pancarta sol

Aglaia Berlutti: “Tony” de Matt Johnson

 

El fuego donde nace un nombre y una leyenda.

Antes de convertirse en leyenda gastronómica, Anthony Bourdain fue un joven arrogante, inseguro y hambriento de reconocimiento. Tony explora en ese verano decisivo en que su pasión hedonista, el trabajo y la maravilla de los secretos de la gastronomía, cambiaron su vida para siempre.

Tony de Matt Johnson no es un biopic tradicional y no pretende serlo. De hecho, es mucho más una exploración en clave apasionada y profundamente sensible, sobre la noción de la necesidad de crear. Y en especial, en cómo Anthony (interpretado de manera elegante e ingeniosa por Dominic Sessa), necesitaba entender el mundo desde lo sensorial. Por supuesto, la premisa es una forma de refundar de origen la percepción de Bourdain como un símbolo sibarita y en esencia, maravillado con las delicias del mundo gastronómico.

Pero en lugar de cometer el error de ir de descripción en descripción de los grandes eventos de la vida de Bourdain o en cualquier caso, resumirlos todos en una premisa que le enaltezca, Tony reflexiona sobre la evolución de un hombre destinado a convertirse en mito de la cultura pop. Por lo que la cinta profundiza en Bourdain antes de ser leyenda televisiva, cuando todavía era un joven convencido de que las palabras podían abrirle todas las puertas y era además, un seductor nato que basaba buena parte del éxito en su vida en el carisma. De modo que la cinta prefiere mostrar a un Anthony joven, arrogante y en crecimiento. Pero también uno en busca de su propia identidad a partir del privilegio de considerar al mundo como un escenario para construir su visión del futuro y sobre sí mismo.

Así que Tony aparece inicialmente en Vassar College defendiendo ante un comité de becas el proyecto de una novela que considera destinado a convertirse en una gran obra estadounidense. Y la trama hace un gran trabajo al escoger un punto de partida que deja varias cosas en claro. Este venidero héroe del buen paladar y de la búsqueda casi iniciática del placer comenzó como un chico impulsado por una ambición desordenada y caótica. La seguridad con la que se presenta resulta casi cómica porque nace de una mezcla de talento, alcohol y una confianza todavía sin comprobar. Sessa entiende muy bien esa combinación. Su interpretación no busca fabricar una versión juvenil y simpática del escritor famoso, sino mostrar a un muchacho que todavía está ensayando la persona que quiere llegar a ser.

Incluso su conversación con Nancy (Emilia Jones), el amor idealizado de su adolescencia, revela esa contradicción: puede hablar con aplomo sobre literatura y quedarse torpe cuando debe hablar de sí mismo. La noticia de que Nancy pasará el verano en Provincetown termina funcionando como una coordenada narrativa que empuja al protagonista fuera de su plan original.

También aparece su madre (Dagmara Dominczyk), una presencia breve pero decisiva. Y una que contextualiza a este Tony bravucón: antes de ser el audaz viajero capaz de comer cualquier plato y enfrentarse a cualquier situación social, era un chico obsesionado por la aprobación familiar. También, un hombre aterrorizado por el futuro. Una combinación de factores que terminaría por sostener su personalidad más adelante y también, su desordenada, simpática y febril búsqueda de alicientes para sustentar su propia leyenda.

Una figura televisiva destinada a convertirse en un mito

Así que Tony sugiere que detrás de la cierta arrogancia juvenil de su protagonista, habita una búsqueda de aprobación que el personaje todavía no sabe reconocer y que se extenderá más adelante, a toda su vida personal y profesional. Cuando la beca se esfuma, la supuesta carrera literaria queda suspendida (y de hecho, olvidada), por lo que la posibilidad de viajar adquiere otro sentido.

A partir de ahí, el jovencísimo Tony comienza a hacerse preguntas sobre lo que necesita para sustentar su personalidad, pero sobre todo, cómo entender su propio talento. Con buen tino, Johnson evita presentar ese fracaso como una tragedia monumental. Al contrario, lo utiliza como una puerta hacia una experiencia que Tony jamás habría podido planear desde un escritorio. Lo que lleva al personaje (que sigue en una batalla mental y emocional por encontrar su lugar en el mundo), al pueblo costero de Provincetown.

