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Jesús Rondón Nucete: La audacia de Donald Trump

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Desde antiguo la audacia de los protagonistas de hechos sociales diversos (especialmente políticos y económicos) ha sido factor determinante en la consecución de los objetivos que se proponían. “Audaces fortuna iuvat” (la fortuna ayuda a los audaces) sentenció Virgilio (Eneida, Libro X, verso 284), hace 2.000 años. Lo había escrito 500 años atrás Simónides de Ceos. Lo creían los héroes de los tiempos arcaicos (como el sumerio Gilgamesh); y, sin duda, quienes iniciaron las migraciones humanas. La historia es, en buena medida, resultado de la osadía de algunos. Lo sabe Donald Trump, a quien anima en decisiones fundamentales de gobierno.

Juan Diego Avendaño

Caricatura de Juan Diego Avendaño.

Los promotores radicales de la Revolución francesa (jacobinos) fundaron su acción en la audacia; y mandaron practicarla. Pensaban que era condición para el triunfo, a veces única. Marat repetía: “Para triunfar solo se necesitan tres cosas: audacia, audacia y más audacia». En todo caso indispensable. Danton arengaba con tales palabras al pueblo de París:  «Il nous faut de l’audace, et encore de l’audace, et toujours de l’audace». La fórmula, inscrita en el monumento que le está dedicado en la plaza del Odéon (Saint Germán de Près), llama ahora al atrevimiento social y cultural, cuyos representantes suelen reunirse en lugares cercanos. Hasta aquel acontecimiento trascendente se había recomendado (al menos en la vida política) la prudencia, entendida según Erasmo como “la búsqueda, a base de reflexión, del justo valor de las cosas”. Pero, desde el Renacimiento – cuando el centro de atención se fijó en el hombre – se había ido abandonando tal actitud.

Los dos siglos anteriores fueron de exaltación de la audacia, que en algunos casos solo era expresión de estados de espíritu. Las protestas por los impuestos en las colonias (Boston, 1773), derivaron en la creación del primer Estado moderno. Una campaña de concepción muy audaz permitió a Simón Bolívar dar asiento y reconocimiento definitivo a Colombia (1819). En el arte aparecieron nuevas propuestas (impresionismo, abstracción) y la vanguardia de ruptura, mientras los descubrimientos científicos se multiplicaron. El hombre aprendió a volar y también a destruir en masa (1945: Hiroshima y Nagasaki). Incluso, en gesto de desafío llegó a la luna (1969). La audacia invadió la vida política. Alucinados pretendieron conquistar el mundo (Hitler) o liberar al hombre (Lenin) para esclavizarlo a un sistema. Más pacíficos, los jóvenes de la postguerra proclamaron el fin de las prohibiciones y lograron la liberación de las costumbres, como las mujeres el reconocimiento de sus derechos.

En realidad, desde antiguo se reconoció el valor de la audacia en los hechos políticos y económicos. Aristóteles enseñaba que es “el término medio entre el miedo y la temeridad”. No se opone a la prudencia; y frena la temeridad señalaba. Mientras que San Agustín, la tenía como un vicio, aunque “esplendido”. Maquiavelo la consideraba necesaria para enfrentar ciertas situaciones, como la de Italia en su tiempo. Por eso admiraba a Julio II que luchaba con fuerza contra la desesperanza. Con audacia se forjó el mundo moderno. Lentamente se impuso la libertad de pensar y actuar, que permitió superar las estrictas regulaciones existentes en todos los aspectos de la vida humana: religión, ciencia, producción, relaciones sociales. Las revoluciones liberales iniciaron los cambios (primero económicos y después políticos); más tarde, se inició la búsqueda del bienestar social. Tras “ensayos y errores” se pretende ahora proporcionar a todos mejores condiciones de vida.

No existe un manual sobre el manejo de la audacia. Por su propia naturaleza, no es posible someterla a normas, como no sean las que impone el derecho natural. Es una conducta – y para muchos una virtud – que permite superar retos, vencer dificultades. Aunque según Shakespeare “la necesidad fue siempre madre de la audacia”, responde a veces a una urgencia, esperanza o ambición.  Con frecuencia se apoya en la astucia (“habilidad para engañar o evitar el engaño o lograr artificiosamente cualquier fin”, según el Diccionario de la Lengua Española). Como bien lo saben los agentes de los servicios secretos, requiere siempre de un análisis previo de la situación real, así como de capacidad para responder ante los imprevistos (innovación). De manera que no se confunde con la temeridad. Madison recomendaba a sus compatriotas “abrirse a todos los argumentos”; y Lenin pedía “paciencia y más paciencia” o urgía a “la audacia y más audacia”, según las circunstancias.

