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Soledad Morillo Belloso: Un paso en el camino correcto

 

No me alcanzaría el espacio editorial, y quizá tampoco me alcanzaría el país entero, para nombrar a todos los venezolanos capaces de reconstruir esta tierra sin que el intento se vuelva fracaso o espejismo. Porque si algo sobra en Venezuela —dentro y fuera de sus fronteras— es gente que sabe, que puede, que quiere, que está lista.

Mientras la barbarie sigue haciendo  ruido, los competentes se multiplican en silencio. Mientras la mediocridad aún se exhibe como si fuera mérito, los profesionales de verdad afilan su oficio. Mientras los incapaces se aferran al poder como náufragos a una tabla podrida, los que sí saben están más que preparados para levantar lo que otros destruyeron.

Hay médicos que operan con dignidad en medio del desastre, como si cada cirugía fuera un acto de resistencia moral. Ingenieros que conocen a Venezuela como se conoce a un ser amado: por dentro, por fuera, por las grietas y por las posibilidades. Economistas serios que no maquillan cifras.  Maestros que enseñan sin tizas, sin pupitres, sin sueldo, pero con una convicción que no se compra ni se destruye. Agricultores que siembran futuro en tierra herida, como quien siembra esperanza en un cuerpo que aún respira. Juristas que recuerdan cómo se ve la ley cuando no es una burla, cuando todavía puede ser columna vertebral y no chiste cruel.

Y afuera, más lejos en kilómetros pero cerca en compromiso, hay venezolanos que han convertido su exilio en un arsenal de conocimiento. No se fueron del país: se fueron por el país. Aprendieron, se perfeccionaron, se curtieron. Y esperan —con paciencia de artesano y urgencia de patriota— el momento de volver, servir, aportar.

La reconstrucción no será una ilusión. La ilusión es creer que no hay con quién reconstruir. La verdad es otra: los buenos son demasiados, los capaces son mayoría, los profesionales de verdad están hartos, listos y cerca.

Por eso no me alcanza el espacio editorial: porque la lista de quienes pueden levantar este país es tan larga que llena cualquier página, porque la decencia es más numerosa que la ruina, porque la competencia es más fuerte que la barbarie, porque la Venezuela posible ya existe: está hecha de su gente.

Por supuesto que la industria petrolera se puede recuperar. Tenemos lo esencial: conocimiento, maestría y conciencia moral.

Por supuesto que se pueden recuperar los campos. La agricultura y la cría están esperando por manos decentes que respeten la tierra como se respeta un legado.

Por supuesto que se puede recuperar la planta industrial de Venezuela. Con profesionales que no jueguen al círculo pernicioso de la estupidez.

Por supuesto que se pueden recuperar las empresas del Sur.

Fueron muchos los años de trabajo duro, y la memoria del trabajo es más fuerte que la destrucción.

Y podría escribir páginas sobre cada uno de los sectores. Páginas que serían inventario de talento, catálogo de decencia, mapa de posibilidades.

Por de pronto, celebro que la AN15 y esta de ahora trabajen en conjunto, con la prudencia y transparencia que exigen las circunstancias. Es un paso en el camino correcto. Un paso que todavía no reconstruye el país, pero abre la puerta para que los que sí saben puedan hacerlo.

Soledadmorillobelloso@gmail.com – @solmorillob

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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