En una búsqueda de comprender la gracia que trae consigo este año, me di a la tarea de rumiar en los versos de un capítulo que a priori no significó ni generó ruido alguno. Se trata de Éxodo 22:6-8 que dice: “Si se prende fuego en pasto seco, y el fuego se propaga y quema algún trigal, o el trigo ya apilado, o algún campo sembrado, el que haya comenzado el fuego deberá reparar el daño”. Debo reconocer que tuve que leerlo unas tres veces desde que mis ojos fueron secuestrados, hasta que comprendí la riqueza que se me planteaba con un ejemplo de pérdida en el entorno rural.
Practiqué hacerle varias preguntas al verso como: ¿qué o quién representa ese pasto seco? y lo asocio a cualquier ambiente, grupo o persona carente de vitalidad que en medio de su ausencia de propósito invierten energía en aquello que gesta fuegos capaces de consumir todo lo suyo, y aun lo trabajado por otros a su alrededor, independientemente de la estación o nivel de avance que se tenga; ya que describe un campo en estación de siembra, o frutos cosechados y almacenados como trigal apilado. Este tipo de bienes requieren mucho trabajo, tiempo de espera y cuidado, pero pueden ser arrasados en un minuto por las llamas abrasadoras de cualquier fuego socarrón, indiscreto o pernicioso.
Meditaba en mis propios campos en flor y una que otra espiga de trigo que tengo apiladas en guarnición, las cuales no son milenarias pero tampoco se lograron en tres estaciones, de tal manera que el impulso curioso me hizo asomarme por los ventanales más cercanos unos prestados y otros arrebatados, solo para asegurarme y ver que ningún fuego crepite en zonas fronterizas, al tiempo que verifiqué las petunias pícaras que atestiguan el estado de mis sistemas de riego, las cuales sin duda evitarán fuegos en mis propios territorios.
Ante todo lo descrito comparto mis apreciaciones, por si resultasen enriquecedoras al descuido cual vitaminas solubles en agua, asimilables en la cantidad justa y necesaria, mientras el exceso puede fácilmente ser excretable. Aunque estuvieses rodeado de campo seco, o tus mismos territorios lo fuesen hay una esperanza al presentarse fuego, es que todo aquello que sea arruinado por el mismo deberá ser restituido de acuerdo con su valor, por lo cual, sea cual sea el caso no hay pérdidas reales lo que sí hay es restitución; bien sea porque te corresponda ofrecerla o recibirla.
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