Empieza la semana grande de la literatura gallega. Es tiempo de lecturas, recitales, festivales infantiles, encuentros literarios… En los colegios e institutos, se organizan todo tipo de actividades. Ya sólo por este bullir creativo merece la pena. Resulta hermoso ver a una sociedad volcada celebrando su lengua, reivindicando el gallego como idioma vivo y creador, transmisor de historias y relaciones de afecto, recuperando universos literarios y acercando la riqueza de un patrimonio común.
La tradición comenzó en 1963. La idea partió de la Real Academia Galega, que escogió el 17 de mayo por su valor simbólico. Se cumplían 100 años de la primera edición de Cantares gallegos, el poemario de Rosalía de Castro que daba inicio al Rexurdimento. El gallego recuperaba su esplendor como lengua escrita después de siglos de apagón editorial, en los que permaneció vivo gracias al hablar de la gente. Rosalía de Castro fue la primera homenajeada. La celebración se ha mantenido año a año, ganando peso con la democracia. Desde 1991 es día festivo, un espaldarazo institucional que consagró su importancia social. La nómina de homenajeados es variada. Hombres y mujeres. Autores del siglo XIII al XXI. De poetas medievales como Martín Códax, Xohán de Cangas o Mendinho a contemporáneos como Lois Pereiro o Xela Arias, pasando por los grandes nombres del Rexurdimento o de la Xeración Nós.
Las mujeres han ganado protagonismo en las últimas décadas. Aunque la fiesta comenzó con Rosalía hubo que esperar a 1987 y 2007 para que llegaran Francisca Herrera y María Mariño. El año pasado resultó emocionante el homenaje a las cantareiras. Con ellas se premiaba la labor de las mujeres rurales en la conservación de la lengua a través de la transmisión oral de nanas, canciones de trabajo o de fiesta. Porque la literatura no sólo vive en los libros y la oralidad, también es creación literaria.
2026 es el año de Begoña Caamaño, periodista y novelista fallecida en 2014. Se festejan sus novelas, revisiones modernas de mitos clásicos que rompen estereotipos. Pero sobre todo se celebra una manera de hacer periodismo que merece la pena reivindicar hoy en día. Un periodismo de calle, consciente de su función social y comprometido con ella y con la veracidad.
Frente a matonismos y tristes espectáculos en los que todo vale, reivindiquemos el periodismo. Como diría Begoña Caamaño: “É o tempo do feminismo: da xustiza, da igualdade, da liberdade, da dignidade e, por que non?, da felicidade”.


