Los adolescentes y jóvenes de nuestros días hacen uso de las redes sociales como espacios de comunicación y socialización, en los que mantienen contactos al “microsegundo” con sus familiares, grupos de pares y desconocidos (“ágoras universales”). También las emplean con fines de ocio y entretenimiento (TikTok, Reels, YouTube), para seguir a influencers o participar en transmisiones en directo, además de para obtener informaciones o con fines educativos.
Según la Encuesta de salud de España 2023, el 12% de los menores de 4 años dedican más de dos horas al día al uso de dispositivos inteligentes: el 30% entre los de 5 a 9 años y el 50% entre los de 10 a 14. Entre los efectos negativos de tal hábito consignar el aumento, en los últimos años, de los cuadros de hiperactividad y de salud mental en tan cortas edades (mayor ansiedad, depresión, conductas autolesivas, déficit de atención, adicción, trastornos del sueño y conductuales)[1].
Internet se han convertido en un espacio constructor/deconstructor de identidades, en donde se muestran “al desnudo” estilos de vida, valores, opiniones, gustos, preferencias sobre temas diversos, cuestiones del día a día o de mayor profundidad. Las plataformas existentes en tan particular singularidad, potencialmente a la par que facilitan la expresión personal, refuerzan/debilitan el sentido de pertenencia (a través de los “likes”) y son medios para el aprendizaje y la creatividad…
Además, están llevando a muchos a hacerse dependientes de sus usos y aplicaciones. Basta para ello hacer un trayecto en cualquier medio de transporte para comprobar que la mayoría de los viajeros, lejos de observar y complacer con sus miradas a los que allí concurren, delatan una “sumisión” respecto a sus pequeños teléfonos inteligentes, al tiempo que cada vez se delatan más casos de ciberacoso, de exposición a contenidos inadecuados, a situaciones de pérdida de privacidad, de cuadros de baja autoestima, cuando no problemas psicológicos o mentales. En este sentido, es obligado mejorar la formación en seguridad y privacidad en línea, que las grandes multinacionales del sector actúen con rapidez ante situaciones perniciosas, eliminar los contenidos ofensivos con celeridad y, en general, avanzar hacia una mayor concienciación sobre lo que se sube a estas “ágoras virtuales” y se sigue en las redes…
Uno de los riesgos más significativos se concreta en los impactos que tiene sobre las relaciones de género y las conductas sexuales. Así las cosas, la pornografía que circula por Internet está coligada a una erotización de la violencia en un espacio de legitimación de las desigualdades de género (que ha favorecido una involución entre los más jóvenes de los roles de género). Se calcula que la industria de la pornografía genera anualmente unos beneficios en torno a 60.000 millones de euros por parte de los 250 millones de consumidores en todo el mundo.
La investigación Generación Expuesta: Jóvenes frente a la violencia sexual digital[2], pone de relieve que el 60,6% de los jóvenes encuestados en este trabajo había vivido en primera persona algún tipo de violencia sexual digital (en mayor medida la recepción de contenidos sexuales no consentidos y el acoso por el aspecto físico). Las mujeres son más vulnerables que los varones y las consecuencias son más nocivas: aislamiento social o reducción de actividades fuera de casa (29,4%), abandono o uso limitado de las tecnologías (20,7%), autolesiones o pensamientos suicidas (19,4%), cuadros de ansiedad (33%). Involucrando su bienestar emocional (4 de cada 10 mujeres sienten vergüenza tras vivir estas agresiones) hasta el punto de sentir miedo (29,9%) o deterioros de su autoestima (26,9%).
En declaraciones de Beatriz Martín Padura, directora general de Fad Juventud, uno de los artífices de este estudio: “El universo digital, aunque ofrece grandes oportunidades de conexión, también puede convertirse en escenario donde se perpetúan conductas abusivas de mayor o menor gravedad, desde el envío no consentido de contenido sexual explícito hasta la coacción para compartir imágenes íntimas, entre otros… Es esencial que se promueva una ciudadanía digital responsable y respetuosa, donde la privacidad y el consentimiento sean pilares innegociables tanto de las relaciones en línea, como de cualquier otro tipo de relación”.
Respecto a las prácticas sexuales de riesgo los datos no dejan lugar a dudas. La infección gonocócica, en nuestro país, presenta una tendencia al alza (si en 2022 la tasa por 100.000 era de 49 casos, en 2023 ascendió a 70). Por otro lado, según una prospección del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses relativa al año 2021, en el la que se realizaron análisis toxicológicos a 950 víctimas de presuntos delitos sexuales con indicios de utilización de sustancias psicoactivas, se constató que el perfil de las victimas era el siguiente: el 93,4% fueron mujeres (887 casos) y el 6,6% varones (63 casos); el 23,5% menores de edad (224 casos) y el 56,4% jóvenes menores de 35 años (536 casos). Es como podemos confirmar una problemática de mujeres, jóvenes y menores.
Recordemos varios casos extremos de contenidos incalificables que se ofrecen en estas plataformas: 1ª. En enero pasado nos despertamos con una noticia aterradora, la muerte en directo de un “streamer” español tomando drogas y alcohol, bajo la atenta mirada de unos seguidores (mayoritariamente entre los 25 y 30 años) que pagaban entre 30 y 100 euros por ver tan macabra escena. 2” En Francia, en agosto pasado Raphaël Graven falleció en una sesión en vivo en la que le infringieron abusos y violencia física. Denotándose la ritualización de estas prácticas psicópatas, que son difíciles de controlar y erradicar.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció hace varias semanas, siguiendo el ejemplo de otros países como Australia, que quedará prohibido el acceso a las redes sociales a menores de 16 años (al tiempo que es obligado se diligencie un control parental más eficiente), ha anunciado su intención de que se acometan medidas que permitan una “vigilancia” de las plataformas digitales y que sus directivos asuman, en su caso, responsabilidades sobre los usos que se de en las mismas.
Reivindicamos de nuevo a la poesía frente a la prosa y su capacidad para elevarnos y proveernos de la sensibilidad para hacer del mundo belleza y armonía frente a la oscuridad de los que ostentan el poder más desencarnado y se creen dueños de vidas e ilusiones, haciendo suyas las palabras de Quevedo:
Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo.
Qué pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero…
[1] Véase, Encuesta de Salud de España – ESdE 2023.
[2] Véase, Generación expuesta: jóvenes frente a la violencia sexual digital.

