La radiografía social hecha por la reciente encuesta Datin Corp nos da una nueva lectura sobre el mapa de navegación de Venezuela hacia su futuro inmediato. El país reclama un nuevo liderazgo político ante el agotamiento de los referentes tradicionales y de las propias estructuras partidistas que deben ser renovadas radicalmente. Los ciudaanos apuestan por una persona que maneje el tema económico, tenga competencia gerencial y sea honesto. Ya no espera un mesías ni compra fórmulas mágicas extranjeras que pretendan tutelar la soberanía nacional.
La mencionada encuesta habla crudamente: el principal problema de la gente es el bolsillo y se requiere atender con urgencia el tema de la inflación, el empleo y los salarios. Por ello, el nuevo líder no puede ser un simple agitador de masas o fabricante de consignas vacías. Necesita tener nociones de economía y capacidad técnica para atraer inversiones, estabilizar la moneda y reactivar el aparato productivo. La valoración de la gente es hacia perfiles de gestión eficiente y resultados económicos reales, más que a criterios ideológicos o retóricas.
Por otro lado, la encuesta arroja el rechazo tajante a los partidos tradicionales, producto de una profunda decepción ética. La falta de transparencia y las promesas incumplidas han dejado una huella profunda de desconfianza en el electorado. Por tanto, el nuevo liderazgo debe estar firmemente anclado en la honestidad indiscutible. El ciudadano volverá a creer en los partidos políticos cuando tenga un liderazgo que demuestre coherencia absoluta entre lo que dice, lo que hace y cómo vive; además, de su idoneidad y formación para hacerle frente a los exigentes problemas.
Otro aspecto clave que desnuda Datincorp es que la gente quiere quedarse en el país y exige elecciones transparentes y democráticas. Percibe que la solución a los problemas del país depende en gran medida de los ciudadanos y no del gobierno. Esto es un dato muy importante. Los encuestados creen que para destrancar el juego debe haber un liderazgo con madurez política y capacidad negociador de llegar a acuerdos viables y pragmáticos. No se trata de una señal de rendición, sino de transición estratégica que priorice el bienestar de la gente.
La lectura es clara. Existe una crisis de liderazgo. Las estructuras tradicionales están agotadas y los ciudadanos claman por una renovación profunda. La encuesta arroja de manera clara en el horizonte figuras referenciales como María Corina Machado y Lorenzo Mendoza. Esos liderazgos emergen no por el azar, sino porque encarnan los atributos que el venezolano de hoy considera innegociables. El país que se queda y resiste no busca un caudillo emocional, sino un gerente de estado con solvencia moral y dispuesto a trabajar con los mejores.

