pancarta sol scaled

Ana Noguera: Los peligrosos “amigos” de la derecha

 

La burla al sistema democrático, el deterioro intencionado de la política, matar al mensajero que ejerce de periodista responsable, la normalización del insulto, el acoso a los políticos, o, como dice Rafael Simancas, “el matonismo”, se está extrapolando a la sociedad, convirtiendo las relaciones sociales y políticas en un lamentable barrizal.

La derecha española, tanto Vox como Partido Popular, ya no son solamente responsables de sus propios hechos y dichos, sino también de lo que sus “amigos” están llevando a cabo, bien porque están pagados por estos partidos, bien porque tienen sus propios acuerdos. Sabíamos que Vox utilizaba cualquier medio y a cualquier impresentable, pero lo peligroso es que lo haga el PP.

Hay tres personajes que deberían estar fuera de los focos mediáticos, incluso relegados de cualquier actividad profesional que suponga emitir mensajes públicos de odio, de mentiras, de bulos, de insultos. Y, en cambio, estos tres “señoros” se han convertido en voceros del PP y de Vox, haciendo el papel sucísimo para provocar que se hable de ellos, aunque sea mal, y que así la derecha política pueda seguir haciendo declaraciones políticas basadas en mentiras y chanchullos.

Víctor de AldamaVitor Quiles y Bertrand Ndongo se han convertido en basura mediática. Vito Quiles se burla de todos nosotros a carcajadas, con descaro, haciéndose el gracioso y agitando a los jóvenes cuando va a las universidades para ridiculizar la política. Muchos jóvenes no ven en él un líder, sino un payaso divertido. Pero a él eso no le importa si, mientras, cobra su sueldo por ello. Hay muchas formas de hacer espectáculo, también formas deplorables, como la de Vito Quiles.

Pero no solamente supone un ataque a la política, sino también al periodismo serio y responsable. Imagino qué pueden sentir los periodistas curtidos en batallas, los jóvenes que creen firmemente en la importancia de la palabra, los que defienden los valores del periodismo como pilar fundamental de la democracia, los que se toman en serio su trabajo y pretenden hacerlo bien, al ver a este tipo haciendo un permanente show de una profesión tan esencial.

Y el PP le da cuartel, despacho y sueldo.

A este personaje aparece otro en escena, Bertrand Ndongo, al que no le importa insultar públicamente a una diputada, llamar “putilla” a una periodista, decir esa frase pulida y fina de “a mamarla” (uff, me cuesta hasta escribirla) y que el PP y Vox consideran un periodista, cuando realmente es un agitador ultra que también recibe su sueldo por crear tensiones. Absolutamente penoso.

Ahora bien, lo que está rompiendo los esquemas de neutralidad, poniendo entre las cuerdas a la justicia, y creando una burbuja de estiércol es el llamado “juicio de las mascarillas”, que se ha convertido en un programa parecido a esos donde desvelan las vidas, intimidades y escándalos sexuales de los concursantes, porque lo cierto es que de contratos de mascarillas se está hablando bien poco.

Que el PP pida rebaja de condena, incluso para que no entre en prisión, para Víctor de Aldama es una verdadera vergüenza. Lleva 18 meses con una supuesta colaboración, donde no ha aportado ningún dato fiable, salvo repartir estiércol para que se siga hablando de la “corrupción” de Pedro Sánchez y todo su Gobierno, sin que nada esté garantizado ni probado. Porque de lo que se trata es de denunciar y atacar al Gobierno aunque sea falso, porque seguro que genera dudas y sospechas, y siempre se pensará que “bueno, algo habrá”.

Por presuntamente colaborar con la justicia, algo que ponen en cuestión hasta los propios investigadores (que dicen que no ha aportado nada nuevo al caso), ya tuvo una sustancial rebaja de años de condena. Pero parece que al PP le sabe poco, o quizás eso es lo que sigue alimentando a un Víctor de Aldama que, pese a estar comprobado que se llevó 5,5 millones de euros, que todavía tiene pendiente el caso más grave de hidrocarburos (que parece que está silenciado), y que goza de libertad con vacacionesviajes, una vida de lujo, y un abogado carísimo a su disposición, pese a tener las cuentas bloqueadas, es el “protegido” de Alberto Núñez Feijóo.

¿De verdad esa es la forma de hacer que piensa llevar adelante el PP? Parece que sí.

Y no solamente da miedo que esta sea la oposición que ejerce la derecha política, en vez de intentar recomponer la convivencia democrática, sino que también lo aplicará cuando gobierne. ¿Acaso no estamos viendo lo que supuso el caso Kitchen? Un juez espiado que sospecha tener micrófonos en su despacho; el inspector jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía Nacional, Manuel Morocho, que denuncia presiones del PP, que lo dejan solo sin personal ni medios, que boicotean su trabajo, que lo siguen…; un atraco en la casa de Luis Bárcenas; la destrucción de discos duros y de pruebas; el uso de fondos reservados para espiar al tesorero del PP; y un ministro, Jorge Fernández Díaz, que utiliza a la policía sin autorización judicial contra sus “adversarios políticos” y contra sus propios amigos de partido para desmontar el caso más grande de corrupción de la historia de España.

Y un Mariano Rajoy que no conoce, no recuerda, no sabe quién es quién.

No hay película de espías que pudiera retratar tanta miseria política, tanta maldad, y tanta utilización de los medios públicos para proteger a un partido condenado por corrupción.

¿Es todo esto lo que nos espera de nuevo si gobierna el PP en España?

 

Tradución »