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María Gabriela Escovar León: Los ciudadanos entre escombros

 

Se esperaba un terremoto en cualquier momento, llegó en doblete y con furia. Nos encontró en un profundo desamparo institucional y con un Estado incapaz de responder a un sismo para el que nunca se preparó.

La sociedad civil venezolana ha enfrentado veintisiete años trágicos. Hemos logrado sobrevivir de forma precaria a deslaves, destrucción del sistema eléctrico, del servicio de agua y de las comunicaciones. No hay en Venezuela hospitales dignos. Se destruyó la educación, los jóvenes apenas saben leer y escribir. La represión acabó con nuestra libertad. Hemos padecido todos los males imaginables e inimaginables. Nos ha salvado tener una sociedad civil robusta, íntegra, digna. Ha sido no una víctima pasiva sino el actor principal de la respuesta comunitaria.

Cuando la tierra dejó de rugir, los vecinos, las plataformas digitales, los venezolanos de cada rincón del país se activaron, todos despertamos de golpe y llenamos el vacío de poder. De inmediato se crearon centros de acopio y la ciudadanía se volcó a llenarlos de medicinas, ropa, comida y solidaridad. Ante la ausencia de reacción gubernamental, voluntarios y familiares de las víctimas fueron quienes enfrentaron el rescate entre escombros, cabillas y terror. Con sus propias manos comenzaron la tarea que le tocaba al Estado, desprovisto de maquinaria, de iniciativa y conocimientos para enfrentar una tragedia para la cual no se preparó ni preparó a la ciudadanía. Venezuela está desamparada. Han sido 27 años de saqueo de las arcas del Estado sin el más mínimo pudor.

Dos terremotos que han cobrado la vida de miles de venezolanos. No se conocen aun las cifras reales, desenmascararon definitivamente a unos gobernantes incompetentes y corruptos: el rey está desnudo.

La devastación en Vargas, para mí, sigue siendo Vargas, no solo es consecuencia de dos terremotos implacables, sino de la incompetencia de quienes han gobernado ese estado de mar y sol caribeño. Hay que preguntarse con qué criterio otorgaban los permisos de construcción después del deslave de 1999. ¿Con qué criterio supervisaban las obras? ¿Qué normativa antisísmica aplicaban? ¿Cómo es posible ese nivel de destrucción? El gobierno local nos debe una explicación.

La sociedad civil se ha negado a morir. Al contrario, es fundamental en el tejido social del país. La solidaridad es una virtud del venezolano y durante estos terribles años ha sido nuestra estrategia de supervivencia cuando el Estado nos abandonó a nuestra suerte o por nuestra mala suerte.

La gente, el ciudadano común, el sufrido pueblo venezolano se siente abandonado. Hoy, más que nunca, la precariedad del país ya no puede ocultarse con panfletos. El previsible sismo nos encontró sin recursos, con una crisis humanitaria que hoy alcanza una dimensión inmanejable, pero con el carácter de una gente indoblegable, caracterizada por su enorme simpatía y empatía que hoy fortalecen el carácter que tiene nuestra sociedad civil, aún en nuestros peores momentos.

¿Ya han pensado en los refugios? ¿Tendrán previsto cómo enfrentar epidemias dada la cantidad de cadáveres que aún permanecen en el suelo y subsuelo? ¿Les interesa para permanecer en el poder?

La sociedad civil tiene la voluntad, más no los recursos del Estado, que tampoco se sabe si existen o dónde están. Aquí seguimos sobreviviendo al terremoto que provino de las entrañas de la tierra y de esta Revolución del Siglo XXI. No estamos bien, pero seguimos vivos y con fuerza, con el ánimo para seguir existiendo.

Escribo un párrafo aparte para agradecer con todo mi corazón a los países que sin ningún interés vinieron a salvar venezolanos. Gobiernos que depusieron sus diferencias con Caracas y no dudaron en venir al rescate. Eso jamás lo olvidaremos. Muchas gracias. Mil veces gracias.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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