Donald Trump figura (como A. Jackson, T. Roosevelt y R. Nixon) entre los gobernantes más audaces de Estados Unidos; y de este tiempo en el mundo. Proviene del sector económico: es un inversor y, por tanto, un apostador (¡que juega con las cartas marcadas!). En verdad deja poco espacio al azar. Conoce bien la máxima de Aristóteles: “El que se excede en la audacia es temerario, y el que se excede en el temor, es un cobarde”. Sabe retroceder y también esperar el momento oportuno; pero tomada una decisión, aceptada o criticada, actúa con rapidez y decisión. No lo detienen obstáculos. Sólo un político ambicioso, muy audaz, en sus condiciones (derrotado al intentar la reelección, con bajos índices de popularidad, indiciado en varias causas y condenado en juicio penal) podía pretender una nueva postulación. La obtuvo; luego, como preveía, los problemas de la candidatura demócrata hicieron posible su segunda oportunidad.

La audacia de Donald Trump no es explosiva. No es la del elefante en una cristalería. Tampoco la mueve una “iluminación” repentina. Se acompaña de una reflexión a veces compartida. Y la acción resultante es preparada y cumplida conforme a un diseño establecido (hasta los detalles). No es audacia desatada, como algunos pueden creer; más bien controlada. Lo muestra bien la campaña que hizo realidad su aspiración a la presidencia de Estados Unidos. Y también la ejecución de la operación “Resolución absoluta” que culminó con la captura y “extracción” del dictador venezolano y su esposa.  Se conformó un marco legal (en base a un proceso judicial iniciado años atrás), se elaboró un plan para una intervención militar que se encomendó a una fuerza especializada; después, luego de acuerdos con la cúpula del régimen tras fracasar las negociaciones con el afectado, se puso en práctica lo programado ¡Administra bien la audacia!

Contrasta la audacia de D. Trump con el cálculo y cautela en el proyecto de Xi Jinping, el líder de la potencia que reta el poder de Estados Unidos en el futuro. Conviene advertir que no parece ser la audacia característica de la vida política de China. Por eso, tal vez, ninguna de sus antiguas narraciones alcanza la intensidad de las epopeyas grecolatinas y del hinduismo o de los relatos mesoamericanos. Sucede lo mismo con las del primer Imperio o las sucesivas dinastías del “Reino Medio” o “Central”. Ocurrieron desde los orígenes hechos que pudieron ser tema de grandes composiciones literarias; pero, interesaba más insistir en la rectitud, en la organización y la disciplina, en el trabajo y la dedicación, en la devoción a los antepasados que se tienen como valores superiores. La audacia es, en general, conducta o virtud individual. La asume o se la atribuye al héroe para distinguirlo.

No es esa la actitud de Vladimir Putin, que aspira a ser el nuevo zar de “todas las Rusias”, es decir, de los pueblos que alguna vez estuvieron bajo el dominio de Moscú. Su modelo es el del autócrata, de poder personal ilimitado, como los basileus bizantinos, los zares moscovitas o los secretarios generales comunistas. Putin, no toma decisiones audaces, sino definitivas que deben cumplirse, de buen o mal grado, cualquiera sea su costo: se aceptan o se imponen por la fuerza (gracias a los recursos humanos y materiales casi inagotables de Rusia). Sin embargo, no es ajeno aquel país a los gestos de audacia; y tampoco faltan los héroes de epopeya. Surgieron especialmente durante las invasiones de los mongoles (siglo XIII) y las más recientes de las tropas de Napoleón (1812) y del Tercer Reich (1941-1944). Figuran encarnados en seres comunes en páginas de L. Tolstoi y B. Pasternak.

La audacia ha estado en el origen de algunos grandes acontecimientos desde los comienzos de la historia humana. Se piensa, generalmente, que es propia de pueblos primitivos o de épocas anteriores al racionalismo. No ha sido así. Movió, entre muchos, a Alejandro, a Genghis Khan y también a Cristóbal Colón. En nuestro tiempo, que creemos dominado por la ciencia, decisiones políticas de gran impacto son resultado de la audacia de algunos gobernantes y no del análisis sereno y reflexivo de gabinetes de asesores. Se pueden observar en países llamados de “alto desarrollo”, como en los que sufren ignorancia y pobreza.

X: @JesusRondonN

 

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