Pero no solo para tratar de entender qué hay en el enclave que le ayude a dar el salto hacia el hombre que quiere ser, sino para analizar el misterio de la inquietud voraz que siente por el mundo. Johnson imagina a un Anthony Bourdain no solo en formación. También creándose a sí mismo a través de piezas de experiencia que finalmente, le darán forma y sentido como una especie de obra de arte sibarita creada a través de la maravilla.

Por lo que la llegada a Provincetown permite que Tony cambie de temperatura y de escala. El relato se desplaza hacia una cocina donde el trabajo cotidiano sirve como examen moral, social y emocional. Tony entra en un ambiente gobernado por horarios, pedidos, jerarquías y cansancio, muy lejos de la fantasía romántica que podría sugerir una historia de verano. El restaurante dirigido por Chef (Antonio Banderas) trabaja con una carta reducida y productos determinados por la pesca del día. Esa limitación culinaria crea una especie de sistema cerrado: todo el mundo sabe qué hacer, cuánto puede soportar y qué precio tiene equivocarse. Dimitri (Stavros Halkias) forma parte de esa maquinaria, mientras Sal (Leo Woodall) adopta una relación más cercana con Tony y termina convirtiéndose en una referencia, aunque sea una bastante cuestionable. Sal de hecho encarna una caricatura peligrosa de cierta masculinidad laboral. Consume cocaína para resistir las jornadas, presume de sus conquistas y deja una marca física en las puertas cada vez que una relación termina en una habitación.

Su energía agresiva parece ofrecerle a Tony un manual rápido para sobrevivir entre hombres que valoran la dureza por encima de cualquier otra cualidad. Chef representa otra posibilidad. Su autoridad no depende del espectáculo ni de la intimidación permanente, sino de una disciplina que combina experiencia, espiritualidad y cuidado. Banderas interpreta al personaje con una calma que evita convertirlo en mentor perfecto. Hay algo cansado y profundamente humano en este cocinero que ha alcanzado un nivel profesional considerable y, aun así, sospecha que el éxito puede llevar a un callejón sin salida.

La dinámica entre ambos modelos masculinos ayuda a explicar el aprendizaje de Tony sin necesidad de subrayarlo. Johnson confía en que las conductas hablen. Sal enseña mediante el exceso; Chef, mediante la responsabilidad. Tony observa, imita, se equivoca y vuelve a intentarlo. Esa progresión importa porque la película entiende la formación personal como un proceso práctico. El joven no recibe una conferencia sobre quién debe ser. Recibe turnos, errores, hambre, compañeros difíciles y decisiones pequeñas que se van acumulando. Y aprende, en especial, la forma como Chef es un líder carismático, esforzado y profundamente humano que carga con los errores del equipo, absorbe tensiones y mantiene funcionando un lugar lleno de impulsos contradictorios. Tony empieza a comprender que la adultez también puede consistir en hacerse responsable de aquello que otros prefieren dejar tirado. El aprendizaje sucede entre platos. Todo ocurre con precisión brutal.

La vida no entrega el menú completo

Por eso la conclusión emocional de Tony tiene menos que ver con alcanzar una meta que con aprender a prestar atención al presente. El concepto parece sencillo, pero la película consigue darle cuerpo mediante acciones concretas. Tony se construye a sí mismo y lo hace con una libertad de una etapa formativa irreversible. Cada experiencia agrega una pieza a un carácter que todavía permanece incompleto.

De modo que el personaje no necesita tener resuelta su identidad para resultar fascinante. Al contrario, su atractivo nace de verlo improvisar mientras descubre qué clase de hombre quiere ser. Chef ofrece una enseñanza desde la experiencia profesional; Sal proporciona una advertencia mediante el exceso. Al final, este Tony recién construido, reluciente de pura maravilla y todavía con un mundo por devorar, es una promesa. Y una tan radiante como para conmover. El punto más alto de la cinta.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM