Amigos lectores:
I. Ciertas conversaciones podrían constituir un género literario. Hablo de esos intercambios, esencialmente entre dos personas, donde la inteligencia se eleva, se sacude el polvo de lo ordinario y las palabras adquieren la movilidad de la luz, la densidad del espíritu. No hablo de elocuencia, ni de flujo informativo abundante, ni de mera confesión. Al contrario, son encuentros en los que pausa, silencio, rumor, titubeo y escrúpulo forman parte de la partitura. Ambos, el que habla y el que escucha guardan un empeño común: aproximarse a lo indecible. Luchan por nombrar lo que escapa de las palabras. Avanzan y se repliegan, despejan el terreno para que lo que está en los límites de lo nombrable pueda ser dicho, justo antes de desaparecer para siempre. Quizá la belleza sea aquello que se alcanza a fijar con la escritura o con el pincel o en una secuencia de notas, la maravilla de eso humano que estuvo a punto de perderse irremediablemente.
II. Este regalo de los dioses, por increíble que parezca, aparece cada tanto en entrevistas televisadas. He tenido la fortuna, por ejemplo, de ver a lo largo de los años, instantes en los que Joaquín Soler Serrano o Fernando Sánchez Dragó bajan la voz, dan un paso atrás, ingresan en una especie de estado de suspensión, y formulan alguna pregunta con ese don que es la cautela sensible, y entonces, a continuación, el entrevistado abre una rendija y, desde ese quiebre casi imperceptible dice una frase o unas pocas palabras sobrecogedoras, portadoras de una calidad distinta y reveladora.
III. En la entrevista que Rafael Castillo Zapata le hace a Luis Pérez Oramas en el programa Un minuto con las artes (publicada en YouTube a comienzos de esta semana), hay momentos de luminosidad que nos aproximan y abren las puertas de la poesía de Pérez Oramas.
IV. ¿Por qué este brevísimo elogio del milagro de ciertas conversaciones? Porque en días recientes, la editorial Pre-Textos ha publicado en España, en un volumen, el más reciente libro de Pérez Oramsa, Servidumbre de luces, seguido de una selección de poemas de sus libros publicados entre 1983 y 2022: Salmos (y boleros) de la casa (1983), El largo viaje (1985), La gana breve (1992), B/M (Bonnard/Matisse) (1993), Doble siesta (1994), Balada de Joey Stefano /1997), gacelas y otros poemas (1999), Prisionero del aire (2008), La dulce astilla (2015) y Animal vesperal (2022).
V. Justo anoche finalicé su lectura. Tres días envuelto, hipnotizado, abandonado al elegante decir, a la facultad reveladora e insinuante, a lo que hay de redención y de expectante en su poesía. Aunque la edición propone un recorrido, partir de los poemas de Servidumbre de luces (2026) y remontar la corriente del tiempo e ir hacia Salmos (y boleros) de la casa (1983), desatendí la sugerencia, leí el volumen de atrás hacia adelante, y solo cuando hube finalizado me devolví al epílogo, a cargo de Octavio Armand, ensayo que parte de la poesía de Pérez Oramas y lo teje en el tiempo y el espacio: Platón, Rimbaud, Whitman y Paz.
Me apresuro a decir, que esto ya va largo, que en las páginas 1, 2 y 3 vienen poemas de Luis Pérez Oramas, así como dos fragmentos de ensayos de José Balza y de José Napoleón Oropeza. En ambos casos, las partes reproducidas se refieren a sus primeros libros.
VI. Harmonices mundo es un libro excepcional: despliega el encuentro entre dos creadores peruanos fundamentales: el artista visual Miguel von Loebenstein (1955) y el poeta Eduardo Chirinos (1960-2016). En vez de un texto de presentación, Chirinos escogió escribir un poema por cada uno de los 27 collages que conforman el libro. El resultado es un diálogo fértil e inagotable, como el lector puede constatar en los 8 collages/poemas reproducidos en esta edición, y que son presentados por el poeta y ensayista chileno, Marcelo Pellegrini. Páginas 4 y 5.
