pancarta sol

María Jimena Duzán: De la Espriella style

 

Todavía es muy temprano para saber cómo va a ser el gobierno de Abelardo De La Espriella, sobre todo después de que Carlos Suárez, su máximo estratega, aceptó que en esa campaña no hubo propuestas. Suárez confesó, sin sonrojarse, que la campaña de el tigre fue ante todo un espectáculo de marketing político en la que hubo campo para mover emociones, pero no para propuestas. “El éxito de este método”, advirtió en una entrevista, “fue que se sacó a la gente a votar con el corazón o con el hígado”… en lugar de plantear “vetustas” propuestas.

Ante la ausencia de propuestas, lo único que hasta ahora podemos asegurar es que el nuevo presidente trae consigo una nueva estética del poder que se resume en este lema: “De La Espriella Style”. Esta frase, que en realidad es un concepto de marketing propio más de un vendedor de ropa en Instagram que de un presidente, es la frase marca que mejor define la relación que De La Espriella tiene con el poder.

Para el nuevo presidente, el poder está atado al éxito económico, a la fama, al reconocimiento, a los trajes de marca que él lleva y a la exclusividad que ese poder otorga. “De La Espriella Style”, es también el nombre de su exitoso canal de Youtube desde donde vende sus productos, como la marca Avanti, que es su ropa para hombre, el ron Defensor, sus libros y donde da información sobre cómo se puede entrar al Style Club, que es el mundo selecto que ha creado De la Espriella para “los apasionados por aprender y disfrutar de una vida llena de style”.

Ese canal fue el mismo que utilizó para hacer su campaña presidencial, que fue una muy exitosa estrategia de marketing político en la que se vendió la figura de Abelardo De la Espriella. Desde ese canal, donde vendía sus productos, hizo también sus lives y transmitió sus inmensas producciones en las que se veían desde fuegos artificiales hasta espectáculos como el que montó el día de su triunfo, en el que se le vio aparecer en una especie de cabina a prueba de balas, sobre un planchón en el río Magdalena. Se le veía inaccesible y poderoso, como si le estuviera hablando a Colombia desde un nuevo olimpo.

Hasta hace poco, “De La Espriella Style”, era un concepto que había sido diseñado para que ADLE vendiera sus productos a la Colombia aspiracional, esa que ama el éxito, el dinero y que quiere entrar en los clubes selectos como los que él plantea en su canal. Hoy este “style” ya no solo le vende productos a la Colombia aspiracional, sino que se ha convertido en la nueva estética del poder, muy bien representada en la figura del hoy presidente Abelardo De La Espriella y su presentación en sociedad fue en la ceremonia de posesión.

La primera sorpresa se dio horas antes de que se convirtiera en presidente, cuando su oficina llamó a una rueda de prensa a todos los medios que estaban acreditados en Cali. Los colegas llegaron pensando que se iban a encontrar con el presidente electo e iban a poder interactuar con él, una oportunidad que nunca habían tenido en la campaña. Cuál sería su sorpresa al ver que en vez de ver al presidente se encontraron con que lo que había era la proyección de un video en el que De La Espriella le enviaba un mensaje a los medios de comunicación, advirtiéndoles que en su gobierno iba a respetar la libertad de prensa, pero solo si los periodistas decíamos la verdad. No hubo posibilidad de repreguntas ni de interacciones con la prensa y, además, lo dicho en el video dejó la impresión de que quien iba a ser el encargado de decir que era verdad o mentira era él mismo. En honor a la verdad, lo que hubo no fue una rueda de prensa, sino un mensaje del presidente a los medios de comunicación para que supieran lo que nos espera si no replican la verdad que él señala.

En la era de “De La Espriella Style”, el presidente va a ser un mandatario inaccesible, poderoso y al que solo unos cuantos van a poder acceder, como lo vimos con la fiesta privada que armó para su posesión. A los demás mortales, nos va a tocar verlo de manera virtual.

De La Espriella convirtió un acto institucional como es la posesión de un presidente en una fiesta privada con besamos y pasarela. La forma como iban apareciendo los invitados ante los medios era copiada de las ceremonias con tapetes rojos de los Oscar y hasta los medios se convirtieron en parte del aplausómetro. Un segundo momento fue cuando los invitados especiales entraban al recinto de la universidad y eran ubicados. El último en entrar, luego de haber saludado a sus invitados, fue el presidente electo junto con su esposa. Lo que vino después todavía lo estamos digiriendo. Tras el discurso del presidente del Congreso, Honorio Henríquez, que fue sensato y oportuno —dijo que ese congreso iba a ser todo por conseguir la paz y el diálogo entre diferentes fuerzas—, se le impuso la banda presidencial a De La Espriella. Cuando todo el mundo pensaba que el presidente iba a pronunciar su discurso de posesión allí en ese auditorio frente al congreso y a sus invitados, decidió salir del recinto, dejando a todos sus convidados a expensas de las autoridades religiosas que una a una salieron a hacer una homilía, como si Colombia fuera un estado confesional y no un estado laico.

Minutos después, apareció de nuevo, pero no en carne y hueso, sino en una pantalla, desde el batallón Pichincha, que queda muy cerca de la Universidad. Allí, frente a unos inmóviles uniformados, pronunció su discurso de posesión. Es decir, el presidente dejó tirados a sus invitados, a la virgen María, a las autoridades religiosas, para ir a cumplir un capricho que no le concedió el congreso: el de posesionarse ante una guarnición militar, un acto que el congreso no le aceptó porque lo consideró un irrespeto a los poderes públicos.

En la era “De La Espriella Style, el poder se va a utilizar para cumplir caprichos antes que promesas. Su capricho de despachar desde un batallón en Barranquilla lo está llevando a cabo contra viento y marea con el argumento de que los costos no los van a pagar los colombianos, sino que ese dinero va a salir de su bolsillo y de la generosidad de la empresa privada. Ha dicho que puso 700 millones para amueblar su nuevo palacio en Barranquilla y anunció que la adecuación del batallón la va a pagar un empresario que es a su vez el mayor contratista de Barranquilla. Es decir, que en la era de De la Espriella Style, no se le deben hacer reparos éticos al presidente por recibir regalos de empresarios que tienen intereses en el Estado y que quienes se atreven a cuestionarlo faltarán a la verdad y serán considerados activistas, no periodistas. Ni el Club Style de De La Espriella creen que hay empresarios que le hacen regalos a presidentes a cambio de nada.

Habrá que esperar a ver cuáles son las propuestas del nuevo gobierno y cómo es que las piensa implementar. No voté por ADLE, pero soy colombiana, vivo en este país y quiero que le vaya bien. De lo que no hay duda es que este gobierno trae una nueva estética de poder y que quienes quieran entrar en ese club privado que parece ser la patria milagro van a tener que aprender cómo es que funciona “De la Espriella Style”.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM