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Gloria Cuenca: Expectativas y frustración

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No resulta fácil poner orden en las emociones en estos complejos momentos; tampoco los pensamientos. Escribir es la manera como me sereno; logro la paz, cuando rezo. Dicho en diversas oportunidades, son demasiados e intensos los sentimientos que surgen. Desde la rabia profunda por la situación que enfrentamos, hace casi 3 décadas, pasando por el dolor de las pérdidas, el miedo al entorno, y, luego al mismo tiempo, sentir alegría por los logros de los hijos y nietos. Todo esto con mi amor por los míos, el país, y mis connacionales. Diría aquel amigo: “No es fácil”. Para nada. Como siempre, un reto superar todas las contradicciones sentidas al reflexionar; decidir por necesidad tranquilizarme, para escribir. Al analizar, con pretensión de serenidad, la gran cantidad de información circulante, me entero de cuanto disparate ocurre en nuestro país; especialmente, entre quienes, todavía creen que mandan y  siguen haciendo toda clase de agresiones y maltratos contra nuestro pueblo.

Quiero decir, y seguro, me van a perdonar la inmodestia: nosotros los venezolanos aquí en Venezuela, hemos estado a la altura, desafiando, protestando, en contra de lo que nos ha pasado, durante esta locura maléfica, a la que sobrevivimos hace 28 años. Por otra parte, también los venezolanos en el exterior, han estado a la altura de las circunstancias. Excepción hecha, la de los enviados al exterior, especialmente a los Estados Unidos, por seguidores del régimen, escogidos entre los peores malandros, pagados para hacer mal, ¡A Dios Gracias ya identificados! Los venezolanos, lo repito con satisfacción y orgullo, han estado a la altura de las exigencias que se presentaron, una vez que salieron del país. La gran mayoría, ha logrado el éxito, al dar lo mejor de sí, en su nuevo destino. De inmediato, lo reconocen. La gente con criterio sabe en buena medida, a qué me refiero; quiénes han tratado con la llamada “Diáspora” conocen con propiedad la existencia de la mayoría de exiliados serios, respetuosos de la ley, trabajadores y comprometidos con su situación de extranjeros, al servicio de ese país que los ha acogido. No obstante, hay de todo “en la viña del señor”, seguro la mayoría son gente de bien. Aparece, entre los compatriotas afuera, un sector con malas costumbres de todo tipo. Los identifican muy rápido como venezolanos: “venecos” los llaman, con desprecio. Ese grupo de infames, delincuentes en realidad, “adquiere protagonismo” y se destacan por las maldades y delitos, que cometen. Además, los millonarios surgidos del robo, el narco tráfico y las marramucias realizadas por vías no legales. A veces sí, otras no, como la canción, les ha quedado la maña y realizan acciones que los ponen en evidencia: definitivamente no son trio limpio. Tampoco los quieren, a pesar del mucho “billete” que exhiben.

Los éxitos, los premios, las postulaciones a los mismos y logros alcanzados son mucho mayores que las perversiones de quienes no tienen patria, sino dinero mal habido como único y exclusivo patrimonio  fundamental.

Estos entes, no son personas, acomplejados y frustrados, irremediablemente; están llenos de resentimiento y rencor, pretenden superar su tragedia íntima con dinero y poder, (no importa que haya sido adquirido por vías incorrectas. Creen que el dinero compra y borra todo, también. Vana ilusión) Estos pobres de alma, aun cuando con los bolsillos llenos de plata, no han logrado entender que “el hábito no hace al monje”. Llenos de dólares, pero con su mundo interior vacío.

Por otra parte, pareciera que ellos no son viejos, ni van a llegar a serlo nunca,(¿¡) se ensañaron contra nosotros los ancianos de la tercera y cuarta edad.  No ha resultado fácil para nosotros, eufemísticamente, llamados de la “tercera y cuarta edad”, o, los adultos mayores, (otro eufemismo, ancianos) enfrentar los horrores del “socialismo del siglo XXI”, es decir, el comunismo. Ensañados con furia y rencor, en contra de nosotros, los viejos. Los ancianos sin hijos, o con hijos que no se interesan en ellos, son una especie de “sobrevivientes de una terrible hambruna y soledad”, una guerra es lo más parecido,  sin duda. En mi opinión, somos, los ancianos, el sector más despreciado por los comunistas. ¿Será que les recordamos la proximidad de la muerte? Llenos de frustraciones, quieren transformarnos en amargados. Lo consiguen en buena medida, al hambrear, humillar y pretender someternos con su ideología caduca, anacrónica y fracasada a sus designios. Se nota que quieren venganza, y lo hacen con los ancianos, “cómo si” nosotros, fuéramos los responsables de sus desgracias: abandono, falta de identidad, miseria, enfermedades no tratadas y lo peor, su frustración por no saber, por no haber estudiado. ¿Quién tiene la responsabilidad por esa ignorancia? Ellos mismos, por flojos, nunca dispuestos a estudiar, con ansias de poder y de dinero, sin cumplir las normas necesarias de una sociedad democrática, para el logro de los objetivos vitales: formarse, prepararse, estudiar, trabajar, concretar la vida como debe ser. ¿Es pedirle mucho, a esos personajes? Otros, sin duda, más estudiosos y con mayor formación resultaron peores. ¡Ah! del humano, tan complejo y difícil de aceptar en estas circunstancias. No queda sino pedir a Nuestro Señor que nos ayude a amar y perdonar, para servir. Aspiramos a seguir la norma del Bienamado San Ignacio de Loyola: “En todo amar y servir”. ¡Dios nos de fuerzas en estos momentos complejos para seguir adelante! En medio de expectativas e incertidumbre.   Las frustraciones las viven, ustedes saben quiénes.

¡Dios los bendiga!

 

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