Inicio del siglo XXI
Lee con atención lo que escribiré: el inicio del siglo XXI en Venezuela se completó en el encuentro entre la premio Nobel de la Paz, María Corina Machado y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Repito: Venezuela entró en el siglo XXI el día que Machado le entregó a Trump el medallón del Nobel de la Paz. Dentro de cincuenta años se reconocerá ese hecho, no antes. Solo personas que son capaces de extraerse de este tiempo y entender el tiempo, las eras, la historia, lo entenderán. Evento a un tiempo simbólico e inmortal.
Hay reuniones que son protocolares y hay las que son telúricas, que cimbran las bases de la civilización y la de Machado-Trump fue una de ellas. Ahí nació la Venezuela que seremos.
No fue una foto: fue un umbral. No fue un gesto político: fue un encuentro de época.
Fin del coma socialista
A raíz de esa larga conversación en la Casa Blanca, Venezuela como nación despertó de un coma histórico en el cual estuvo sumida, por la degradante convalecencia ideológica causada por la peste del siglo XXI: el socialismo chavista, que confundió justicia con tortura, igualdad con barbarie y democracia con narcotiranía. El encuentro entre los representantes del pueblo venezolano y el estadounidense, de Bolívar y Washington, rompió los relojes de la catástrofe dictatorial y ensambló finamente el reloj de la Política (en mayúsculas).
Cuando la premio Nobel estrecha la mano del presidente norteamericano, después de la captura del tirano Nicolás Maduro, integra a Venezuela en el concierto de las naciones y la renace.
El socialismo chavista, degradado, cede, no tiene opción, quiere sobrevivir en su penosa claudicación y fatal traición de sí mismo.
Un gran espíritu en el tiempo
La mantuanidad venezolana, reconocida y celebrada a lo largo de la historia no solo de Venezuela, sino de la humanidad, y celebrada por la ilustración, valentía y entrega del más brillante mantuano de todas las épocas, Simón Bolívar, no solo liberó a Las Américas (Sucre, Urdaneta, Ribas), sembró las bases morales y sociales de sus repúblicas. María Corina Machado es descendiente de esa brillante estirpe, de esa aristocracia de pensamiento y carácter, no por su sangre, por su conducta, su claridad, su temple: su dignidad sin aspavientos.
Por eso, la entrega de la medalla del Nobel a Trump fue un acto de simbolismo profundo, una fundación de grandeza política entre iguales como Lafayette con Bolívar, como Betancourt con Kennedy.
Imperceptible para roedores del instante, la sutileza del desapego solo es capaz de interpretarla un gran espíritu en el tiempo: tú.
De la peste a la sanación
Fue Manuel Caballero quien me razonó que Venezuela entró tarde en el siglo XX con la muerte de Gómez, se “bajó del caballo”, dejó la montonera como sistema y al caudillo como destino y se incrustó al espíritu de la república y su creación de instituciones. No fue un cambio cronológico, fue estructural. Cien años después también entramos tarde al siglo, salimos de una cínica peste ideológica, de una enfermedad moral que inmovilizó al país e iniciamos con un Nobel de la Paz el tránsito hacia la dignidad y la democracia. Sanamos.
Durante años debimos casi que justificarnos, hasta disculparnos, por querer ser libres, en “el encuentro del siglo” eso cambió para siempre, Venezuela no solo fue atendida, fue comprendida.
La violencia chavista, el poder sin límite, la corrupción sin proyecto y la crueldad sin escrúpulo fue defenestrada.
De la revolución a la reforma
Fue Freddy Guevara quien me lo develó, con la estrategia de Trump para Venezuela, dejamos atrás la “revolución” liberadora y entramos en un proyecto en clave “reforma” reivindicadora (los adjetivos son míos). Desafío complejo para los que hemos sido activistas de la libertad porque habremos de transitar este fango político con un pañuelo en la nariz. No habrá guillotina para los verdugos, habrá justicia transicional y salida. No se trata de “vencer” al chavismo, sino de desaprender su crueldad.
Poner al venezolano por delante de la ideología, la vida por delante del relato, la decencia y la paciencia por delante de la revancha. No será fácil, pero será lo mejor. Menos sangre, más grandeza.
Hemos resistido a la lepra chavista, este esfuerzo reformista será otro desafío monumental. Lo lograremos.
En el encuentro del siglo, Venezuela recuperó virtud y honor.