VII. Harold Alvarado Tenorio nos conduce de visita a León de Greiff (1895-1976), voz fundamental de la poesía colombiana e hispanoamericana: “Desde sus primeros libros de Greiff dialoga con el modernismo —particularmente con Rubén Darío— pero al tiempo lo subvierte. Frente al preciosismo decorativo y la musicalidad afinada del modernismo tardío; ante la melodía solemne, marmórea y controlada de Valencia, o la sensual, envolvente y fluida de Rubén, su poesía introduce una inflexión irregular, sincopada, sinuosa, lúdica y a menudo disonante”. Páginas 6 y 7.
VIII. Hace algunas semanas publicamos aquí algunos poemas de la estadounidense Denise Levertov (1923-1977) presentados y traducidos por Miguel Gomes. La segunda entrega de la serie está dedicada a Weldon Kees (1914-1955). Presentación y poemas vienen en la página 8: “Desde temprano mostró un talento exuberante que propulsó su multifacetismo de adolescente eterno: cuentista, novelista, dramaturgo, pintor, cineasta, fotógrafo, pianista de jazz, locutor de radio, gestor cultural. Con frecuencia aportó reseñas a grandes revistas estadounidenses y fue en ellas editor de las secciones de arte. Escribió para noticiarios cinematográficos; compuso canciones que se interpretaban en cabarés; expuso sus collages y cuadros (varios de ellos se conservan en museos de arte moderno)”.
IX. El más reciente libro de Carmen Leonor Ferro, en edición bilingüe -español e italiano-, se titula Stanza senza vista (Cuarto sin vista); tiene prólogo de Jesús Montoya y traducción al italiano de Flavia Zibellini. Vienen 12 poemas y la entrevista que le hizo Alejandro Sebastiani Verlezza, en la que Ferro dice: “El bilingüismo produce distorsiones que pocas veces percibe quien lo vive. No me doy cuenta de lo que ha ocurrido con mi español, es una sensación particular pensar que puedes estar perdiendo tu idioma. El hispanohablante que vive en Italia por mucho tiempo tiende a eliminar los subjuntivos de las subordinadas futuras, hace cambios en las palabras que son similares”. Páginas 9 y 10.
X. Rafael Castillo Zapata -a quien menciono al comienzo de estas notas- presenta Insula (La Garúa Libros, España, 2026), segundo libro de Jorge Andrés Medina, joven poeta venezolano residenciado en España: “Esos poemas, en su ilación, me parecieron, ciertamente, tableaux d’une exposition, un encadenamiento de suntuosas y serenas vistas construidas a imagen y semejanza de las últimas acuarelas de Cézanne. La pincelada escueta y el blanco de la página aúnan en estas vistas una concordancia perfecta, danzan una danza limpiamente acompasada”. Página 11.
XI. Llegamos así a la página de las columnas:
Una alteración tipográfica sospechosa: así titula Juan Pablo Gómez Cova su entrega: “Aunque era una frase hermosa, supuse que faltaba algo y tuve que regresar a la biblioteca para cotejar con la fuente original. Al llegar, me di cuenta de que el libro no estaba en la estantería. Subí hasta el mostrador y pregunté al bibliotecario por la persona que se lo había llevado en préstamo”.
En La amnesia visual escribe Tahía Rivero: “a partir de 1999, el nuevo régimen político en Venezuela implementó una reestructuración radical que desmontó el modelo de gestión y consumo cultural que hasta entonces se basaba en la autonomía institucional, el patrocinio mixto y una proyección de corte internacional. Los museos perdieron su perfil y cayeron en un silencio pasmoso”.
Por último, la entrega de Mirla Alcibíades se titula Sin vocal: “Por ejemplo, en el caraqueño El Siglo, de enero de 1884, se leía una composición (así la llamaban) escrita sin la letra A. Su autor era mexicano. Se trataba de don José María Esteva. En la nota de presentación de estos versos se elogiaba que, no obstante, la ausencia de la vocal antes dicha se podía leer “sin que por eso se note violencia en el verso, ni las ideas sean incoherentes”.
XII.Que vengan cosas buenas para todos. Muchas y bien distribuidas.
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Nelson Rivera.

