pancarta sol scaled

Sergio Monsalve: Cacería de memes

 

En Boda Sangrienta 2, la novia de la película tarantinesca original vuelve con su hermana menor, para enfrentar a los propietarios ocultos del juego, una especie de culto de privilegiados de todo el mundo, como una caricatura de la sesión de cacería de Succession.

Desde entonces, no hay mayor profundidad en un guion demasiado woke era, cuyo tratamiento y desarrollo parece haberse estancando en una fase de revisionismo progresista de los géneros en Hollywood, ahora remozado por el imperativo de enviar mensajes obvios contra el estamento de la alt right.

Por tanto, seguimos topando con el devenir de un terror femenino, de finals girls clásicas y de scream queens todo terreno con cara de influencer, tan solo regenerado en la superficie por la urgencia de temas, en lugar de proponer cuestiones más sugerentes en la estética.

En efecto, parte de lo propuesto por la segunda, ya fue mejor narrado con imágenes por la primera.

Si acaso, la secuela será recordada por los fanáticos, por el cameo extrañísimo y pagado de sí mismo de un David Cronenberg menos intenso de lo que cuestiona su examigo, John Carpenter, a quien le aburre la solemnidad y el aire de artista que hoy se da su colega, al ser invitado como autor a Cannes.

Decir que algo se rompió con nuestro amado Cronenberg, quizás después de Crash, conforme el olimpo se rindió a sus pies, elevándolo a un altar de venerable intocable.

Es un tema para tocar en una nota posterior, pero está claro que el Cronenberg del 2026 suscita menos interés que el del 96 y que el de 1986 en La Mosca.

Lo cierto es que el cineasta de Canadá hace el papel del papá de la secta satánica, que controla al planeta desde las sombras, como una versión de tebeo de las teorías conspirativas del estado profundo.

De manera que así los foros de Reddit son la corriente normal, conquistaron el mainstream y resultan inofensivos incluso en la comparación con la publicación de los 3 millones de archivos del caso Epstein.

Luego de ver Boda Sangrienta 2, tengo la sospecha de testear un producto comercial, hecho a la medida de semejante contexto, que queda superado por el entorno y la época que busca radiografiar.

Por consiguiente, la cinta asume un tono de trámite cínico que se consume como la última temporada de Squid Game, amén de una batalla real entre las dos presas y sus ricos bobos que los acechan, con poco seso y carisma, en una suerte de lectura marxista de tira cómica.

Un cuento de la crisis que la industria ha rentabilizado, paradójicamente, desde su fundación, pues se trata de un pilar demagógico, uno que siempre ha querido convencer a la clase trabajadora, a los proletarios precarios, que pueden vencer a sus jefes tóxicos a voluntad, porque son una cuerdita de hijos de papá, buenos para nada.

El problema es que la fórmula no ha cambiado en un siglo de cine de género, de modo que el espectador la huele y predice en el primer acto, declarando el agotamiento creativo de los guiones en la actualidad.

Lo mejor de Boda Sangrienta 2 sigue siendo el casting de la protagonista, el acierto de algunas set pieces, y el desenlace que no se toma en serio a sí mismo, exponiendo que el bucle se repetirá por la fuerza de la ironía, tras la falsa sensación de victoria y caída de los villanos.

Lo peor es que la franquicia se perciba como uno de tantos productos que forzadamente quieren convertirse en propiedades intelectuales, para transformarse en memes de usar y tirar.

Ojalá la tercera invierta más en su equipo de redacción sin cabalgar en unas tendencias que pasaron de moda.

 

Tradución »