Andrés Eloy Blanco un elevado espíritu comprometido con su pueblo, con la fraternidad humana.
Hoy nos visita como siempre, especialmente en la fecha de su aniversario, nuestro hermano, Andrés Eloy Blanco.
Su pluma, su verso, su prosa, su palabra, sus mensajes, su propuesta, sus letras, sus composiciones todas, eran balas en un campo de batalla.
Balas de calidad humana para enfrentar una existencia plagada de injusticias, en una Venezuela esclavizada por las bayonetas de una estirpe primitiva, y por la ignorancia madre de todos los males, del atraso y de todas las desigualdades.
Una integridad moral impoluta, de un compromiso social infinito con el pueblo, por la libertad de Venezuela, fuente de inspiración permanente de elevados valores, principios y virtudes.
Su prosa era una espada, su presencia la de un caballero libertario, la del prócer civil que lucha por su patria.
Un arma… Su alma quema.
Yo quisiera haberlo tenido conmigo en persona, como maestro, como acompañante en los escenarios actuales de la calles de Venezuela.
Hoy tan solo su nombre significa la afrenta necesaria contra una caterva de criminales indignos de nuestra herencia, de llamarse venezolanos.
El poeta, el bardo, el trovador, el cantor que nunca calla, tiene en él la encarnación excelsa de la amenaza, de la metralla contra el abuso, contra lo injusto, contra el régimen de esclavitud en cualquier época.
Su nombre es una proeza en sí misma, un portador del arte militante por la vida, por la dignidad, por las libertades democráticas.
Su nombre es un rayo luminoso que quema las sombras, que hiere la mirada de las hienas, que achicharra el espíritu de la oscurana.
Su alma se refleja en sus poesías compuestas de versos humildes, sensible, humanos, en las “Uvas del tiempo”, “Los hijos del infinito”, “Píntame angelitos negros”…
Pero también su prosa de batalla, particularmente en, Canto de los hijos en marcha…
Su estrofa,
Madre, si me matan,
ábreme la herida, ciérrame los ojos
y tráeme un pobre hombre de algún pobre pueblo y esa pobre mano por la que me matan,
pónmela en la herida por la que me muero,
llega a mí desde la adolescencia.
Y ahora comprendo totalmente el porqué de su presencia desde estas edades tan tempranas, entre otras cosas…- , como presagiando lo que estaba a su alcance, como preparándonos a los venezolanos para el presente, para esta lucha que enfrentamos, es decir; para el mañana.
Si ayer era importante, hoy más que nunca es necesario sumergirnos en el océano de su pensamiento social y político, en la profundidad de su alma, en la brillantez de su espíritu.
Abrazar su obra llena de humildad y humanismo, de dignidad y heroísmo, de sensibilidad y compromiso, que apenas rozamos superficialmente.
Toda su historia es una enseñanza y un extraordinario ejemplo para niños, jóvenes y adultos.
Una brújula para el presente y el futuro.
Para el Renacimiento y la Refundación de Venezuela.
Andrés Eloy Blanco.
El arma hecha palabra; la maestría de la palabra comprometida con la libertad y la justicia, apóstol de las causas humanas, referencia de Venezuela para el mundo.
Que así sea.

