia para ahogar la libre expresión.

Lo hacen con periódicos, periodistas, reporteros y cualquier influencer incómodo.

Nadie está exento de recibir el ataque, de forma coordinada, por las copias criollas de Goebbels.

TikTok se ha convertido en un espacio de contenido basura, una red spam de sensacionalismo a la carta, sin freno.

Los manipuladores de oficio aprovechan su banalidad para funar y desprestigiar al crítico, al mensajero que no come del banquete del poder.

De repente, dos comunicadores sociales se preguntan por el destino de los desechos en La Guaira: una pregunta, una inquietud legítima.

De inmediato, la misma granja de bots que produjo el bloqueo de El Nacional en Instagram la emprende contra ambos especialistas en ecoturismo sostenible.

Se les siembra una duda carente de sentido, amparada en una línea que busca minar la credibilidad de los denunciantes, de los cuestionadores.

Tras el 3 de enero y el 24 de junio, el lavado de cerebros no cesa, solo escala en sus técnicas de infoxicación, basadas en las tres “P” que señala Moisés Naím: populismo, polarización y posverdad.

Entre ellas se arman casos y expedientes truchos para exponer en el tribunal de la inquisición mediática, a la medida de los jueces parciales del proceso involutivo, de la transición ciega y timorata, escasa de profundidad y torpe en su accionar.

En vano se rescata al traidor, al otrora funcionario, ahora volteado con ínfulas de disidente soviético o cubano, cuando fue una figura clave en el montaje del desastre desde su nacimiento en la vaguada y la constituyente. Ellos mienten delante de las nuevas cámaras y lentes de alta definición.

Pero el discurso entraña la misma pobreza argumental de antes, su valor exiguo de libro genérico.

Se limpian las manos, les lavan la imagen en portales y programas de moda.

Se les dispensa un trato de notables que no son, olvidando sus tiempos en que desfilaban con guardaespaldas y séquitos de bobos útiles.

Hoy posan de dignos, como los que van diariamente a las zonas de desastre para subir sus números y rentabilizar sus cuentas.

¿De qué va el cuento de la Venezuela actual?

¿A quién conviene la extensión de semejante patraña? No al ciudadano, de seguro, que ve cómo su dinero se ahoga en deudas, rifas, compras nerviosas y apuestas de animalitos en línea.

Las calles se inundan de motos en autopistas fracturadas, donde los accidentes devienen en moneda corriente.

Es una ruleta rusa de una peligrosidad extrema.

Por supuesto, no hay plan de contingencia para manejar la magnitud de la sobrepoblación del parque automotor, a consecuencia del regreso de innumerables deportados, de la ilusión de la transición y de la migración interna hacia la capital después de los sismos.

Se debe insistir en la protesta, en el cambio pacífico y en la vuelta a la democracia.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM